Terminar un Ironman es una de las mayores satisfacciones que un triatleta puede experimentar. Nada como una meta abarrotada en la que escuchar aquello de “Paquito, you’re an Ironman!” a todo volumen por los altavoces. Pero eso sí: tiene su coste. Y no solo monetario. A la semana siguiente te vas a querer morir.

En serio. ¿No nos crees? Pues prepárate para vivir estas situaciones tan dolorosas…

Bajar las escaleras

En su momento JuanP Vázquez habló de lo duro que era subir escaleras, pero es que yo iría un paso más allá y diría que hay algo peor que subir escaleras: bajarlas. La noche posterior a Challenge Roth tuve que bajar al servicio hasta en tres ocasiones y puedo asegurar que en una de ellas se me saltaron hasta las lágrimas. Pero hay más: tres días después aún me era más sencillo bajarlas dado la vuelta, mirando al frente, que hacerlo tirando de cuádriceps.

Si vais a hacer un Ironman, o cualquier otro larga distancia que no sea de la franquicia americana, aseguráos que en las siguientes 72 horas no vais a tener que bajar ningún peldaño. Para nada.

Agacharte a coger algo del suelo

Espero por vuestro bien que no seáis demasiado torpes y no se os caigan habitualmente cosas al suelo. Yo por desgracia, aparte de despistado, olvidadizo, calvo y con barba, soy un torpe que te cagas, así que me paso el día recogiendo botones, bolígrafos, papeles o monedas.

Hacerlo cualquier otro día del año no es mayor problema, hasta si bloqueas el core puede ser un pequeño abdominal gratuito, pero hacerlo los días posteriores a un Ironman… ¡ouch! duele y duele mucho.

Mirar tu cuenta bancaria

Pagar un Ironman no es cosa baladí. Si no habéis echado cuentas, dedicad seis minutos al vídeo que hicimos en su momento, el de cuánto cuesta Challenge Roth, y echaos a llorar. Si al gasto previo le añadís el que generaréis los días en que os desplazáis a competir, os van a entrar ganas de cortaros las venas con un cuchillo romo.

Salir del coche

El simple gesto de abrir la puerta, sacar una pierna, sacar un brazo, impulsarse con los cuádricps y salir del coche se vuelve un auténtico drama. El cuerpo tira de cada uno de sus músculos y solo quieres gritar de dolor.

Hay un truco para salvar tan dolorosa experiencia, aunque todo el mundo a tu alrededor pensará que te faltan cinco minutitos de microondas: sacar las dos piernas, agarrar la parte del techo que queda por encima de tu puerta, e impulsarte con los brazos, en vez de con las piernas. Ridículo, sí, pero efectivo.

Ponerte unos calcetines

¿En serio? Cómo va a costar ponerse unos calcetines… Pues sí: coges una pierna, la cruzas sobre la otra, tratas de estirarte para empezar a poner el pie dentro del calcetín… Y te das cuenta de que no llegas, que tira tanto tu cuádriceps cuando comienzas a elevar la pierna, que decides que lo mejor es ponerse unas sandalias. Y a tomar por saco. ¿Que hace frío? Pues mantita sobre los pies y arreglado.

Atarse los zapatos

Más de lo mismo: terminando un Ironman aprenderás que los cordones de los zapatos son completamente prescindibles. Donde estén unas pantuflas de toda la vida, que se quite cualquier otro tipo de calzado…