Dado que nuestro cuerpo es mayoritariamente líquido, compuesto por agua en un 60-70 %, el pH es de suma importancia para la bioquímica del organismo y, por tanto, para la salud y la enfermedad.

Todas las funciones orgánicas como la respiración, circulación, digestión y la producción de hormonas trabajan para mantener el equilibrio del pH, mediante la mayor o menor eliminación de residuos metabólicos ácidos o bien a través de otros mecanismos de compensación para que el nivel de PH se mantenga en un rango constante comprendido entre 7,34 y 7,45. Si el pH del cuerpo desciende por debajo de 7,35 hablamos de acidosis (se vuelve demasiado ácido) y si asciende por encima de 7,45 hablamos de alcalosis (se vuelve alcalino). Tanto si el PH está por debajo como por encima de estos límites, los órganos no funcionarán adecuadamente. De hecho, todos los organismos vivos del planeta funcionan en un pH equilibrado, razón por la cual los peces mueren en el agua ácida y las plantas no crecen bien en suelos excesivamente ácidos. Los seres humanos no somos diferentes en esto y nuestras células han de vivir inmersas en un medio  levemente alcalino para funcionar correctamente.

La respiración, la digestión y la producción de energía, crean metabolitos ácidos en todos los individuos. En los atletas además hay que sumar otros factores que acidifican el organismo como son los desequilibrios electrolíticos, la deshidratación, la tensión física y psíquica y dietas demasiado ricas en proteínas animales, almidones, azúcar, café, té, soda, leche, jugos y las bebidas energéticas. Todo ello conlleva que mantener un pH equilibrado sea más difícil para un deportista. Por ende, los deportistas notarán mucho más los estragos que provocan los desequilibrios del PH dado que, por nuestra actividad física incrementada, tenemos mayores demandas energéticas y funcionales.

El estrés físico derivado de los entrenamientos acidifica nuestro medio interno dado que los procesos de obtención de energía crean metabolitos ácidos. Y ni os cuento ya lo que ocurre en las competiciones de varias horas de duración, en las cuales el estrés metabólico es máximo y todas las vías metabólicas de obtención de energía funcionan a lo loco. Un cuerpo demasiado ácido crea un ambiente interno muy desfavorable para todas nuestras funciones predisponiéndonos a enfermedades,  ya sean infecciosas  o  autoinmunitarias, por mal funcionamiento del sistema inmunológico e incluso el cáncer.

Las células de nuestro organismo, en un medio ácido, pierden capacidad para captar el oxígeno de la sangre, transporte que a su vez se ve dificultado por la acidosis, lo cual aumenta la producción y acúmulo de ácido láctico y radicales  libres. La acidosis activa una serie de mecanismos de regulación para alcalinizar el PH, uno es aumentar la tasa de eliminación de los metabolitos ácidos y otro mediante la neutralización del exceso de ácido con minerales. Para ello, extrae calcio y magnesio de los huesos, acción denominada “Buffer” para neutralizar el medio. El agotamiento de estos minerales afecta a una gran variedad de funciones del cuerpo que son vitales para los atletas, entre ellos la obtención de energía y la recuperación.

El equilibrio del calcio y magnesio

Lo minerales más importantes para neutralizar el ácido son el calcio y el magnesio. Aunque el calcio es generalmente considerado el mineral más importante, se ha demostrado que los niños y adultos de ciertos países y culturas con dietas bajas en calcio sufren menos fracturas y menor incidencia de osteoporosis que la del promedio de América y Europa, cuando en realidad se esperaría lo contrario por ingerir menos calcio. Este fenómeno está relacionado con el equilibrio calcio y magnesio que en la dieta típica occidental es inadecuado con aportes elevados de calcio pero muy insuficientes de magnesio.

El magnesio es uno de los elementos más importantes en el cuerpo y el mineral clave de la nutrición deportiva. No sólo es crucial para la absorción y uso del calcio sino para las vías de obtención de energía, para aumentar la eficiencia metabólica,  el consumo de oxígeno, la fuerza, potencia y resistencia musculares. La frecuencia cardíaca es un parámetro críticamente dependiente de los adecuados niveles de magnesio. Además ayuda a mantener una correcta hidratación, a la recuperación muscular y a tener un sueño eficiente y reparador.

Alrededor del 70% de las personas no consumen la cantidad diaria recomendada de magnesio y para un atleta que pierde magnesio a través del sudor a un ritmo mucho más rápido, las reservas de este mineral se pueden agotar seriamente. Es por eso que es recomendable suplementos de magnesio y calcio para los atletas y deportistas en general.

Uno de los productos que usan atletas de élite son baños relajantes con sales de magnesio. Esto relaja los músculos y es un desintoxicante natural, eliminando las toxinas del cuerpo que se han acumulado con un intenso entrenamiento o en competición.

La Dieta Alcalina

La dieta alcalina está basada en alimentos que dejan altas concentraciones de minerales una vez digeridos. Son sobre todo de origen vegetal. Los que además aportan altas dosis de antioxidantes,  enzimas y fitonutrientes. Los alimentos de origen animal dejan mucho más carga de residuos ácidos una vez digeridos.

La limitación de los alimentos ácidos y el aumento de los alimentos alcalinos pueden ayudar a contrarrestar la acidosis, pero desafortunadamente, debido a las prácticas agrícolas modernas y el uso de herbicidas, pesticidas y fertilizantes comerciales, la mayoría de alimentos vegetales supuestamente alcalinos ya no lo son tanto.

No hay que obsesionarse

Tampoco se trata de obsesionarse y psicotizarse con el tema de la acidosis, radicales libres, dietas ácidas y alcalinas, etc. porqué la verdad es que si uno se pone a pensar en lo que ocurre en el organismo cada vez que entrenamos, que competimos, que comemos carne, vegetales NO ecológicos o incluso que respiramos el aire que nos rodea o bebemos agua del grifo….entraríamos en estado de pánico y nos daría un patatús. Cierto que estamos rodeados de contaminación y de incontables sustancias nocivas, tanto en el medioambiente como en la alimentación y en cualquier sitio dónde miremos pero nuestro cuerpo es muy sabio, ha aprendido y se ha adaptado a vivir en nuestro medio y ha desarrollado un sinfín de mecanismos de compensación para contrarrestar los efectos perjudiciales de los agentes nocivos a los que nos enfrentamos cada día. Esto no significa que no debamos estar informados y saber cómo ayudar a nuestro organismo a compensar estas alteraciones, eso sí, sin caer en obsesiones.