“Con toda seguridad esta es una crónica que nunca quieres escribir. Te hubiera gustado escribir de una victoria, de gran ritmo en bici o de recuperar innumerables puestos en la carrera a pie. Eso mola, mucho! Pero no puedes hacerlo. Por humildad y por respeto al deporte que tantos amas, al que tanto tiempo dedicas, tienes y debes escribir sobre un (casi) DNF. Porque la amarga y frustrante sensación de la derrota, del sentirte incapaz de seguir, eso también es deporte.

Y no es plato de buen gusto, lo sabes de sobra. Tantas horas de dedicación, de esfuerzo, de sacrifico y de compromiso…para nada. Las cosas no salieron como habías planeado. Ni de lejos, ni en tus peores previsiones pensaste que algo así te pudiera ocurrir. Sabias perfectamente cómo llegabas al día elegido. Regular en natación, mejor que nunca en bici y bastante bien en carrera a pie. Quizá te ha faltado algo más de volumen, pero es lo que tiene las lesiones, te cortan la progresión para llegar como querrías. El viento y el calor no se eligen, nos eligen. El mismo viento y el mismo calor para todos.

Y transcurridos unos días, te atreves a ver las cosas de otra manera. Y digo te atreves porque la línea entre las razones y las excusas es muy tenue. Y lo que no quieres bajo ningún concepto, es ponerte excusas. Te sientes tranquilo y bastante más animado. Y te sientes orgulloso, de tu cabeza, de tu corazón, de tu amor propio. De exponerte, de arriesgarte y de perder…

Espera un momento, es solo un segundo…¿perder? ¿Derrota? “…Tantas horas de dedicación, de esfuerzo, de sacrifico y de compromiso…para nada…” De verdad crees que no ha servido de nada? Perdóname, pero estas equivocado. Sí, me atrevo a corregirte. En estas situaciones es cuando más se aprende. Y te animo a preguntarte, que has aprendido? Te conozco, sé cómo eres y estoy seguro de que algo has aprendido. De hecho, creo que es la prueba en la más aprendido. Sabes por qué?

Porque no te rendiste. Lejos de cualquier épica o de cualquiera de esas falsas frases motivadoras, no te rendiste. Supiste mantener la cabeza fría, te analizaste, sabias que no era una cuestión de desfallecimiento; sabias que en ningún momento tu salud estaba en peligro, solo eran calambres (pero que calambres coño!), entre cuadriceps e isquios, te dieron el día… Sabias que sólo era una cuestión de ritmo…de mantener el ritmo que podías mantener, ni más ni menos. No sabias si ibas a llegar a meta en tiempo, pero no te rendiste. Luchaste contra esa sensación de ridículo que tanto nos han inculcado desde pequeños. Y la venciste. Te esperaban en meta, se lo debías y te lo debías. Y la emocionaste, se siente orgullosa. Te emocionaste al llegar, como no!! Te emocionaste al ver cómo te felicitaron aquellos que habían entrado en meta tan solo unos minutos antes. Sabían por lo que habías pasado. Y sentiste respeto. Y te sentiste feliz. Te emocionaste y emocionaste a otros, como la juez que te puso la medalla el entrar en meta. A conocidos y desconocidos.

Y días después, con la mente y el corazón fríos, descansado, has sido capaz de analizar tus errores. Sabes que si quieres llegar bien preparado a una prueba, tienes que salir de tu zona de confort, sobre todo entrenando. Si entrenado vas “cómodo” , si vas en la “silla de la reina”, nunca llegas a tus límites. Y si no llegas a tus límites entrenando, nunca podrás romperlos. Si hay que “petar”, que sea entrenando, no en una prueba.

Sigues pensado que todo lo vivido no ha servido para nada? Te has demostrado de que pasta estas hecho. Has reconocido tus errores y por encima de todo, has podido sentir la verdadera esencia del deporte. Y eso no tiene precio!!! Así que, amigo mío, no has perdido, aunque aún te cueste creerlo, hoy has ganado.

Enhorabuena triatleta.

Salud y kms!!! EnjoyTRI ! “