En ocasiones tenemos la sensación de golpear con demasiada fuerza el suelo en la carrera, sentimos un impacto que subjetivamente consideramos excesivo. Entonces surgen las dudas de si es necesaria más amortiguación, si la zapatilla no me va bien y, más allá de esa sensación, nos preocupamos sobre la repercusión que ese impacto tiene en nuestro aparato locomotor. Pues bien, intentemos clarificar algunas cosas.

El impacto del pie sobre el piso en carrera somete al miembro inferior a una carga muy importante. El acetábulo femoral ha de soportar una fuerza de compresión muy elevada y repetida, lo que puede llevarnos a sufrir lesiones por las fuerzas compresivas (toda fuerza de acción tiene una fuerza de reacción)

A nivel de las estructuras del pie, según el tipo de pisada que tengamos, hay dos zonas que podríamos definir como las que más se van a ver afectadas por las fuerzas compresivas: las cabezas metatarsales y el calcáneo.

Cabezas metatarsales

Son unas estructuras anatómicas que soportan mucha presión, sobre todo la del segundo metatarsiano, ya que está articulada sin movilidad. En los corredores con un apoyo muy exagerado de antepie se carga y se impacta mucho esta zona y es fácil una fractura por estrés. Esto es debido a las fuerzas compresivas o las necrosis vasculares de estos huesos.

Entonces ¿cómo deben ser las cargas? Simplemente una sensación de carga no dolorosa, que no sintamos un golpe ni un impacto excesivo que nos haga pensar que algo falla. La amortiguación de las zapatillas es algo indispensable en esta zona. Y hablo de amortiguación y no de dropp, porque son dos cosas totalmente distintas. En ocasiones, al elegir zapatillas, buscamos las más ligeras para correr distancias largas y no miramos la amortiguación. No es lo mismo correr un 10.000 que una maratón y tampoco somos corredores keniatas.

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Foto: runnersworld.com

Esto nos conduce a una carga excesiva en la estructura ósea. Si hemos elegido una zapatilla demasiado ligera y poco amortiguada puede ocasionarnos lesiones como síndromes de predislocación de los metatarsianos, las fracturas, necrosis, etc.

Un dato importante a tener en cuenta es la particularidad de la articulación metatarsocuneana del segundo dedo. Esta es una articulación rígida, sin movimiento y que, en el caso de soportar cargas elevadas, tiende a sufrir más de lo habitual. De hecho, una de las patologías más comunes en el sexo femenino es la necrosis del segundo metatarsiano (Enfermedad de Freiberg) y está relacionado con un zapato de tacón. Por esto también es habitual tratar corredoras con síndrome de predislocación del segundo dedo, paso previo a lesiones de mayor gravedad.

Calcáneo

Es el hueso del talón. Creo que sabemos de sobra que no se debe hacer un apoyo exagerado del talón en carrera, pero ¿sabemos por qué? Bien, si ejercemos un apoyo del talón las fuerzas compresivas y de reacción del suelo subirán a lo largo de la tibia y del fémur haciendo que, a parte de las lesiones que se provocan directamente en el calcáneo, como podrían ser microfracturas por estrés o fracturas de mayor calado, lesiones osteocondrales, periostitis tibial o incluso alteraciones meniscales de las que hablaré a continuación, las estructuras distales al pie sufran

Más allá del pie y debido a que somos una cadena cerrada en la que se transmiten las tensiones, un impacto demasiado fuerte nos originaría lesiones más distales al pie. Estas podrían ser tales como desgaste de meniscos o del cartílago a nivel del acetábulo femoral, incluso en la columna lumbosacra.

A nivel de rodilla la mayor repercusión que puede observarse son las lesiones meniscales.  Recordemos que los meniscos son una especie de almohadillas que se encargan entre otras cosas de amortiguar las presiones a las que se ve sometida la articulación de la rodilla. Mucha carga hace que estos meniscos pierdan propiedades y puedan romperse o perder parte de su capacidad de amortiguación.

En la cabeza del fémur, la afectación se observará en el acetábulo femoral. En este nivel tenemos también cartílago y, al igual que ocurre en la rodilla, se encarga de amortiguar y de transferir presiones por lo que mucha carga provocaría desgaste.

¿Y ese dolor de lumbares? Efectivamente, como habréis pensado alguna vez, se puede deber a una pisada muy potente contra el suelo. Una pisada de talón con mucho impacto supone la transmisión de la fuerza a lugares alejados del pie ocasionando esa sensación de ”me retumban las lumbares”. No es habitual llegar a ver lesiones discales, pero sí que hay sufrimiento incluso en casos muy extremos con una espalda ya torturada o dismetrías que pueden ser origen de pinzamientos de disco.

Esto es únicamente una pequeña parte de todo lo que nos puede provocar una pisada demasiado tosca en la que las fuerzas de reacción del suelo sean muy fuertes. Por eso es importantísimo una buena técnica de carrera, no porque sea más estético a la vista (ojala todos corriésemos como nuestros ídolos), sino porque nos puede perjudicar y hacer del deporte algo mucho menos saludable de lo que es.

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