Decía Marilyn Monroe que los hombres solo son buenos amantes cuando están engañando a sus mujeres, y no le faltaba razón a la tentación rubia. Hoy, veintiséis de febrero de 2017, he sido infiel y os juro que lo he dado todo para dejar el pabellón lo más alto posible. En medio de la faena he alcanzado las 178 pulsaciones -que para mí es ir por encima del umbral- e incluso al acabar he escuchado aplausos y vítores del respetable. Estando como está el patio, que te ocurran estas cosas es para estar más que satisfecho.

Pero centrémonos. Sí, lo reconozco: he sido infiel, he puesto una cornamenta considerable, aunque también es cierto que he tratado de guiarme por otra frase de otro célebre, Gabriel García Márquez, que decía que hay que ser infiel, pero nunca desleal: sí, le habré puesto los cuernos al Cerdanyola CH, pero en ningún momento mi lealtad a #latribu ha sufrido menoscabo.

A todos aquellos que tras dos párrafos con los ojos como platos dudando si estabais en Planeta Triatlón o en un foro de lectoras de Cincuenta sombras de Grey lamento comunicaros que esto sigue yendo, como siempre, una revista de triatlón: y es que hoy Segovia ha vivido mi debut como triatleta del Triatlón Pisuerga, as known as El Tripi, pese a que al mismo tiempo sigo siendo socio del Cerdanyola CH. Vamos, que pago dos cuotas como un bendito y un corazón partío. Tras dos años entrenando en Valladolid con gente de rosa, qué menos que mimetizarme con ellos, mayormente porque empezaba a tener una necesidad imperiosa de sentirme miembro de algo. Que vale que soy un Quijote cojonudo y que mola partir la pana con la senyera al pecho en carreras castellanas, pero que correr con más gente afín es el copón bendito, y Barcelona no deja de estar a 700 kilómetros de casa.

Pero que no se me preocupen, tengo amor para todo el mundo: unas pruebas con el trimono verdinegro, y otras pruebas con el trimono rosa. Y todos contentos.

Ocho de la mañana. Suena la alarma del móvil. Salto del sofá (mi cama los últimos meses, es lo que tiene que tu hija usurpe tu lado de la cama) y pienso, así de primeras, mientras subo al dormitorio a buscar la ropa, lo fácil que es preparar el material para un duatlón: no hay neoprenos, no hay geles, no hay barritas, no hay bidones de isotónica, no hay bolsas de material que llenar… Una bici, unas zapas de ciclismo, unas zapas de running, un casco, un trimono y a tomar por culo.

Así que preparo la mochila: zapas de ciclismo, zapas de running, el casco, el trimono que me había prestado Nacho, doy unos besos a las dos mujeres que dejaba en mi cama, y tiro para Segovia. Según google maps una hora y cuarto de viaje, así que saliendo como salía a las ocho y media, más que de sobra para llegar a tiempo antes del cierre de los boxes.

Bajo al parking, salgo a la calle, espero en el primer semáforo mientras busco una lista de reproducción en Spotify, espero en el segundo semáforo, me pongo a pensar en la vida así en general… Y entonces me doy cuenta de que no he cogido la bicicleta. Lo normal: ir a un duatlón y dejarte en casa la bicicleta. ¿A quién no le ha pasado?

Vuelvo a casa, subo a por las llaves del trastero, bajo al trastero, saco la bici, saco las ruedas, juego al tetris en el maletero, miro el reloj, salgo del parking… Las nueve menos diez. Decidme si no soy el Mario Mola de perder tiempo de la manera más ridícula…

Viajo a Segovia haciéndole drafting a la furgoneta de Luis Ángel, organizador del Desafío Castilla y León. Llegamos a las diez menos diez, y a partir de ahí el ritual típico de toda prueba: ve a por los dorsales, mea detrás de un seto, deja la bici en el box, hazte las fotos de rigor con toda la gente del club, decide durante quince minutos si ponerte camiseta interior o ir a lo bruto solo en tirantes, estira, corre un poco… Hasta que a las once y cinco, con casi quince minutos de retraso, nos acercamos los cinco valientes del Triatlón Pisuerga C a la cámara de llamadas: Rubén, David, Álvaro, Pablo y yo.

triatlón pisuerga

Foto: Facebook // Su Valento

Si los Rolling Stones acumulan entre todos sus miembros más de trescientos cincuenta años, nosotros entre los nuestros debemos acumular trescientos cincuenta kilos, tirando por lo bajo. Hambre no pasamos, pero indelebles a nuestro estado físico, salimos a 4’15”. Pongámonos en situación: duatlon sprint, cinco kilómetros de carrera a pie, veinte de ciclismo y otros dos y medio de carrera a pie finales. En Segovia, que lo más plano que han visto es a Carolina de Mónaco un día que pasó por allí.

Así que desnivel de este pestoso, que no es ni prolongado en el tiempo ni duro, pero que molesta. Como ponerte pinzas en los pezones. En apenas quinientos metros, lo que tarda en llegar la primera rampa pronunciada, ese raudo 4’15” ha pasado a ser un 6’00” y nuestra respiración pausada y uniforme se convierte en jadeos octogenarios. No pasan ni tres minutos y ya nos ha adelantado el equipo que salía con posterioridad a nosotros. Pero eh, que no pasa nada. Yo voy dando conversación, a lo mío: ¿falta mucho? me hago pis, ¿cuándo llegamos? para hacer el sufrimiento más ameno. Estabilizamos el ritmo en 5’15”, y tratamos de ir todos juntos en amor y compañía. Por un momento pienso que somos los Tommy Lee Jones, Donald Sutherland, James Garner y Clint Eastwood de Space Cowboys, cada uno con nuestros achaques, pero felices de estar dándolo todo.

triatlón pisuerga

Foto: Facebook // Su Valento

Primera vuelta, aplausos, más rampas, más jadeos, y Pablo, de improviso, a sus cosas, quehaceres y conversaciones interiores, nos abandona bajo la excusa de un pinchazo en el isquiotibial de la pierna derecha. Quedamos cuatro, ideal para jugar un mus o un partido de padel pero una putada para una prueba por equipos. Llegamos a las bicis, abordamos la transición rememorando a Peces Barba y Adolfo Suárez, y comenzamos a pedalear: cuatro vueltas a un recorrido de ida y vuelta de cinco kilómetros que no te deja ir acoplado: o estás subiendo, o estás bajando.

Primera vuelta bien.

Segunda vuelta bien.

Tercera vuelta bien.

Cuarta vuelta… Coño, que nos adelanta en un tramo de descenso el Triatlón Pisuerga A (esa gente en todo club que suelen ir rápidos, muy rápidos), y Rubén que tiene la feliz idea de unirse a ellos con un juez observando a nuestro lado: y que al resto nos pilla en bragas y nos vemos de repente a treinta o cuarenta metros teniendo que darlo todo para reengancharnos con él y encima conseguir que no se mezcle con nuestros compis no sea que nos manden a todos a casa -y con razón- por hacer drafting entre equipos. Álvaro comentará una vez acabada la prueba que se tuvo que poner a 62 kilómetros por hora, yo alcancé las 178 pulsaciones que decía al principio y David… David sufrió lo suyo.

triatlón pisuerga

Foto: Facebook // Su Valento

Pero al final logramos enganchar, logramos que el juez, que estaba flipando pepinillos, no nos sacase tarjeta roja a los diez que nos habíamos juntado por allí, y logramos alcanzar la T2 los cuatro juntos en amor y compañía. Ponte las zapas de nuevo, quítate el casco, ponte el dorsal tapando el ombligo y vuelve a correr, que solo te quedan 2’5 kilómetros por delante. David se queja de los gemelos, así que vamos al trantrán, sin prisa, a 5’45”. Yo voy muy cómodo, muy contento con no haber sufrido en ningún momento, y con la conciencia de ir mejorando poco a poco.

Entramos en meta cogiditos de la mano, últimos, en 1:29:14, a casi cuatro minutos del siguiente equipo, pero más felices que unas perdices. Abrazos, enhorabuenas, un aquarius, un polvorón (hay que tener muy mala leche para poner pastas saladas y polvorones cubiertos de chocolate como recovery al acabar un duatlón), fotos, más fotos, otro aquarius para pasar el polvorón de marras, carcajadas, un vermouth, unos judiones de La Granja con chorizo y morcilla, un cochinillo con patatas fritas, un cornetto, un licor de hierbas y las seis de la tarde para casa.

Ya sabéis, lo de después de cualquier duatlón…