El domingo pasado se celebró por las calles de la capital madrileña la XVIII edición del Movistar Medio Maratón con la presencia de hasta 20.000 corredores en la línea de salida, entre los que destacó un Javier Gómez Noya que logró su mejor marca en media maratón y la tercera posición entre los españoles.

Durante la retransmisión en directo a través de #0 -y en la web con una gran cobertura-, se pudo ver (minuto 59:38) entrar en carrera a un popular sin dorsal tratando de seguirle el ritmo a la keniana Naomi Jebet, a la postre ganadora de la prueba femenina. Se acababan de pasar las torres KIO, en Plaza Castilla, y quedaban aproximadamente unos diez kilómetros de carrera.

Este hecho fue destacado por los comentaristas, entre los que se contaba todo un especialista en medio fondo como Jesús España. Tal como apuntaron él y sus compañeros durante la emisión, el que un corredor sin dorsal corriese al lado de la primera clasificada pudo haber supuesto hasta incluso la expulsión de la keniata, que durante los kilómetros en que tuvo al expontáneo por delante, corría ya sin liebre. De haberlo advertido los oficiales, su presencia podría haberse considerador como ayuda externa.

El caso del domingo en Madrid no es el único. En la Maratón de Barcelona, disputada el pasado mes de marzo, en el kilómetro 42 organización la organización estableció un dispositivo de hasta cinco voluntarios para evitar la entrada en meta de corredores sin dorsal.

El problema del dimensionamiento de las pruebas

Sergi Pujalte, director de la sección de running de RPM Racing, empresa detrás de la prueba, habla del problema de dimensionamiento que supone: «nosotros hacemos nuestras previsiones de avituallamiento, de personal de seguridad y de servicios médicos en función del número de inscritos que tenemos«.

Estos cálculos son los que permiten que en caso de necesidad, no haya sustos ni desgracias: «A través de los dorsales tenemos controlados a los corredores, si hay necesidad de contactar con sus familiares, tenemos los datos«.

Partamos de una premisa muy importante: Correr sin dorsal una competición es un peligro para el propio runner que decide hacerlo. En caso de accidente, según apunta el Real decreto 1248/2003, de 21 de noviembre, el seguro de responsabilidad civil contratado por cualquier organizador solo cubre a los participantes, con lo que todo espontáneo que decida entrar en competición tendría que asumir los costes de la cobertura sanitaria en caso de necesitarla. «Nosotros no estamos obligados a prestar el servicio«, comenta Pujalte, «aunque lo hagamos, pero en caso de que haya que atender a alguien con dorsal, quien no lo tenga puede que tenga que esperarse«.

Sobre el seguro, Luis Ángel Fernández, organizador del Desafío Castilla y León, apunta que, con cobertura de hasta 350.000 euros, supone un desembolso de hasta quinientos euros por prueba. «Como ves, puede comerse hasta el beneficio que sacas«.

El agravio comparativo

Pero no queda ahí la cosa. Correr sin dorsal es una falta de respeto hacia los runners que sí han abonado el precio del dorsal, y hacia los organizadores que invierten su tiempo y dinero en sacar una competición adelante. Incluso pone en peligro la viabilidad de pruebas pequeñas, que trabajan con márgenes muy ajustados y cuya ilusión, en muchas ocasiones, solo es sacar adelante una prueba en su barrio, localidad o región. «El año pasado en la San Silvestre salmantina se vió a mogollón«, comenta el propio Luis Ángel Fernández.

«De cara a los patrocinadores tienes que justificar un número de dorsales para asegurarte su apoyo de cara a la siguiente edición»

El futuro

Afortunadamente, según comenta Pujalte, las perspectivas puede que estén cambiando: «En estos momentos, y en los últimos años, sí que hemos notado que hay más gente con dorsal que no hace el recorrido completo«. Es decir, gente, que aunque tenga claro que no va a hacer los 21K, o los 42K, pero sí un trozo haciendo de liebre a algún amigo, prefiere por seguridad pagar la inscripción. «Parece que a nivel cultural se va asumiendo que aunque solo quieras acompañar a un amigo, hay que comprar el dorsal«.