Jack Dorsey, fundado de Twitter, dijo una vez que su jornada empezaba a las cinco y media de la mañana. Entre otros menesteres, aprovechaba para correr diez kilómetros antes de empezar a trabajar. David Muñoz, cocinero con tres estrellas Michelin, entrena a altas horas de la madrugada, cuando termina su jornada en Diverxo.

¿Cuándo es mejor entrenar, por la mañana, por la tarde, o por la noche?

Como todo en esta vida, no hay una respuesta clara a esta pregunta. O sí: depende. Entrenar por la mañana, antes de comenzar la jornada, tiene varios inconvenientes: las funciones vitales están al nivel más bajo, la temperatura corporal es baja con lo que hay que dar más importancia a la fase de calentamiento (o dicho de otro modo, un entrenamiento de series será más complicado de llevar a cabo) y la función pulmonar es pobre, con lo que el consumo de oxígeno será más deficiente de lo habitual.

Además, las reservas de energía estarán en niveles bajos, dado que llevamos varias horas sin realizar ninguna ingesta.

¿Cuál es, por tanto, el beneficio de entrenar por la mañana? Pues precisamente el hacerlo con las reservas bajas hace que tiremos más de la grasa y aprendamos a ser más eficientes. Por otro lado, el nivel de exigencia psicológica que conlleva levantarse a las seis de la mañana (por marcar una hora) es un entrenamiento mental magnífico que nos ayudará cuando lleguen los momentos duros de la temporada.

Entrenar por la noche

El cuerpo se ha adaptado a las exigencias del día y está en su temperatura óptima. Además, como hemos ido realizando ingestas a lo largo del día, nuestras reservas de glucógeno están en niveles altos y nuestra capacidad pulmonar también es la más alta de la jornada.

Otro punto positivo depende de tu nivel en triatlón, y si haces larga distancia: si eres popular, es posible que estés entrenando a las horas en las que termines corriendo el maratón de cualquier Ironman, con lo que tus biorritmos aprenden a rendir a las horas que corresponde.

¿Cuál es el problema, entonces? Cuando llevas todo el día trabajando o estudiando como un bendito, cambiarse de ropa, coger la mochila e irse a entrenar es muy duro. Lo único que te apetece es estar en el sofá. Por tanto, la exigencia psicológica es importante, hay que saber sacar la motivación para lograr hacerlo.

Lo más importante, la visibilidad

Dado que vamos a salir a correr y probablemente no lo hagamos por zonas muy transitadas, es importantísimo hacernos ver tanto por vehículos como por otros viandantes. Lleva ropa lo más clara posible, y si tienes oportunidad, directamente usa ropa deportiva reflectante.

Además, si vas por terreno inseguro -léase un parque, o caminos de tierra- convendría que te hicieses con un frontal o un foco de trail.  En el mercado hay una variedad de opciones muy amplia, y para todos los bolsillos. ¿En qué te tienes que fijar? Básicamente en los lúmenes que tenga -es decir, el volumen de luz que emita-, con qué número de programas cuenta y la manera de ajustarse a la cabeza: ten en cuenta que vas a tener el frontal puesto mientras corres y es fundamental que no baile ni se vaya escurriendo a medida que te mueves.

Por relación calidad / precio a nosotros nos gustan las de la marca Petzl, que posiblemente es el líder de este sector. La Petzl Actik cuenta con 300 lúmenes y pesa solo 92 gramos:

frontal trail petzl

Foto: Amazon

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Correr a mediodía

Otra posibilidad, si no puedes hacerlo por la mañana o por la tarde / noche, es hacerlo a mediodía. Físicamente tu cuerpo no está al máximo rendimiento, pero para algunas personas es la única opción viable. Hay que tener en cuenta que en los periodos estivales el calor es más fuerte a estas horas, con lo que nuestro rendimiento inevitablemente bajará. Del orden de quince segundos por kilómetro.

Pero mientras se pueda salir a entrenar, cualquier hora es buena, sin duda.