A estas horas el bueno de Ricardo Abad ha terminado su ironman 75 dentro de su reto de 100 ironman en un año. Una auténtica barbaridad. Mientras tanto, miles de personas populares y anónimas piden y rebuscan votos por las redes sociales para conseguir una de las cinco plazas de La Sansilvestrada de este año.

Chus Pérez, primera clasificada en la votación, con más de cinco mil votos, quiere correr las tres pruebas seguidas porque no se le ocurre una mejor manera de acabar el año que con una sonrisa en la cara: pasar un día entero de carrera en carrera, como la Pretty Woman del running. Su mejor marca en 10K ronda los 52’y nunca ha corrido más de 25kms seguidos.

¿Que no sabéis lo que es La Sansilvestrada? Una acción de marketing de KIA de esas de aplaudir hasta que te duelan las manos. Ofrecen dorsal para correr el 31 de diciembre tres San Silvestres en Madrid: Las Rozas, Alcobendas y la tradicional de Vallecas a aquellos que más votos reciban. Y claro, ahí está todo el mundo to’loco en plan Pedro Sánchez: pidiendo el voto allende van. Con una inversión minúscula (la web, algo de promo, los dorsales de turno y lo que gasten en grabar el documental), los de la marca de coches de Rafa Nadal están consiguiendo una viralidad acojonante. Como tío de marketing que soy, me quito el sombrero ante ellos, que han sabido encontrar un insight clarísimo y aprovecharse de él.

Y es que -y aquí comienza mi reflexión- vivimos un momento en el que la larga distancia vende, independientemente de las circunstancias, de cómo estés de forma y, sobre todo, de cómo termines. El rollo va de pegarse la paliza padre, de poder decir a familia y amigos que has acabado un maratón, un ultramaratón, un ironman, un ultraman, un mazinger z. Lo que sea, mientras sea largo de cojones.

Eh, que no lo critico. En el último año he acabado tres ironman a cada cual de la manera más lamentable posible, he corrido siete maratones y estoy en plena preparación del Ultratri, el ultraman más duro del mundo. Así que hablo con conocimiento de causa. Y si hago acto de constricción y recapacito un poco, no tengo ni puta idea de por qué lo hago, por qué necesito ser uno de esos tíos que más palizas se pegue, sin calibrar si mi tiempo es bueno o no.

No sé qué triatleta de élite ha dicho recientemente que es mucho mejor hacer un triatlón olímpico dándolo todo, que un ironman arrastrándose. Y creo que en el fondo tiene razón, que todos tendríamos que reflexionar un poco e intentar hacer un 10K espectacular, de terminarlo y decir “joder, esta ha sido mi carrera, señores, apláudanme”, antes de pasar a la media maratón. Y hacer muchas medias maratones espectaculares antes de meterse en el berenjenal de acabar un maratón. Pero no, no lo hacemos, preferimos saltarnos etapas, apuntarnos a retos para los que físicamente no estamos preparados y acabar arrastrándonos o teniendo que abandonar.  ¿Y de quién es la culpa? ¿Son los medios de comunicación? ¿Es culpa de Valentín Sanjuan? ¿Es la función catártica del sufrimiento?

No lo sé, supongo que en el fondo es falta de autocrítica por nuestra parte, pero está claro que alguien tendría que poner algo de cordura en todo ésto.