El domingo pasado Peter Sagan se convirtió en el primer ciclista en ganar tres títulos mundiales de manera consecutiva. No nos hemos terminado de asombrar de su recital al sprint en las calles de Bergen, Noruega, y ya los medios comenzamos a mascullar si un cuarto será posible en la edición de 2018. A priori, el durísimo recorrido que espera a los ciclistas en la localidad austriaca de Innsbruck no es nada favorable al eslovaco, pero con él nunca se sabe.

Igual que en Richmond, Doha y Bergen el recorrido le era favorable, el próximo año le esperan 4.670 metros de desnivel acumulado, la prueba de Campeonato del Mundo más exigente de la historia, al menos sobre el papel. Alejandro Valverde ya lo dijo hace unos días: «es una prueba en la que tengo puestas muchas ilusiones«, y como él, sin duda todos los rodadores que se defienden en alta montaña. Incluso podríamos ver al británico Chris Froome peleando por el maillot arcoiris.

Sea como sea, en una entrevista estos días para La Cazzetta dello Sport, Peter Sagan hizo dato un público de mucho interés para el público. Su peso. Todo surgió al plantearle la posibilidad de competir la próxima temporada en la Liege – Bastogne – Liege de la próxima temporada, al ser una prueba que se puede asemejar bastante al perfil que le espere en Innsbruck: «Peso casi 80 kilos. No os creáis a los que dicen que peso 73 o 74 kilos. Mi peso varía entre 78 y 79 kilos«, reconoció el jefe de filas de Bora. «¿Dónde voy con ese peso queriendo ganar una carrera de ese tipo?«.

A tenor de esta respuesta podría parecer que Sagan se descarta para la disputa del próximo mundial, pero nada más lejos de la realidad. Desde su punto de vista, «nada es imposible». «El domingo pasado el desnivel total fueron 3.600 metros, así que a la hora de la verdad tampoco estamos tan lejos. Con la preparación adecualda, creo que podría intentarlo», afirmó.

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