En la piscina, e incluso cuando nadamos en aguas abiertas, podréis encontraros con gente que junta los dedos de la mano al nadar, buscando acumular el mayor agua posible en la fase de agarre, y otras personas que separan los dedos, con el fin último de mejorar la cadencia de braceo. Es más, os diremos: hace años, un par de décadas, era tradicional que los entrenadores dijesen que la mano cerrada, que nada de separar los dedos. Dada la confrontación de modelos, la pregunta es sencilla: ¿cuál de los dos métodos es más eficiente?

A priori no debería ser un dato que variase en demasía los ritmos de natación, pero cuando nos acercamos a «nuestro mejor rendimiento», modificaciones en nuestra técnica de este tipo, que no supone un volumen de entrenamientos excesivo para conseguirlas, quizás sí merecen la pena. Un estudio realizado por la Universidad de Tecnología de Eindhoven, Holanda, confirmó que abrir levemente los dedos reduce la resistencia del agua y facilita el flujo del líquido alrededor de la piel. Se estimó que la mejora en el coeficiente de resistencia era de entre el 2% y el 5% frente a una natación con los dedos juntos.

Está claro que en triatletas profesionales, o nadadores de élite, esos segundos de diferencia pueden ser vitales. Otro estudio, realizado en 2009 con modelos 3D y utilización de tunel del viento estimó que el mejor ángulo de apertura era de doce grados. Es obvio que traducir estos datos, tan específicos, a la piscina es complicado, así que lo más sencillo es pensar que, con los dedos separados, han de estar en la postura más natural posible: aquella en la que no sintamos que nos estamos forzando para aumentar o reducir la separación.

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