La artropatía degenerativa, comúnmente conocida como artrosis, es una degeneración del cartílago que recubre las articulaciones propia del paso de los años que afecta sobre todo a la cadera, la rodilla y las articulaciones de los dedos de las manos. Es la causa más frecuente de dolor y limitación del movimiento o funcional en la vejez y de sustitución de la articulación por una prótesis de titanio. La edad de aparición y la velocidad de progresión es variable y depende de factores genéticos, constitucionales y medioambientales. El sedentarismo y la obesidad son dos de los factores demostrados más importantes. Existe la creencia que correr es uno de los factores que acelera su aparición, sobretodo a nivel de las rodillas.

Esta creencia incluso existe entre profesionales de la medicina. Cada vez que me cruzo por los pasillos del hospital con algún compañero traumatólogo que sabe como paso mi tiempo libre,  me cae algún comentario “gracioso” del tipo: “Se oye chirrear tus rodillas desde lejos cuando caminas”, “con juventudes como tú se alargarán las listas de espera de prótesis de rodilla de medicina pública y nos vamos a forrar poniendo prótesis en la privada” y etc. Y al final, cansada de tanta bromita y un poco preocupada por mis rodillas, revisé el tema y quedé gratamente sorprendida. Ahora voy a poder contestar, educadamente y con la ciencia en la mano, a las bromas facultativas.

Es fácil entender por qué se ha creído que correr puede acelerar la artrosis de rodilla; aplicar repetidamente esa carga sobre la articulación puede degradar el cartílago que la protege. No obstante, los estudios muestran que, mientras que las rodillas estén lo suficientemente sanas y la musculatura que las sustente suficientemente fuerte, correr no aumenta sustancialmente el riesgo de desarrollar artrosis.  Lo cierto es que correr maratones, ultramaratones, ironmanes y demás salvajadas puede favorecer y/o ser causa de diferentes problemas y lesiones de rodilla, pero no de artrosis. Varios estudios han demostrado que los corredores de larga distancia tienen menos posibilidades de desarrollar artrosis, siempre y cuando partan de una articulación sana, sin deformidades o anomalías de ningún tipo.

Foto: vigorovea.net

A pesar de dichos estudios, a la mayoría de expertos les seguía resultando sorprendente que una actividad que genera un gran impacto sobre la articulación implique un bajo riesgo de artrosis. Andar se considera una actividad de bajo impacto con pocas probabilidades de contribuir a la degeneración articular y de hecho, muchos médicos recomiendan a sus pacientes más añejos que anden con el fin de mitigar el aumento de peso y de prevenir la artrosis. Un estudio publicado en Medicine & Science ha comparado la carga sobre la rodilla que se genera al correr con la generada al caminar una distancia determinada.  Para ello, los investigadores reunieron a 14 corredores aficionados, 7 hombres y 7 mujeres sin ningún problema de rodilla. Les pegaron marcas adhesivas reflectantes en piernas y brazos y les pidieron que anduvieran cinco veces a un ritmo confortable a lo largo de una pista de unos 1200 metros de largo. Del mismo modo, los voluntarios corrieron a lo largo de la misma pista cinco veces a su ritmo de entrenamiento habitual. Cámaras especializadas para capturar el movimiento y almohadillas que medían las fuerzas generadas cuando cada voluntario golpeaba el suelo se encargaron del resto. Los datos obtenidos de ambas actividades se analizaron y compararon.

Correr genera un impacto en la rodilla que equivale a ocho veces el peso del cuerpo del corredor, lo que supone el triple de fuerza que mientras anda, no obstante, se pisa el suelo con menos frecuencia ya que las zancadas son más largas y se necesitan menos pasos para cubrir la misma distancia. En resumen, corriendo, el vapuleo es más fuerte pero menos frecuente que caminando. Según los investigadores, la conclusión del estudio es que un corredor genera un mayor choque contra el suelo con cada zancada, pero choca menos veces que un caminante, así que la carga para las rodillas es equivalente y el resultado final a nivel de desgaste articular es equiparable.

Este hallazgo ofrece una explicación biomecánica muy convincente a la pregunta de por qué muy pocos corredores desarrollan artrosis en las rodillas, según opina para el New York Times, Ross Miller, profesor adjunto de kinesiología en la Universidad de Maryland y director del citado estudio. Afirma que correr y andar son esencialmente indistinguibles a efectos de desgaste del cartílago de las rodillas. Es más, el doctor Miller especula que los resultados del estudio sugieren que correr puede incluso ser beneficioso contra la artrosis porqué el cartílago asimila muy bien la carga cíclica que supone correr, refiriéndose a carga cíclica a la que se aplica a la articulación, se retira y se vuelve a aplicar de forma cíclica. En estudios con animales, la carga cíclica provoca que las células del cartílago se multipliquen y rellenen el tejido, mientras que la carga no cíclica o la aplicación continua de la fuerza, reduce el número de células del cartílago.

No obstante, hay situaciones en las que correr puede acelerar la aparición de la artrosis. Cuando existen deformidades articulares como el genu varo o genu valgo o cualquier anomalía de la estructura de la rodilla, que en sí mismas son  factores de riesgo para la artrosis precoz, correr acelerará su aparición. En realidad, el factor determinante no será el correr en sí sino la anomalía estructural que se agravará con dicha actividad.

Pero cuidadín!!! Que nadie vaya a pensar ahora que correr mejora la salud de las rodillas en todo su espectro. Hemos hablado de la artrosis pero lesiones, sobrecargas y demás problemas de rodilla hay tantos como corredores en el mundo, muchos de ellos causados o favorecidos por tan adorable actividad. Este artículo y los estudios mencionados no contemplan todos los males de rodilla pero si nos garantiza que la artrosis no va hacer acto de presencia antes en un corredor de larga distancia que en una persona sedentaria. Es más, el sedentarismo es mucho peor que correr ultramaratones a efectos de acelerar la aparición de la artrosis de rodilla.

Así pues, es un falso mito que las rodillas sanas se desgasten si corremos kilometradas inhumanas. Para aquellos que tienen unas rodillas sanas, les gusta correr lo que no está escrito y quieren seguir haciéndolo en sus años más canosos, pueden hacerlo sin miedo a terminar con una rodilla de titanio, aunque no estarán exentos de otras lesiones.