Disfrutar del camino… 

Mientras redacto estas líneas, y repasando un par de semanas, han pasado un montón de cosas en mi vida, si les presto atención.

Otro triatleta confía en que puedo ayudarle. Comienza la primavera. Retomo la planificación de entrenamientos con un alumno que hace un tiempo que no está muy motivado para correr. Yo mismo retomo los entrenamientos después de un par de semanas un poco vago. Sí, sí. Después de un maratón a veces le dejo a mi cuerpo que tome las riendas unos días.

Además, justo ahora, Europa se desmorona como “unión” y aquí en España seguimos sin presidente del gobierno. La incertidumbre tiene muchas formas. Y nuestra elección es darle bola o no. Justo en el momento que redacto esto leo que es el Día Internacional de la Felicidad. ¿Complejo, eh? Con lo fácil que puede ser la felicidad para algunos e inalcanzable para otros. Arranca la Primavera.

El caso es que de algunas conversaciones estos días ha surgido el tema de estas líneas. ¿Qué valor le damos a nuestra practica deportiva? Concretamente, ¿qué valor damos a nuestros logros?

Conversaciones con tu colega triatleta tras lograr una medalla

Un café o una conversación con un colega triatleta:

¿Qué planes tienes? ¿Qué estás preparando? ¿Cuál es el siguiente reto?

Y cada uno respondería:

2 Sprints y 1 Olímpico. Mi primer Half. Un IM. Una Ultratrail. El Maratón de noséqué… Sables, un Ultraman.

¿Os suena? No voy a bromear. Ya sé que hubo un tiempo en que hacer un maratón era la leche. Y ser triatleta y entrenar tres disciplinas era la re-leche. Pero hoy, en pleno boom de los deportes de resistencia y las redes sociales, todo es poco. Ahora ser finisher de nosecuántos noséque es una birria porque resulta que los blogs, las redes sociales y las revistas especializadas nos hablan de unos tipos que si no encuentran el límite en la tierra, lo van a buscar en Marte, Júpiter o Plutón.

¿Sabéis qué? Me empalagan algunas de esas historias.

Pero no porque no tengan mérito, ¡ojo! Sino porque en esa taradura (de tarados *con todo el cariño) en la que vivimos, a veces tengo la sensación de que hay gente que se pierde. Se pierde cosas geniales o simplemene se pierde. Gente común (como tú y como yo) que hace cosas espectaculares y le resta importancia o las reduce a la anécdota.

Este tweet lo encontré en el muro de Marc Roig, y quita importancia a acabar un maratón. ¡Vale! ¿Sabes cuanta gente muere sin saber lo que se siente al cruzar la meta de esos 42,195 km? Pues si eres uno de los que sabe qué se siente porque lo ha vivido eres la re-leche. ¡Te lo aseguro! ¿Un triatlón de larga distancia? ¡Vales muuuuucho!

A veces cuando me encuentro con alguien desmotivado o que le quita importancia a sus logros pienso… ¿Qué ha pasado aquí?

La mayoría de los que leéis esto (¿Me pregunto cuantos lo leen?) pertenecemos a este afortunado primer mundo. Abrimos el grifo de la ducha y… ¡sale agua caliente! Sí, sí. Agua caliente. Eso es una pasada para un % de población mundial que no nos imaginamos. ¿No lo habías pensado nunca?

Pero no solo eso. Nos gusta entrenar. Podemos disfrutar de nuestro tiempo libre con una bici mejor o peor. Gozamos en una piscina climatizada. O corriendo en un entorno genial. En plena naturaleza ¿quizá? Tenemos hobbies o aficiones. Y tenemos otra suerte. El deporte nos permite que a nuestra vida no le falten retos. Ya hemos hablado en algún post sobre cómo hemos de elegir esos retos.

Pero el hecho, es que esos retos nos ponen en el camino de afrontarlos, prepararlos, no solo físicamente, y conseguirlos. ¿Cuál es nuestra motivación para ello?

A esa pregunta ni si quiera plantearé opciones, porque la respuesta es sólo tuya.

Motivación, éxito,… también importan en triatlón

El mundo de la psicología ha investigado durante décadas para saber sobre la forma en que definimos el éxito. La Teoría motivacional de las Metas de Logro, viene a decir que somos un sujeto intencional que actúa de forma racional hacia un objetivo o meta. Elegimos, en teoría, retos en los que somos hábiles para ser competentes. A veces se nos va un poco la cabeza, puede ser… Nuestras motivaciones profundas pueden tener distinto origen. Y nuestro entorno y el clima motivacional en que vivimos también afecta.

¿Has conseguido los retos que te has propuesto?

En tu vida como triatleta hay unas cuantas camisetas de finisher. Algunas medallas. Muchas de ellas francamente bonitas. O quizá importantes. Pero, ¿dónde están? ¿Qué valor tienen? ¿Qué lugar tienen en tu vida? ¿Están en un cajón?

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Te aconsejo que hoy las busques. Las toques. Las mires. Sólo tú sabes la historia que cada una de ellas tiene. No. No sólo de aquel día de competición en el que sufriste o disfrutaste más o menos. Lo que quiero es que te plantées cómo fue el camino. Los meses previos. Los días de madrugar para nadar o trasnochar para correr. La sesiones de carretera o rodillo. Todo. Todo eso que solo tú conoces. Las personas que han estado compartiendo tu vida a tu lado y sosteniendo contigo tu ecosistema para que entrenes. O entrenéis. Si tu pareja también hace deporte sabes de qué hablo.

¿Cómo fue el camino?

¿Sabes? Ahora sí que me puedo permitir hablarte como si te estuviese mirando a los ojos, en este mismo instante. ¿Has disfrutado el camino? Y si no es así, ¿a qué esperas?

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Si no estás disfrutando de todo esto, algo falla. Si Strava o tu pulsómetro tienen más poder que las sensaciones que te proporciona este deporte, quizá hay algo sobre lo que reflexionar.

Si los retos o logros de los otros le restan brillo a los tuyos es que ahí hay algo a repasar.

La mejora continua no tiene fin. Persíguela. Siempre queda un poco más por hacer. Un aspecto técnico, físico o mental que mejorar. ¿Límites? Claro que existen. Muchos. Pero es entrenando donde consigues desplazarlos un poquito más allá.

Mira de nuevo esa medalla. Sal. ¡Entrena! …Disfruta el camino.