Transcurrían los primeros meses del 2015 y me comentan de una ultramaratón que se corre de manera íntegra por la playa, uniendo dos importantes ciudades de la Costa Atlántica argentina: Mar del Plata y Pinamar, mi respuesta fue instantánea y sin duda alguna: NO! Eso es para gente que está mal de la cabeza, correr tantos kilómetros es algo que no se adapta a mis pensamientos. Este año a 2 meses de la carrera estaba inscrito y de manera repentina se convirtió en el gran reto del año. Primera vez que espero pasar los 42,2km.

29 de julio del 2016, conversación de Whatsapp con mi entrenador Juanp Vazquez:

  • Yo: “…estoy pensando (y me gustaría saber qué opinas) en darme de baja en la maratón y la media maratón de este año para preparar una ultramaratón que se hace acá. Serían 90km de playa, creo que sería buenísimo para el tema resistencia pero no sé cómo lo ves”
  • Juanp: Podemos anular la maratón y mantener la media maratón.
  • Yo: Sin problemas
  • Juanp: En condiciones normales te diría que es una locura. Correr 90km no es fácil y no quiero que sufras más de lo que ya sabemos que puedes llegar a sufrir. Tenemos 2 meses”
  • Yo: Súmame horas en el lunes, miércoles, sábado y domingo.

Y así comenzamos a preparar una ultramaratón en tan solo 2 meses. Fueron meses muy duros, porque además intercalábamos entrenamientos de running con bici y nado por mi desafío del año próximo, Ironman 70.3 de Buenos Aires.

atlantica 90k

Foto. runeco

VIERNES

Termino mi día laboral a las 16hs y emprendo viaje junto a mis padres hacía Villa Gesell, ciudad vecina de Pinamar que va a ser la sede de la carrera. Llegamos tarde, tuve la suerte de poder dormir gran parte del viaje y cuando llegamos me limito a comer y seguir durmiendo, al día siguiente es el retiro de kit y la charla técnica de la carrera, voy a necesitar acumular horas de sueño.

SÁBADO

Me despierto temprano y aunque quiero seguir durmiendo no puedo, me digo a mi mismo que debe ser consecuencia de la ansiedad, quién en los últimos días me están trayendo más problemas de los habituales. Por primera vez sufro de dolores estomacales, lo atribuyo a la alimentación que es un poco más cargada que para una carrera normal, casi que es una auto-mentira, son nervios pero no lo quiero asumir.

Llega el medio día y con mis padres decidimos salir a almorzar antes de ir a retirar el kit de carrera y escuchar la charla técnica de la carrera, lo agradezco porque no soporto más estar dentro de casa. Comemos y nos vamos a Pinamar, los nervios se incrementan, la charla no es obligatoria por lo cual dudo mucho si quedarme o no, me convencen de que va a venirme bien, me quedo. Escucho a Pablo Sosa hablar sobre lo que nos espera y el miedo cada vez es más grande, nos comenta que vamos a tener vientos Noreste constante y de manera cerrada (manera elegante de decir va a estar dura esta prueba).

Volvemos al departamento, ceno a un horario que habitualmente meriendo, es decir, estoy cambiando el café con leche por fideos. Me voy a tener que levantar a las 3 a.m. así que la hora de dormir llega allá por las 20hs, esto me asegura dormir al menos 7hs.

DOMINGO

Dormí de manera muy cómoda, me siento confiado, pero con miedo por lo desconocido. Partimos viaje hacia Mar Chiquita, lugar donde está la largada para quienes vamos a hacer los 90km, son apenar 45 minutos pero me alcanzan para seguir durmiendo y pasar por algunas aventuras como no poder pasar un peaje y no encontrar el lugar de largada, todo incrementaba los nervios. Al fin llego a la base de largada, un lugar resguardado, lleno de todo lo que podemos llegar a necesitar durante la carrera en cuanto a alimentos y bebidas, cargo el camelback y escucho los temas que hace tiempo me vienen motivando, se está por largar y la confianza le gana territorio a todos los miedos que parecían haber.

Comienza la largada y es muy distinta a lo que alguna vez me había pasado. Largamos por tandas de 5 personas ya que tenemos que cruzar en una embarcación la laguna de Mar Chiquita. Me toca la 3° tanda de largada y quienes largaron en primera instancia ya me llevan más de 30 minutos, me preocupa pero es sabido que lo que vale es el tiempo neto medido por el chip.

Cruzamos la laguna entre chistes y risas, la lancha toca la arena y es el momento de largar. Salgo adelante, decidido, con confianza pero hay un corredor que propone un ritmo más fuerte, ese no es mi ritmo, no lo voy a seguir, es una carrera de aproximadamente 10hs, hay que ser paciente. Me acomodo a un ritmo de 5:30-5:45/km, lo llevo cómodo pero siento el viento fuerte en contra, Pablo lamentablemente tenía razón.

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Foto: Constanza Grego

Llego al primer Puesto de Control (PC) que está en el km 20, no quiero nada, casi que no paro, solo firmo y sigo, no sin antes hacer una pregunta clave: “¿a cuánto está el primero?”, me responden que muy cerca y me tranquiliza porque sé que largó 30 minutos antes que yo, me decido a alcanzarlo igual. A los 2km me lo cruzo, le consulto si hay alguien más de nuestra distancia y me dice que no, que él era el primero pero que ahora yo estaba adelante. Quedan 70km y estoy adelante, que se termine ya esto, aguantemos.

Siguiente puesto, km45, punto histórico donde se encuentra ubicado el Faro Querandí, lugar mítico en la costa atlántica argentina, ahora paro un poco más, recargo alimentos y tomo algo de bebidas con sales para recuperar muscularmente. Atrás mío hay dos corredores de la distancia más larga, los 120km, ambos deciden abandonar, dicen que la carrera está extremadamente dura, una parte de mí coincide pero mi lado competitivo no me permite pensar en abandonar.

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Foto: Constanza Grego

Los kilómetros se tornan cada vez más pesados pero los mantengo de buena manera, ahora el ritmo ya está en algo más de 6:30/km, la estrategia es mantener la primera plaza sin quemar reservas energéticas. ¿Qué es lo más costoso? Correr solo. Miro hacia adelante y en miles de metros no veo a nadie, lo mismo me pasa cuando miro hacia atrás, el paisaje es hermoso pero soy yo junto con mis auriculares.

Pasados los 60km la carrera me empieza a pasar factura, me siento muy cansado, quizás en un nivel que nunca antes viví. Experimento sensaciones nunca antes vividas, empiezo a quedarme dormido debido al cansancio, avanzar me cuenta cada vez más, a eso hay que sumarle que la velocidad del viento ya está al doble que en el inicio y la arena muy suelta.

En mi peor momento llego al último puesto de control, antes miro hacia atrás y me encuentro con el peor paisaje que podría llegar a tener, tengo detrás de mí a dos corredores, quienes vienen 2° y 3° respectivamente. Me desespero, no entiendo cómo sucedió pero peor, no entiendo cómo voy a hacer para darle batalla en ese estado. Llegó al puesto de control, firmo, dejo una botella y salgo a tope. Antes de salir choco la mano con quien venía 2°, nos miramos y sabemos lo que significa. Comienza la última batalla y quien la gane ganará a guerra, quizás suene extremo pero así lo viví.

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Foto: Constanza Grego

Salgo decidido a dejar todo lo que tengo, faltan solo 8km, estoy enojado conmigo mismo, no puede ser que se me escape esto. Armar una estrategia es vital y eso hago: no darles oportunidad, sé que los primeros 3000 metros serán clave. Ir a un ritmo rápido me va a permitir frustrar sus aspiraciones y de esa manera afectarlos de manera motivacional además de lo afectados que vienen en cuanto a lo físico. Eso hago. Sigo enojado, sigo acelerando, estoy yendo a un ritmo similar con el que arranqué hace 9 horas. Pasa el tiempo y cada vez los veo más lejos, hasta que llega el punto en el que ya no los veo. Me informan que la llegada está en el siguiente muelle, lo veo pero muy lejos, no me permito aflojar el ritmo hasta que cruzo el arco de llegada.

Ahí está, el tan esperado arco, no lo veo pero puedo saber que está cerca porque los altavoces avisan que está llegando el 1° corredor de 90km, ese soy yo y me pone muy contento pero mis auto exigencias hacen que el enojo por haber sufrido sea más grande. Ilógico, salgo primero y estoy enojado conmigo mismo, no cabe en ninguna cabeza pero si en la mía, pero no dura mucho, escucho a mi papá gritándome y ahí recuerdo que todo esto lo hago por ellos, porque compartir con ellos es lo que le da sentido a tanto esfuerzo.

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Foto: DW

Cruzo el arco y me fundo en un abrazo con mi padre, mientras tanto escucho a mi madre gritar mi nombre y no hace otra cosa que emocionarme. El abrazo que era de dos ahora es de tres, pero somos más, ahí también está mi hermana, mis amigos y todas las personas que en los días anteriores me brindaron todo su apoyo.

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Foto: DW

Me hacen notas y a una persona se le ocurre preguntarme si la voy a volver a correr el año siguiente, ¿cómo puede preguntarle eso a quién viene de terminar una carrera de 10hs?, me limito a decirle que si pero sé que no tengo idea qué desafío voy a estar asumiendo dentro de un año, lo que sí sé es que ahora es momento de volver al triatlón, falta poco para el debut en Ironman 70.3 y hay mucho trabajo por hacer.

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Foto: Carlos Latrónico