Una de las principales fuentes de entrada de tráfico a Planeta Triatlón es por gente que se ha lesionado haciendo deporte, busca solución a sus males y llega a nosotros. Y no estoy hablando de cuatro o cinco búsquedas al día. No. Hablo de que entre trescientas y cuatrocientas personas llegan cada veinticuatro horas a esta nuestra querida revista porque andan tratando de encontrar en internet solución a problemas para su edema óseo, su fascia lata, su cincilla iliotibial

Y te paras a pensar y es que los triatletas tenemos un gran porcentaje de posibilidades de caer lesionados. Tenemos el combo perfecto: llevamos nuestro cuerpo al máximo muchas veces por semana y por naturaleza somos bastante dejados de la mano de dios, pensando que “a nosotros no nos va a pasar”. Hasta que nos pasa.

Simplemente pensad en el ciclismo, que es el tema concreto que hoy nos atañe: es un deporte extremadamente repetitivo, que conlleva largas horas de entrenamiento y dependiendo de la sesión, intensidades altas de esfuerzo, que pueden derivar con facilidad en lesiones. No estamos acostumbrados a revisar nuestras técnicas ni de posición sobre la bici, ni de pedaleo, ni de cómo afrontar una montaña… Y luego vienen los problemas.

Ahí van cuatro técnicas de prevención que pueden reducir considerablemente vuestro riesgo de lesión

Precalentamiento: igual que en natación se estira, y en carrera a pie se trota, sobre la bicicleta igual. No cuesta absolutamente nada dedicarle cinco minutos a estirar músculos a los que durante como mínimo dos horas vamos a dar lo suyo y lo del inglés antes de subirnos a la bici: ¿para que pedalear en frío, corriendo el riesgo de que nos dé un pinchazo y la sesión se nos vaya al garete?

Durante el entrenamiento: trata de mantener una cadencia cercana a las 90 rpm o algo superior para reducir el estrés sufrido por la rodilla, especialmente la articulación patelofemoral, lo que viene a ser la zona de la rótula.

Después del entrenamiento: utiliza el foam roller para mitigar y reducir el dolor y la rigidez musucular. Céntrate en la banda iliotibial, el cuádriceps y el piriforme.

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Biomecánica: Si empezase de nuevo en el triatlón, tengo claro que el primer gasto que haría no sería el pulsómetro, ni la ropa cara, ni unas zapatillas de correr bonitas, sería el estudio biomecánico sobre la bicicleta. Estar bien adaptado a la máquina que montamos es fundamental. La mayoría de las lesiones que sufrimos son por la posición que llevamos, que no es la ideal. Y eso se arregla poniéndonos en mano de profesionales que van a medirnos, van a analizar nuestra flexibilidad, y van a adaptar la bici a nosotros, y no al revés.

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Zapatillas: hay que acostumbrarse a revisar las calas cada cierto tiempo. Los tornillos se sueltan, o van cogiendo juego, y esto influye negativamente en nuestra pedalada de dos maneras. En primer lugar, por el riesgo de lesión al haber “más movimiento” del que debiera (dejamos de tener una pedalada redonda para tener un punto, justo cuando estamos aplicando fuerza de arriba hacia abajo, en el que el pie baila), y en segundo lugar perdemos eficiencia de pedalada: la fuerza que aplicamos se reduce.