Hace unas semanas nos hacíamos eco del último ranking de ingresos elaborado por Challenge Family. Según los datos de la organizadora alemana, Mario Mola y Daniela Ryf habrían sido los triatletas con más ingresos por premios de esta temporada, teniendo en cuenta que se incluyen los emonumentos recibidos por pruebas ITU, Challenge, Ironman y Super League Triathlon.

Con el listado definitivo en la mano, hoy querernos preguntarnos en cuál de las dos distancias puede ganarse mejor la vida un triatleta: si en corta, o en larga, teniendo en cuenta que del TOP10 hay equidad: cinco triatletas específicos de corta, y otros cinco de media y larga. En el caso de las chicas, la situación es similar: también cinco y cinco.

Mario Mola ha necesitado disputar todo el circuito de las Series Mundiales para acumular 199.500 dólares en premios. Esto son, por tanto, ocho pruebas. A diferencia de otras temporadas, en este 2018 ha decidido no ausentarse de ninguna de las carreras. Esto supondría una rentabilidad por carrera de 24.937,5 dólares.

El segundo clasificado, Vincent Luis, se movería sin embargo en unas rentabilidades bastante más bajas. Su ingreso neto ha sido de 159.300 dólares, pero teniendo en cuenta que ha tenido que disputar hasta once pruebas del circuito ITU (entre Series Mundiales, pruebas por relevos y campeonatos nacionales) y otras dos pruebas de la Super League Triathlon, en la que resultó ganador, su rentabilidad se reduce hasta los 12.253 dólares, algo menos de la mitad.

El primero de los triatletas de larga distancia que aparece en el listado es Patrick Lange. El flamante Bicampeón del Mundo de Ironman ha atesorado en esta edición 134.485 dólares, pero teniendo en cuenta que apenas ha competido en cinco pruebas susceptibles de suponerle ingresos. Y máxime cuando es la propia carrera de la Big Island la que le ha proporcionado la gran parte de ingresos de este año: hasta 120.000 dólares se lleva el ganador del Campeonato del Mundo. Tal que así, su rentabilidad por prueba es de 26.897, casi dos mil euros superior a la de Mario Mola.

Si cogemos el caso de otro alemán, Jan Frodeno, se confirmaría una tendencia clara. Para ingresar 90.000 euros ha necesitado únicamente cuatro pruebas: Ironman 70.3 Oceanside, Ironman 70.3 Kraichgau, Ironman Frankfurt y el Campeonato del Mundo de Ironman 70.3. Es decir, su rentabilidad por prueba ha sido de 22.500 dólares. Ni Richard Murray ni Henry Schoeman, los dos triatletas de corta que tiene inmediatamente por encima en el ranking, se acercan ni de lejos a esas cifras.

En el caso femenino la situación vendría a ser más o menos similar: Daniela Ryf, con 201.000 dólares, ha logrado una rentabilidad superior a los 40.000 dólares, ya que ha disputado cinco pruebas. Sin embargo, Katie Zaferes, la segunda clasificada, ha necesitado diez pruebas ITU y dos de Super League Triathlon para acumular 177.400 dólares. A razón de 14.783 dólares por prueba.

Menos costes y más acceso a patrocinadores

Está claro que aunque sean de una menor exigencia física -o al menos se tarde menos en recuperar- un triatleta de corta necesita correr más pruebas para acceder a las mismas cifras de ingresos que uno de larga distancia. Con dos añadidos interesantes además: Por un lado, además del volumen de ingresos, hay que valorar el volumen de costes al que tienen que hacer frente.

Considerando constantes para ambas distancias gastos como pueden ser el del entrenador, o las sesiones de entrenamiento fuera del entorno habitual (pretemporadas en altura, zonas de mejor temperatura, etc…), la larga distancia es más asumible en cuanto a infraestructura que la corta: menos viajes a lo largo del año. Por otro lado, los elite de larga distancia tienen más repercusión mediática de la que pueden tener los de corta, lo que a mayores puede suponer mayores ingresos por patrocinadores.