Siempre estamos hablando de cuerpo en nuestras entradas, por eso hoy toca un poco de mente, que no por intangible es menos importante a la hora de entrenar y sobre todo, de competir. Cualquiera que haya empezado a practicar deporte con regularidad habrá podido comprobar en primera persona hasta qué punto tu estado emocional y mental pueden condicionarte a la hora de entrenar. Cuando uno no está centrado en lo que hace, o tiene la mente dispersa en otros temas, realmente no prestas suficiente atención a lo que estás haciendo.

En el deporte lo que realmente marca la diferencia, especialmente en el deporte de élite es la mente. Cuando se enfrentan varios deportistas de similar nivel, en los que las diferencias de forma física, habilidad técnica o conocimientos tácticos son mínimas, es la mente, la fortaleza mental la que determina quien será el ganador.

Recuerdo mis principios en el mundo del running, cuando casi pasar de 20 minutos era un triunfo. Poco a poco el cuerpo va asimilando cada vez más sin sufrir lo más mínimo, incluso aumentando ritmos progresivamente. Pues bien, hace mucho tiempo, sin querer, descubrí un estado como de cuento de hadas en el que parece que el cuerpo flota, en el que te sientes volar sin cansarte lo más mínimo y en el que piensas que podrías estar eternamente abstraído del mundo, es como meter la sexta marcha del coche y mantenerlo siempre a las mismas revoluciones (pulsaciones en nuestro caso). Pensé, esto tiene que tener un nombre y seguro que mucha gente lo ha experimentado ya.

Dicho y hecho. Se llama según la psicología deportiva “Estado de Flow” o “Estado de flujo”. Quien llega a experimentar este estado de flujo, se siente poseído por un alto grado de concentración activa, absorción absoluta de lo que está presenciando o haciendo, superación del ego y llegada a un éxtasis que hace desaparecer los conflictos emocionales y el sentido del tiempo. No tienes conciencia de ti mismo, tan sólo existe la tarea que estás realizando, no importa nada más, ni preocupaciones externas, ni cansancio, ni dolor… toda tu pericia se pone al servicio de la acción y das lo mejor de ti mismo por lo que al acabar sientes una inmensa satisfacción interior. ¿Lo has experimentado alguna vez? ¿Te gustaría?

Ya sea que se le nombre como “estado de flujo”, “estar en la zona” o “estado de experiencia óptima”, todo apunta a lo mismo: una realidad tan placentera, poderosa y decisiva para el protagonista y para el observador de un deporte, que probablemente quisieran repetirla una y otra vez. ¿Cuál es la anatomía de ese instante que no nos queremos perder? La respuesta a esta pregunta se está logrando a través de una aproximación neurobiológica y psicológica a esas experiencias deportivas que secuestran emocionalmente a quienes las han vivido.

En mi experiencia, igual que viene ese momento, se va. Es decir, no es algo fácil de conseguir, pero cuando llega hay que saber disfrutarlo porque el cansancio y la fatiga suelen ser la consecuencia inmediata. También es cierto que es un estado al que se llega cuando se practican deportes de fondo, en los que se requieren horas de intensidad.

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Como ya habrás averiguado, entrar en el estado de flow no es fácil. Algunos estudios que he podido leer sugieren algunos consejos previos como posibles inductores:

1. Actitud mental optimista, confianza y alta motivación en ti mismo, sabiendo que nada va a impedir conseguir el objetivo que te has propuesto, por difícil que sea a priori.

2. Saber controlar la ansiedad y la relajación en los momentos precompetitivo y competitivo, buscar el disfrute en la prueba, más que la ansiedad de conseguir el objetivo. El objetivo normalmente suele venir solo, es la consecuencia de, por eso disfrutemos mientras lo conseguimos, que el trabajo ya está hecho meses antes.

3. Preparación física adecuada, sin ello nunca conseguiremos el estado de flow porque es algo que requiere mucho fondo y mucho entreno. Una pretemporada buena, cargada de kms y de asimilación de entrenamientos nos proporciona mucha seguridad y potencia.

4. Disponer de un centro de atención que facilite la concentración en lo que vas a hacer.

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Quizá hayas experimentado alguna vez este estado y no sepas que tiene un nombre. Si no lo has hecho, te animo a que intentes encontrarlo porque merece la pena disfrutarlo y compartilo con nosotros.