Si hay una cosa a la que tenemos miedo los que practicamos triatlón de larga distancia, es a las famosas pájaras, a estar en el segmento de bici, en los kilómetros finales, y que nos quedemos sin fuerzas, que notamos que no tiramos. En el maratón, más de lo mismo. Así que hemos pensado que todo lo que sepamos sobre la pájara, bien nos vendrá para saber protegernos ante su cruel ataque.

En primer lugar, la pájara es una caída del nivel de glucosa en sangre. Vamos, la famosa hipoglucemia. Se produce en momentos de exceso de ejercicio físico o por la reducción de las reservas de glucosa en el organismo. O mejor dicho, por la reducción de las reservas de glucosa en puntos en concreto. Por ejemplo, en los brazos suelen permanecer casi intactas. En las piernas, mientras tanto, apenas hay y tiramos de las reservas del hígado hasta agotarlo por completo. Y lo malo es que el glucógeno no puede moverse de una parte del cuerpo a otra, así que si las piernas se quedan sin él, no darán más de sí.

Foto: Flickr // British Triathlon

Foto: Flickr // British Triathlon

Por tanto, la pájara no es otra cosa que un mecanismo de defensa. El organismo, que es bastante más inteligente que nosotros, por su propia supervivencia generará glucosa a partir de otros nutrientes disponibles y, sobre todo, protegiendo al cerebro, y siempre dando prioridad a las constantes vitales. De ahí que empecemos notando que las piernas no tiran, después que directamente nos quedamos sin fuerzas, posteriormente malestar general, que la vista se nos nubla… Finalmente, en los estados más críticos, el corazón también se ve afectado: la acumulación de ácido láctico en los músculos ralentiza la circulación y además hay un riego insuficiente fruto de una mala hidratación en sangre: estaremos pidiendo al corazón un esfuerzo máximo, así que el agotamiento será mucho mayor.

Así que la mejor manera de solucionar una pájara es, en cuanto se notan los primeros síntomas, pararse a comer, principalmente alimentos azucarados, tales como fruta o mermelada. El objetivo, recargar los depósitos de glucógeno lo antes posible. También es importante la fase previa a la carrera, en la que conviene ingerir hidratos de carbono complejos de asimilación lenta (cereales integrales) y, a lo largo de la prueba, ser constantes con la ingesta de fruta, barritas, geles, bebida isotónica cada media hora, aproximadamente.