El ejercicio físico regular practicado en su justa medida, disminuye la incidencia de factores de riesgo cardiovascular como son la diabetes, hipertensión, hiperlipemia y obesidad y con ello, reduce la mortalidad, no solo cardiovascular sino también por cáncer.

Algunos de los efectos beneficiosos del deporte en cuanto a reducir los factores de riesgo cardiovasculares son los siguientes:

  • Disminuye la resistencia a la insulina: El deporte mejora la captación muscular de glucosa y el metabolismo del glucógeno, todo ello implica menor incidencia de diabetes de tipo 2 , la adquirida del adulto y en diabéticos, tanto de tipo 1 como 2,  menor necesidad de insulina o fármacos hipoglicemiantes.
  • Disminuye la presión arterial en individuos hipertensos.
  • Mejora el perfil lipídico, aumenta el colesterol de alta densidad o “colesterol bueno” (HDL) y reduce los triglicéridos y el colesterol de baja densidad o el “malo” (LDL).

No obstante, practicar grandes volúmenes de ejercicio deja de ser un beneficio para nuestra salud ya que la reducción de los factores de riesgo y de la mortalidad que el deporte conlleva se ven “eclipsados” por la sobrecarga que induce el ejercicio practicado en exceso. La relación entre la cantidad de ejercicio y el riesgo de muerte tiene una forma denominada “curva en U o J”, el riesgo de muerte es superior en ambos extremos, siendo óptimo en los niveles medios de cantidad de ejercicio. La mortalidad se reduce a medida que aumenta la cantidad de ejercicio hasta un límite a partir del cual se vuelve a incrementar dicha mortalidad, igualándose al sedentarismo.

Adaptaciones cardiovasculares del deporte

Aumento del volumen sistólico (VS) y gasto cardiaco (GC): El VS es el volumen de sangre que expulsa el corazón en cada latido. El GC es la cantidad de sangre que expulsa por minuto y depende del VS y la frecuencia cardiaca. El VS y GC del deportista es mucho más alto que el del individuo sedentario. Durante un ejercicio intenso, es el doble del reposo en atletas en buena forma.

Disminución de la frecuencia cardiaca en reposo o bradicardia: Es consecuencia del aumento del volumen sistólico. Si en cada latido se expulsa más sangre, no es necesario latir tantas veces. También existen otros factores implicados en la bradicardia del deportista como son el aumento del tono vagal, factores genéticos, etc.

Mejora de la circulación coronaria: A consecuencia del trabajo extraordinario que el corazón del deportista ha de realizar y al hecho de ser más grande de lo normal, requiere mayor flujo sanguíneo. Por ello, el ejercicio induce la capilarización o formación de capilares así como a vasodilatación de las arterias coronarias. El deportista tiene mayor densidad capilar por fibra muscular miocárdica que un individuo sedentario y es proporcional al engrosamiento de la pared miocárdica hasta cierto límite de grosor. Todo ello eleva el flujo sanguíneo al corazón.

Aumento del tamaño del corazón: Los cambios en el tamaño y estructura del corazón se denominan corazón de atleta y hablaremos de ello en el siguiente punto.

Foto: Wikipedia

Foto: Wikipedia

El corazón de atleta

Son todos aquellos cambios estructurales reversibles que tienen lugar en el corazón como un proceso de adaptación al ejercicio.

El corazón se compone de cuatro cavidades donde se almacena y circula la sangre que ha de bombear -aurículas derecha e izquierda y ventrículos derecho e izquierdo-  separadas entre si por tabiques y válvulas de tejido fibroso. Dado que los ventrículos son los que bombean la sangre, están rodeados de una pared muscular o miocardio, la contracción de la cual es la responsable de bombear la sangre a los pulmones el ventrículo derecho y a los músculos y demás tejidos el izquierdo.

De la misma manera que el volumen de cualquier músculo aumenta cuando lo ejercitamos, el tamaño del miocardio, cuando lo hacemos trabajar mucho, también puede aumentar. La masa cardiaca puede llegar a aumentar un 30%. El tamaño del corazón del atleta aumenta por dos mecanismos:

  • Dilatación de cavidades: Las cavidades se dilatan debido al elevado y rápido flujo de sangre entre ellas durante la actividad deportiva. Se ha demostrado que durante un maratón aparece dilatación de aurículas y ventrículo derecho, lo que es responsable de fibrosis y consecuente disfunción del ventrículo derecho. Estas alteraciones aparecen durante el maratón y se prolongan hasta tres días después de la carrera para reestablecerse a partir de la semana.
  • Hipertrofia de la pared (hipertrofia miocárdica): La hipertrofia aparece tras años de volúmenes de entrenamiento aeróbico prolongado y se mantiene mientras el individuo sigue entrenando. Desaparece cuando cesa la actividad deportiva.

Un corazón dilatado y/o hipertrofiado tiene más riesgo de padecer trastornos del ritmo o arritmias por distorsión de su estructura que un corazón de tamaño normal.

En los deportes de resistencia predomina la dilatación en etapas iniciales y, al cabo de años, aparece la hipertrofia. En deportes de fuerza o isométricos son menos habituales tanto la dilatación como la hipertrofia.

El potencial efecto cardiotóxico de volúmenes muy altos de entrenamiento aeróbico es todavía tema de debate. Para tranquilizar a todos/as los/as atletas a los cuales se les ha diagnosticado un corazón de atleta en alguna ocasión, es importante tener claro que:

  • No se trata de ninguna enfermedad cardiaca incurable ni mortal.
  • No existe ninguna evidencia científica que el deporte pueda producir efectos tóxicos cardiacos irreversibles ni sea causa de muerte cardiaca en atletas sin cardiopatía.
  • Todas las alteraciones son reversibles, cuando el individuo deja de entrenar, el corazón recupera su estado basal.

Se habla de adaptación sana o fisiológica cuando la hipertrofia y/o dilatación son ligeras, que es la más frecuente y de adaptación patológica, cuando las alteraciones son más severas que ocurre en una minoría de casos. Todavía no se conocen los mecanismos de la adaptación patológica, el por qué algunos atletas desarrollan alteraciones más severas o patológicas que otros, probablemente contribuyan factores genéticos que desconocemos.

El gran reto del médico deportivo es identificar el momento en el cual la adaptación cardiaca al ejercicio empieza a ser patológica y a suponer un riesgo. Otro factor importante es diferenciar el corazón de atleta de otras patologías estructurales genéticas que si son verdaderas enfermedades cardiacas incurables y potenciales causas de muerte súbita y nada tienen que ver con el ejercicio. La Miocardiopatia hipertrófica y la Miocardiopatía dilatada se caracterizan por hipertrofia de las paredes y dilatación de cavidades. A nivel estructural, pueden ser similares al corazón de atleta, no obstante, en el deportista, la hipertrofia y dilatación son leves y desaparecen con el cese de la actividad deportiva. En cambio, en las cardiopatías primarias, las alteraciones acostumbran a ser severas y persisten a pesar de interrumpir la actividad deportiva.

Foto: Youtube

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Por todo lo explicado,  es obligada la realización de una ecocardiografía a todos los deportistas de todas las edades con la periodicidad que indique el facultativo, independientemente de la prueba de esfuerzo, ya que las alteraciones en la estructura del corazón no se detectan en una prueba de esfuerzo. Para ello es necesaria una prueba de imagen, ya sea una ecografía o una resonancia.

Ante un corazón de atleta, el facultativo a cargo del deportista obrará a su parecer en función de la severidad de la hipertrofia, dilatación  e historial del deportista. En general, si las alteraciones son significativas, el atleta debe retirarse del mundo de la competición, reducir drásticamente el volumen de entrenamiento y repetir la exploración a los seis meses. El corazón de atleta debería haber desaparecido después del reposo relativo. Es motivo de debate y controversia si el atleta puede retomar la misma actividad deportiva  inicial tras haberse recuperado de un corazón de atleta o esta va a generar la misma adaptación patológica. En caso de reanudar la misma actividad, debe hacerse con riguroso control médico y seguimiento mediante ecocardiografia cada seis meses o un año.

Conclusiones

La práctica regular de ejercicio mejora la calidad de vida y la salud física, psíquica y social. No obstante y como todo en la vida, los extremos no son buenos y el deporte no es una excepción. Existen guías clínicas elaboradas por las sociedades médicas cardiológicas avaladas por estudios científicos que indican la dosis de ejercicio que los profesionales de la medicina deben recomendar a la población general para mantener su salud según las características y objetivos de cada individuo. Está claro que  estas guías no contemplan el deporte profesional, de elite ni la larga distancia a nivel aficionado. Establecer una dosis máxima “permisible” de ejercicio es discutible y dependerá de un sinfín de aspectos de la persona pero lo que es indiscutible es que ningún profesional de la salud recomienda el deporte profesional ni la larga distancia a la población para mantener su salud. Una cosa es que practiquemos ejercicio asiduamente por que nos llena de satisfacción dado que tiene muchos beneficios mentales y sociales demostrados  y otra cosa es creer que es lo más saludable……porque no lo es. Así pues, todos aquellos atletas que practicamos ejercicio más allá de lo “habitual”,  ya sea porque son profesionales del deporte, o simplemente, aficionados,  debemos hacerlo de la mejor manera posible, ser cautelosos y hacernos reconocimientos médicos que, no solo detectarán cualquier enfermedad sino también consecuencias negativas que el deporte extremo puede tener sobre nuestra salud.  Los profesionales del deporte están rodeados de un equipo médico y de entrenadores y, quieran o no, no les faltan reconocimientos médicos cardiológicos. Pero la mayoría somos aficionados y la responsabilidad recae única y exclusivamente de nosotros.

¡Salud, corazón y kilómetros!