Ya hablábamos la semana pasada sobre cuál es el peso ideal de un triatleta, y sobre en qué volúmenes de grasa debería moverse. El siguiente planteamiento a hacerse es cómo controlarlo para poder realizar un análisis a lo largo de la temporada, y si vamos en buen camino, o no. Porque claro, no es lo mismo el peso que vamos a tener a principio de temporada, que cuando nos estamos acercando a nuestra prueba objetivo, a la cumbre. Y eso hay que controlarlo.

Quien más quien menos, tendrá una báscula en casa en la que cada cierto tiempo se pesa, se desespera, sonríe o se preocupa. Pues os aviso, ésto de pesarse es todo un mundo, porque hay que tratar que las condiciones en que lo hacemos sean lo más céteris páribus posible. Es decir, que no cambie ninguno de los factores, para que estemos comparando dos situaciones completamente iguales. Y eso asumo que es complicado. Así que lo mejor es hacer del pesaje una rutina y establecer unos momentos concretos a lo largo de la semana -o el mes- en el que llevar a cabo el análisis.

Si esa báscula que habéis comprado es encima de bioimpedancia, pues aún más.

Espera. Báscula de bioimpedancia, ¿qué carajos es eso? Pues es una báscula basada en el concepto de bioimpedancia eléctrica, un método de medición del peso basada en las propiedades eléctricas del cuerpo humano, en la composición de los tejidos que lo forman y en el contenido total de agua de nuestro cuerpo.

Una báscula de bioimpedancia no deja de ser un aparato que envía corriente desde un punto A a un punto B y que está conectado a nuestro cuerpo. El punto A (donde se sitúan dos electrodos) está conectado a través de nuestros brazos, que soportan una parte de la báscula (una barra), y el punto B (con otros dos electrodos) está en nuestros pies, encima de la base de la báscula. Como nuestros músculos, huesos y demás tejidos están formados principalmente de agua, la corriente pasa sin problemas a través de ellos. La grasa, en cambio, es un mal conductor, resistente al paso de la corriente.

De ahí que midiendo los tiempos que tarda la corriente en llegar de unos electrodos a otros, podamos saber el porcentaje de masa magra que tenemos. Partiendo de la premisa de que independientemente de nuestra constitución el contenido de agua de nuestros músculos es constante, podremos saber por una sencilla operación matemática cuál es nuestra masa grasa.

Pero como decía, para usar bien una báscula de bioimpedancia, hay que seguir una determinada rutina:

  1. Hidratación: No hay que beber grandes cantidades de agua antes del análisis.
  2. Ejercicio: No hay que hacer deporte al menos doce horas antes de la prueba analítica.
  3. Alcohol: No hay que beber alcohol al menos 24 horas antes de la prueba.
  4. Café: No hay que beber café cuatro horas antes del análisis.
  5. Comida: Es mejor realizar el pesaje dos o tres horas después de comer, y treinta minutos después de orinar.
  6. Hay que desprenderse de todo objeto metálico antes de realizar el pesaje, gafas incluidas.
  7. Medicación: Si se está tomando algún tipo de medicamento, puede afectar a los resultados.

Ya por último. ¿Es fiable una báscula de bioimpedancia? Pues sí, la verdad es que sí. Vale que la mejor forma de calcular nuestro porcentaje de grasa sería por pliegues, pero dudo mucho que la mayoría de los mortales estemos preparados para hacer este análisis. Y una báscula de bioimpedancia es un método aceptable y aproximado con un porcentaje de error -a efectos prácticos- muy limitado. Para el desembolso que supone invertir en una báscula de este tipo, desde aquí os lo digo: yo no me lo pensaba.