Hoy es de esos días en los que competir te da mucha pereza. Ayer salí con la bici a hacer una hora y media que la verdad, no fueron agradables: el viento era muy incómodo, lo que me hacía ir más lento de lo normal (había tramos en los que el garmin me marca quince kilómetros por hora en llano), lo que al mismo tiempo me preocupaba porque lo achacaba a partes iguales a un bajo estado de forma (creo que en el fondo infundado) y a un mal estado de la bicicleta por el uso periódico.

Así que me volví para casa con malas sensaciones. Si es esto le sumas que esta semana llevo acumuladas diez horas de entrenamientos y que apenas he descansado tras el maratón, el punto de partida para el duatlón de hoy era la antítesis de la idoneidad.

Total, que me levanto a las siete de la mañana, asomo la cabeza por la ventana y lluvia y frío. Miro el tiempo en internet y dan para Cerdanyola rachas medias de viento de 25 kms/h. Genial. Putas ganas, oigan. Desayuno desganado, me visto, preparo las cosas y me marcho en el coche. Llego a las ocho y cuarto y apenas hay gente. Aparco con facilidad, saludo a gente del club. Tengo serias dudas de que el tramo de bici vaya a disputarse, pero Gary y Lolo me conforman que sí: se elimina el tramo de subida a Medicina, y se hacen tres vueltas en vez de dos.

Me encuentro con Oriol. Salimos a calentar por la parte baja del parque tecnológico -donde hacemos las series los martes y jueves- y no me encuentro nada bien. Me duelen los tibiales de ambas piernas, tengo revuelto el estómago y empiezo a calarme por la lluvia, que no cesa.

Vemos la primera vuelta de las chicas -a ritmo de 3’20”-, otro trote, y a la salida. Nos juntamos Buisán, Joaquín, Oriol, Xavi y yo. Xavi dice que viene a entrenar, que ha dormido tres horas. A Oriol se le ve con ganas. Arrancamos y tengo la sensación de que se está saliendo muy fuerte. No miro el Garmin, prefiero tirar de sensaciones, sabiendo que más o menos mi cuerpo regulará e iré entorno a 4’00” y 4’15”. Me doy cuenta de que me da absolutamente igual hacerlo bien o mal, así que me despreocupo. Oigo a Xavi hablando por detrás. Oriol se va y yo me quedo estancado entre tres corredores más lentos. No puedo seguirle. Egoístamente pienso que como siempre empieza fuerte, lo mismo luego bajará ritmo y podré recuperarle. Al entrar en el tramo de tierra me doy cuenta de que no va a ser así, me continúan doliendo los tibiales, no voy a poder forzar y Oriol continúa distanciándose. Sabiendo que en bicicleta es más rápido que yo, me olvido de superarle.

El tramo de tierra es jodido: con la lluvia se ha convertido en barro y voy resbalando constantemente. Echo un vistazo al garmin, y voy en mi línea, así que bien. Salimos del barro a falta de un kilómetro y medio. Pierdo peso en las zapatillas y empiezo a sentirme un poco mejor. Los voluntarios, gente del club, no paran de animarnos. Empiezo a adelantar gente y me veo con ganas. Me siguen doliendo los tibiales, pero me encuentro más fino. Me cruzo con Oriol que me saca unos veinte segundos. Aprieto en la recta de entrada a boxes. Al final, hago el primer tramo en 20’37”. Bien.

Hago transición rápida pero cuando me voy a subir a la bici, veo que se ha salido la cadena. Pierdo unos veinte segundos. Arranco y relajo las piernas. El último kilómetro de carrera a pie me ha dejado tocado, y me apetece recuperar sin perder ritmo. Cojo un grupo en el que voy liviano. Entramos en la primera subida del Sincrotón y sufro. Me adelantan algunos corredores. Intento no perder comba y lo consigo. Al llegar arriba del todo, recupero posiciones. Me doy cuenta de que me va a salir un buen tramo de bici. Llega Sergi muy rápido y me uno a él. Alcanzamos a un grupete de cuatro o cinco, y vamos con ellos lo que queda de la primera vuelta, y la segunda.

En la tercera, aprieto. Sergi se queda atrás y sigo adelantando gente. Sinceramente, me gusto. Hago una salida de la bici casi perfecta, y me calzo las zapatillas rápido. Miro el garmin de manera instintiva, pero sin asimilar qué tiempo he hecho. Salgo corriendo bien y sigo adelantando gente. En la primera cuesta empiezo a equilibrar. Veo un compañero del club -que me había adelantando en la primera vuelta del tramo de bici- a unos cincuenta metros. Aprieto, pero vuelven a dolerme los tibiales, sobre todo el izquierdo, así que bajo y le tomo como referencia. Queda el tramo de tierra -en el que voy a volver a resbalarme- y luego dos rectas de asfalto. Quizás puedo alcanzarle ahí. Y si no le pillo, tampoco pasa nada.

Me duele bastante pero al entrar en el tramo de asfalto estoy apenas a diez metros. Aprieto y le adelanto, junto a otro grupete de seis personas, a falta de quinientos metros. Mantengo ritmo, sabiendo que el miniobjetivo está conseguido. Entro en la curva de la cuesta final viendo las estrellas, pero doy lo poco que me queda dentro, parando el crono en 1h07’09”. Bien. Me duele todo. Me tiemblan las piernas y tengo mucho frío. Me doy cuenta de que estoy tirirando. Saludo al presi, a Rafa, Joaquín y demás gente del club, pillo la bolsa del corredor y me piro para casa. Solo quiero meterme en la ducha y en la cama a coger temperatura.

Esta semana debería descansar un poco más de lo que vengo haciéndolo últimamente. Quedan tres semanas para el maratón de Madrid, y para la temporada de triatlones, e intuyo que estoy entrando en la reserva. Cuidado.