Siempre he tenido a Richard Murray por un tipo de los que engrandece el triatlón. En las redes sociales se le ve como un tipo divertido y que siempre ha encajado con buen humor las ocasiones en las que otros han sido más rápidos que él al sprint. Que entre nosotros, han sido unas cuantas. Es decir, Además, entrena con Mario Mola, y conociendo al mallorquín, el sudafricano no puede ser mal tipo.

Pero el sábado la cagó de vellón. A falta de dos kilómetros del segmento de carrera a pie, descubrió que tenía pendiente una penalización de diez segundos que cumplió a apenas cien metros de la entrada a meta, donde tuvo que observar, sin moverse, como Mario Mola se llevaba una nueva victoria en las World Triathlon Series.

La penalización estaba justificada, ya que Murray, al salir del agua, había dejado su neopreno en la caja de Gregor Buchholz, en vez de en la suya. Si recordáis, Mario Mola tuvo que cumplir otros diez segundos de penalización en Abu Dhabi por algo similar.

Richard Murray

Foto: trstriathlon.com/

El tema, en esta ocasión, es cuando se avisó a Murray de la sanción, el tiempo que le quedaba para cambiar de estrategia, y su reacción posterior. Cuando quedaban apenas dos kilómetros y medio, un miembro de la FETRI le dijo a Mario Mola que Murray estaba pendiente de cumplir una sanción. “Mario fue quien me dijo lo de la sanción”, dijo Murray. “Al principio pensé ‘¿me está engañando?’, pero luego me di cuenta de que la federación española se lo había dicho”.

A partir de ahí, la cagada padre: Murray se para en el penalty box y empieza a preguntar “¿por qué, por qué, por qué?” gritando y haciendo esparajismos. Una vez sale hacia meta, suelta un corte de mangas a los jueces, golpea la valla del patrocinador principal de las WTS y nada más entrar en meta, se dirige a la caseta de los jueces a pedir explicaciones.

“Se me fue la olla e hice algo de lo que probablemente me iba a arrepentir, pero eh, estaba con la tensión del momento y muy cabreado“, dijo Murray al acabar la carrera. “Fui descalificado por comportamiento antideportivo, pero realmente no fui antideportivo con nadie”.

Su gesto fue sin duda completamente inapropiado y lejos de la imagen que el triatlón da a lo largo del planeta, en el por encima de los colores y las nacionalidades impera el juego limpio. Solo hay que ver la entrada en meta: los primeros esperan a los segundos y resto de clasificados para saludarse y darse la enhorabuena. Y en todo momento reina el buen rollo. Al fin y al cabo es un deporte en el que se conocen todos.

Richard Murray

Foto: Triathlon Live

Así que el corte de mangas de Murray estaba completamente fuera de sitio. Pero hay que tener en cuenta que la descalificación le costó doce mil dólares, que es lo que se lleva el segundo clasificado en una WTS, además de que le deja lejos de pelear por los bonus de final de temporada por la clasificación general, que podrían haber sido entre treinta y cincuenta mil dólares a mayores. Por no hablar del riesgo reputacional ante sus sponsors y los distintos bonus que pudiera tener con ellos por resultados.

Es decir, una pasta gansa. ¿Es el castigo proporcionado con el delito? Como dijo el propio Murray “hubiera estado bien que me hubiesen comunicado la sanción antes”. Eso hubiera ahorrado muchos disgustos. En cualquier otro deporte, quizás se le hubiera impuesto una sanción económica o una reducción de puntos y no hubiera pasado de ahí.

Pero también es cierto que hubiera establecido un precedente desagrable en un deporte que, como hemos dicho hace un momento, brilla por su ejemplaridad. Así que no sé. ¿Habría que haber sancionado a Murray tan duramente? A cada rato pienso una cosa distinta…