Hay días en que las cosas no salen: o estamos más fatigados de lo normal, o más perezosos, o simplemente, no tenemos el día. ¿Qué podemos hacer entonces para sacar algo provechoso del entrenamiento?

Toma un descanso técnico

Estás haciendo series de carrera a pie y ves que eso no funciona. No estás tirando como otros días. ¿Qué hacer? Así de primeras, parar. Para porque no hay nada peor para un entrenamiento que estar pensando negativamente, te estresa y te nubla. Si tras cinco minutos de coger aire las sensaciones son iguales, marcha a casa. No es pecado. Descansar y reiniciar todos los sensores de tu cuerpo te vendrá bien. Coge aire fresco.

Foto: Flickr // IQRemix

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Quítate la presión de encima

Los días malos suelen venir dados más que por resultados reales, por sensaciones que tenemos nosotros mismos. Esperas entrenar de una manera, lo haces realmente de otra, y tú mismo te autoimpones o exiges un mayor rendimiento. En estos casos, prueba a no fijarte en el reloj, a simplemente disfrutar del entrenamiento. Incluso, si quieres, replantea las series que tenías que hacer. Cambia a una tirada larga. Recupera el gusto por entrenar.

En este sentido, yo recomiendo incluir entrenamientos dentro de la rutina semanal en los que no lleves reloj, o pulsómetro, ni ningún otro terminal que te aporte datos. Te ayuda a desconectar y limpiar la mente de presiones tontas.

Foto: Flickr // Phillip Wong

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Marca objetivos dentro del propio entrenamiento

Ya hemos dicho en otras ocasiones que los grandes retos a largo plazo son lo que nos hacen tener ganas de entrenar, pero los objetivos a corto son lo que realmente dan consistencia. Pues bien, dentro de un entrenamiento en el que las cosas no funcionan, trata de marcar pequeños objetivos que te quiten la cabeza de aquello que no te está gustando, y a medida que los logres, te ayuden a encontrar de nuevo el camino.