Reconozco que desde que acabé el Ironman de Barcelona y me vine a vivir a Valladolid mis niveles de ansiedad han subido a cotas más altas que la caradura de un político. No es plan de ponerme en plan plañidera, pero entre el estrés del trabajo, el agobio de los entrenamientos, comer mal y a deshoras, voy atacado de los nervios. Lo que más me preocupa es cómo afecta al nivel tanto de mis competiciones -que están por venir- como de mi rendimiento entrenando. Quieras o no nuestro cuerpo tiene unos niveles de aguante y poco a poco se va mermando. Así que llega un momento en que tienes que decir lo de Ponle freno, a lo campaña de antena tres y tomar cartas en el asunto.

Lo primero es asumir que tienes ansiedad

Que cuesta darse cuenta, eh! A mí al menos. Piensas que es algo normal, que esas ganas locas de comerte un paquete de donuts cuando paras a echar gasolina son una respuesta lógica a la urgencia con que haces las cosas, que necesitas azúcar o alguna hostia similar, y no. No es así. Tu cuerpo está pidiéndote a gritos simplemente que le hagas caso, que cojas aire y descanses un poco.

Entrenando, los síntomas son sencillos. Aparte de un cansancio generalizado, que nos lleva a dormir mal por las noches y encontrarnos rendidos cuando llegan las tres de la tarde, el ritmo de pulsaciones tanto en reposo como en activo es más elevado de lo normal y, por naturaleza, hay una fatiga general que hace que nuestros tiempos empeoren sin razón aparente.

Aparte, se pueden notar taquicardias, opresión en el pecho, sensación de agobio, de vacío, y pensamientos distorsionados, más dudas de lo normal y confusión generalizada.

Infusiones

Hay muchas opciones de infusiones que pueden echar una mano reduciendo la ansiedad. Las tres básicas son la valeriana, la melisa y la tila, al alcance de cualquiera en herboristerías y grandes supermercados. Si coges la costumbre de sustituir el café (ya sea el matutino, el del almuerzo o el de después de comer) por una infusión de estas, estarás andando mucho camino.

Entrenando…

Venga, ya hemos asumido que tenemos ansiedad. Así que no nos agobiemos más entrando en un círculo vicioso. Lo más importante es asumir que no pasa nada. ¿Que corremos más despacio? No pasa anda. ¿Que nadamos más lentos? No pasa nada. Ya vendrán tiempos mejores. Ésto es un hobbie y así lo tenemos que tomar.

Tira de medicamentos (que los hay naturales y bien buenos)

Personalmente no creo que sea pecado. Si vas al médico de cabecera y le cuentas que tienes ansiedad, te recetará medicamentos a base de valeariana, bastante suaves. En determinadas ocasiones -o en función del médico- conozco gente a quienes les han recetado los mismos medicamentos que a la gente que quiere dejar de fumar. Es decir, en ningún momento hace falta de fármacos fuertes. Relax 🙂

Y si crees que no nada mejora, acude a profesionales

Hay mucho tabú con eso de ir a contarle tus cosas a un psicólogo, pero igual que cuando nos duele la cadera, o tenemos una fascitis o un edema óseo acudimos al traumatólogo o al masajista sin  titubear, ¿por qué no para un problema que nos está fastidiando los entrenamientos? Hay incluso, si no te quieres volver tarumba buscando, portales online de psicología como Siquia que pueden echarte una mano sin salir de casa.