Asumámoslo: hasta que no llegue la nueva temporada de triatlón de Castilla y León, competir en esta comunidad solo va a ser una cosa: frío, escalofríos, tiritonas y alguna parte que otra del cuerpo congelada, que por ahora no, pero de aquí en un mes empezarán los días de cero grados y la niebla profunda.

Afortunadamente hoy ha sido día de buen tiempo y solo ha llovido. Once graditos de temperatura, suelo embarrado, cielo feo que te cagas… Lo típico que le gusta a un corredor. Te abrigas, te pones unos guantes, unas mallas negras del decathlon, y a tomar por saco, a correr y punto.

He llegado a las once menos cuarto, bastante empanado, la verdad. Ahora que ya estoy en casa calentito echo la vista atrás y la verdad es que este “ir a los sitios sin tener ni puta idea” mío, hoy ha visto una de sus cotas de más esplendor:

1.- No sabía dónde estaba la salida.

2.- No sabía la altimetría.

3.- No sabía si había guardarropa.

4.- No tenía batería en el garmin, así que he ido con un reloj de Judit de andar por casa.

Por suerte todo ha sido bastante más fácil de lo esperado. Es lo bueno de las carreras pequeñas, que todo termina siendo muy de andar por casa. Gente calentando, gente intentando no calarse, todos esperando que llegasen las once y media de la mañana. Y ya.

Me habían comentado que había algo de desnivel. Seis kilómetros de distancia y dos rampas bien ricas, de estas que te hinchan las piernas. Estábamos en la parte más alta del parque, con lo que estaba claro que empezábamos en bajada.

Y así ha sido. Han dado el pistoletazo y hemos tirado todos por un camino bastante estrecho que tendía claramente en descenso. El problema eran las piedras sueltas y el barro, que obligaban a tener bastante cuidado para no irte al suelo. Salvando (mucho) las distancias, era como en el Duatló de Cerdanyola: más barro del que quisiéramos. 750 metros de descenso que he hecho esquivando gente. Contando con que era un cross pequeño, me imaginaba que iba a ocupar las últimas posiciones, pensando que iba a haber bastante nivel, con esa típica gente que lleva toda la vida corriendo y se apunta a todo lo que hay por Valladolid. Recordemos que esto no es triatlón, aquí están simplemente los que gustan de correr, correr, y requetecorrer.

La primera rampa dura, de unos 300 metros, ha llegado al kilómetro y medio. He intentando controlar, consciente de que quedaba otra vuelta y que, aparte, ayer estuve haciendo cuestas y que sigo fuera de forma.

Cross de Parquesol

Bajada de nuevo y rampa antes de acabar la primera vuelta, muy jodida, larga y sin respiro. Paso el arco de meta en 14’38”. Bien. Mi objetivo era hacer menos de treinta minutos, y por ahora lo iba cumpliendo. He hecho el primer descenso cogiendo resuello, sabiendo que me quedaban otra vez esas dos rampas dolorosas. He ido adelantando gente y he tomado como referencia a un par de chicos con la camiseta del Real Valladolid que estaban a unos veinte segundos. He tratado de acercarme a ellos, y al llegar a la segunda rampa casi lo he conseguido. Apenas había cinco metros de diferencia.

Pero ahí mi cuerpo ha dicho basta. En la segunda rampa, a 400 metros de meta, cuando he intentado el último empujón, me he dado cuenta de que no me quedaba casi nada en el cuerpo. He aflojado y se me han ido distanciando poco a poco. De hecho me han adelantado otro par de chavales más, aunque en la recta de meta, plana, he apretado y he conseguido superarles, entrando en meta en 29’10”.

Segunda vuelta más rápida que la primera, aunque a una media de 4’51”, que si comparamos con ritmos de hace unos seis meses, es bastante más flojo, independientemente de que el desnivel ha podido ser, sin exagerar, de 250 metros. Sea como sea me marcho para casa contento, con buenas sensaciones, y con la seguridad de que a medida que avance la temporada, ahora que ya estoy teniendo entrenamientos ordenados, voy a mejorar.

Ahora queda mejorar la alimentación, estructurar bien el trabajo de fuerza, y todo terminará viniendo rodado. Seguro.

Cross de Parquesol