El año 2015 es mi primer año en un club de triatlón. Y aunque únicamente entreno con ellos los sábados en bicicleta y puntualmente algún entrenamiento colectivo, me he visto inmerso en las vicisitudes de un club. Esto quiere decir, competir en algunos triatlones con la idea de sumar puntos para el club y subir de categoría.

Con este objetivo, seleccionamos el triatlón olímpico de El Pont de Suert. Lo Pont de Suert, en catalán local, es una pequeña localidad de la Alta Ribagorça, en la provincia de Lérida. La localización no deja mucho margen: el triatlón se desarrollará en un pantano, el circuito de bicicleta presentará un desnivel considerable y la carrera a pie se hará por dentro del pueblo.

PREVIO


Por hacer esto de competir los domingos algo más social, decidimos salir ya en viernes, pasar por Fraga (Fiague para los entendidos) y dejarnos atiborrar por mi iaia. Si mi iaia viviera conmigo en Barcelona, yo pesaría 250kg fácil. Ella tiene un secreto: te dice lo que hay de primero pero no suelta prenda de que después del primero tienes segundo, a veces tercero, y como te descuides te está enchufando alguna tarta, o nueces, o una pieza de fruta: “però si la fruita és molt bona, no vols un mullarero?” No, iaia, si no te discuto lo buena que es la fruta, pero estoy oyendo crujir las patas de mi silla desde hace rato, y creo que me está saliendo un macarrón por la nariz…

Para contrarrestar la bacanal romana digna de los mejores patricios (solo eché en falta el capón relleno de jabalí macerado con trufas), el sábado por la mañana decidimos hacer caso de los entrenamientos programados y salimos a correr 30’ y nadar 500m fácil. Claro, que podéis pensar, ¿en Fraga se puede nadar? ¡Si es de interior! Ay, ignorantes… resulta que por tener, tienen un complejo de piscinas al aire libre, rodeadas por su césped y sus arbolicos, en el que destaca una piscina olímpica de 50m. Y por si no fuera suficiente, unas pistas de atletismo nuevecitas al lado que da hasta vergüenza utilizarlas por no ensuciar. Espectacular. ¡Y gratis! Barcelona es el inframundo en ese aspecto. Pues eso, corremos hasta la huerta, 30’ a 5’15”/km. Yo bien, Lena se caga en mis muelas de vuelta, que la hacemos a 5’00”/km ya con la canícula del interior. Al acabar, 4 rectas de 100m ahí, gustándose, como los profesionales. Pero sin los focos ni los millones de dólares. ¡Y al agua patos! Unos métricos y al césped a disfrutar de lo que queda de mañana, ya acojonados con la ingente cantidad de comida que se nos venía encima. Para los de la LOGSE: ingente, mucha cantidad (esto es propiedad intelectual de Goyo Jiménez, que es algo así como citar a Plutarco).

Comida, siesta y para Lo Pont de Suert.

En un alarde de ostracismo, decidimos cenar solitos en nuestra Fonda l’Isard, entre otras cosas porque ya estaba pagada la cena. Y lo que no sabéis, ni nosotros tampoco, es que el menú ya estaba decidido. Mientras la gente del club disfrutaba de viandas indescriptibles en el Cotorí, Lena y yo esperamos sentados a que nos traigan la carta, cuando el señor majo se acerca y nos espeta: ¿Amb tomàquet o sense? ¿Digo yo que será el pan, no? Pues no, eran los macarrones. Había macarrones te guste o no. La opción que te daba, era si te los querías comer en plan cena de un equipo ciclista profesional, o con tomate frito solís. Y de postre pollo. ¡Y chitón! Pero como el Nan Olveras estaba cenando a nuestro lado y él no se quejaba, pienso que no voy a ser menos yo. Habrase visto.

Para compensar, decir que en la Fonda Isard te ponen un par de camas dobles para dos personas. ¡Y puedes dormir en diagonal! ¡Cada uno en la suya! Señoritas enamoradas del amor, entiendan que no soy políticamente correcto, pero compartir cama, con el calor que hace, y en vísperas de una competición, es una jodienda.

DÍA DE LA PRUEBA


Hora de inicio de la prueba, 8:45. Hora de levantarse, las 6:00. Creo, que no ha habido ningún día en el que me haya levantado para competir y no haya pensado: “Pues no se iba a tomar por culo la competición de hoy y me quedaba en la cama más a gusto… y para desayunar me pongo hasta el culo de pà amb tomàquet i fuet…”

Pero te acabas levantando. Y comiéndote lo que sobró de tortilla de patatas de la iaia. Vamos al box de T2, dejo mis zapatillas con sus calcetines. Porque si, después de meditarlo mucho y sin tener zapatillas específicas de tri olímpico, me voy a poner calcetines. No se puede ser menos profesional. Pero las de competir en carrera a pie, son demasiado espartanas para ponérmelas sin calcetines si corro más de 5km. Te dejan unas heridas a ambos lados de los pies, con sangrecica, y hasta gangrena como te pases. En fin, que iba a correr con calcetines y punto. Luego os reís del tiempo de la transición.

Bajamos en bici hasta el box de la T1 en el pantano de Escales. La frontera catalano-aragonesa, pasa justo por el lago. Es decir que nadamos de una comunidad autónoma a otra. ¿Cuánto eh? Estamos muy fuertes.

Para dejar la bici en el box tienes que bajar por una rampa de piedras mortíferas y un desnivel del 30% o más. Bajar con las zapatillas de ciclismo ya tiene su gracia. Pero cuando la tenga que subir descalzo corriendo con la bici me van a oír jurar en arameo. No pongan ustedes una alfombra o dos, ni pasen una escobica. A poder ser, vamos a jodernos los pies, que para eso hemos venido. Muy mala follá tiene ese box.

COMPETICIÓN


Atentos. El circuito de natación es de 1.500m y se hace con salida y llegada al mismo sitio con dos vueltas, en las que sales del agua. Para volver a dejarte los pies en los pedruscos de la salida. Si os enseñará los morados que tengo en las plantas… ¿Es un triatlón para hobbits? Las boyas se ven de lujo, el pantano no tiene oleaje, el agua sabe rica. Como reflexión, que a gusto te pegas una bocanada de esas de agua en un pantano, cuando después de giñarte vivo al tragar pensando en que la sal te tamponará el esófago y morirás, te das cuenta de que es agua dulce. Y vale, no es Solán de Cabras, pero oye, está rica. Entre boya y boya han puesto un cisne que flota. Tamaño del Cretácico superior. Un detalle para los que nos cuesta nadar en línea recta. Se sale desde el agua, todos con sus neoprenos, el agua bien, cada vez más calentita, y cada vez más gente con los ojos mirando al cielo y la sonrisa boba. No sé en qué frecuencia oyen los pro’s una salida, que se ponen a nadar como si hubieran visto un tiburón blanco. Digo pro por resumir “gente muy ansias que entrena mucho con ínfulas de ganar”. Debe ser que el entrenamiento continuado te hace audible una frecuencia fuera del rango normal del triatleta popular. Pues después de haber hecho, unos 20 pro’s 50m en menos de 10s (en el agua), les cuesta volver a la línea de salida como 5’ porque son incapaces de seguir las normas y miran de reojo al de al lado, ¡no sea que salga medio metro por delante! Y mientras el resto esperándolos.

Pues finalmente salimos. Primera boya, nadamos hacia el sur, el sol no molesta, no me pegan mucho, no hay oleaje. Somos bastantes 300 y pico, pero mira, estamos a gusto los unos encima de los otros, manotazitos, caricias. Bien. Yo con un sofocón de pelotas. Pienso, igual es un ataque de esos de ansiedad que le da a la gente cuando nada. Pero no, que el neopreno me aprieta, no me deja… no me deja… Estoy mazao y claro… Total que paso la primera boya, me relajo, ya no respiro como una morsa. Pero con eructitos sabor tortilla española. Incluso me veo pensando en nadar largo y fluido. Y también me veo pasando el cisne, me rio y trago agua. Como podéis ver, mi estado de concentración en competición es superior. No tengo igual. Segunda boya y para la salida, a dejarme los pies para volver a entrar. 750m en algo menos de 13’. La segunda vuelta del estilo, como mínimo no me dejo tiempo absurdo haciendo braza ni demás. Salgo en 25m55seg. En la posición 114. Soy una ruina nadando. Y en la transición no os lo cuento por vergüenza ajena. 1m25seg, del orden de 30seg más lento que lo que tocaría. ¿Por qué? Pues porque salgo mareado, el neopreno sale más rápido, porque ya está recortadito, la bici no sale rápido porque parecemos chinos en el box, y después el Mortirolo de subida lo subo a lo Audrey Hepburn. Sepsil, pero lenta.

Especial mención al acto de saltar encima de mi Bucéfalo. La carretera hace subida, y mi primer impulso a la hora de saltar se ve contrarrestado por la componente inclinada de la fuerza de la gravedad, y casi me ostio yo y mato a dos más. Así que en el segundo intento, corro un poco más y lo consigo. Apúntame otros segundillos ahí, jefe.

Ya estamos con la merienda de negros en la bici. Hay que empezar a apretar para atrapar a gente. Los grupos ya no son pata negra, y me toca ser parte muy activa de la colaboración para tirar del grupo. El circuito de bici son unos 38km por la N-230 hasta pasar Lo Pont de Suert y después girar por la L-500 en dirección a Boí. La ida de subida, la vuelta de bajada. Unos 450m de desnivel positivo. Pues el calentón en la bici es importante, pero el tiempo es discreto. Vamos, cual bola de nieve, absorbiendo ciclistas, que van pasando a engrosar el culo del pelotón. Casi tengo que darle una azotaina a un ansioso que me adelanta por la derecha. Lo de dejarse el cerebro en la T1 suele acabar con un buen resfregón con el asfalto. En la subida vemos que los grupos buenos bajan volando, que delante de mí ya son multitud y que mi mediocridad nadando me ha vuelto a cortar las alas a la hora de alzarme con la victoria.

Bajamos volando. Con máxima de 80km/hora y eso que gasto un 50-11. Al aproximarnos a la T2, me quedo encerrado en el pelotón. Previendo el jaleo, espoleo a mi montura, salgo del jaleo y me libero unos metros. El acceso a la T2 es de risa. En bajada, ya descalzos con los pies encima de las zapatillas, estrecho y con un cono en medio, no sé cómo no nos matamos uno detrás de otro. El cono súper útil… si fuera una prueba de Humor Amarillo. Y ya corriendo descalzos, unos bordillitos disimulados para chutarlos y partirte tres dedos. Eso justo le pasó a un chico delante de mí. El sector de bicicleta lo finiquitamos con 1h17m17s, en la posición 94.

Me pongo mis calcetines, mis zapatillas y a correr. Una T2 fulgurante en 1m42s, apenas 45s más de lo que es razonable. Total, por no despellejarme los pies.

Son cuatro vueltas de 2.5km, que según la organización discurren por un circuito llano. Es evidente que el concepto llano de la gente norteña y los que vivimos en Barcelona no es el mismo. Llano por los cojones. Subimos, bajamos, giramos 180º, pasamos puentes, vamos cambiando de terreno continuamente. Total, que entro en un ritmo, pero en un ritmo de crucero, forzando pero no muriendo por el camino. Las referencias ya son difusas, no sé si voy bien, menos bien o mal. Vamos negociando las vueltas y las curvas pasando a gente. El circuito es distraído, eso sí. Y el hecho de que sean 4 vueltas hace que la relación entre público y atletas sea más rica. Paso a dos compañeros del club y uno de ellos se gana un cachetito en el culo. Afectuoso a la par que estimulante. Que gran invento el cachetito. Me quedo entre dos aguas, entre la sensación de ir muy cansado y la de no ir corriendo a tope. Problema más motivacional que físico. El tramo a pie en 39m20s, en la posición 61.

En la llegada no me espera ni los flashes de los fotógrafos, ni cinta que empujar con el pecho ni reporteros de la BBC. Pero sí, una muchedumbre de triatletas sudados y prietos, con los que abrazarnos, felicitarnos, montarnos excusas para justificar nuestra actuación si nos han ganado, y vacilar si has ganado tú. Vaya el típico corral de gallitos. Ha ganado Oliveras, así que por la cena no fue…

No queda si no felicitar a todos los compañeros del club, que hicieron un papelón, puntuando alto y claro. Este año subimos a primera seguro. ¿En primera se cobra ya, no?

Vaya, y lo mejor del fin de semana, para acabar como empezábamos: comida en Can Colom, en Montblanc, ya de bajada. Como diría el amigo Robirosa: “ASPATUFLANT”.