Cuando acabé el Ironman 70.3 Barcelona hace poco más de tres semanas, bajo ningún concepto pensé que en breve me pondría a escribir el libro de autos de otro Half. De hecho mi intención era repetir en septiembre. No sabía dónde, pero tenía claro que después de un buen verano de entrenamiento, nos animaríamos de nuevo con la distancia 113. Pues no. Los triatletas somos así. No nos hemos recuperado ni física ni mentalmente de una paliza y ya estamos pendientes de coger el móvil y buscar otra prueba a la cual acudir. Aunque he de reconocer que aquí me buscaron a mí. Mi amigo Javier Alcalde me tentó con Ecotrimad 2015 y me encontró. Vamos, que tampoco me tuvo que convencer mucho. Me hice una analítica para ver que estaba todo en orden después de mi primer medio ironman y como todo salió perfecto, pues ahí estábamos, en la línea de partida de otra carrera apasionante. Buitrago de Lozoya y los increíbles paisajes de la sierra norte de Madrid nos esperaban.

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La duda que tenía era cómo reaccionarían mis piernas después de Calella. Iban a ser dos carreras muy exigentes, ambas con +1200m de desnivel en la bici y sobre todo con la ½ maratón de Buitrago que tenía fama de ser durísima, aunque este año la habían suavizado. No quiero ni imaginarme cómo sería ediciones atrás. Para morirse. Amaneció un día perfecto. Máximas de 18 grados nos esperaban. Ideal para disfrutar. Me sofoco sólo con pensar cómo habría sido la carrera con los más de 30 grados que tuvimos en Madrid la semana pasada. Y encima la salida era a las 12:00 por lo que la bici y la carrera se habrían convertido en auténticos infiernos en plena hora central del día. Llegamos a Buitrago a las 09:30. Esta vez me acompañó mi padre. Hemos cambiado el fútbol por el triatlón. Quién nos los iba a decir hace unos años. Allí había quedado con Javier y para mi sorpresa me encontré con Mario, uno de tantos amigos que me ha dejado el fútbol. Hacía mucho que no sabía nada de él. Un crack el tío. De mi estirpe. En un partido benéfico que jugamos un día le expulsaron a los 30”. Poco más que añadir sobre su carácter.

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Recogimos los dorsales y nos fuimos a la zona de boxes. El enclave era espectacular. La natación la íbamos a hacer en el embalse de Puentes Viejas. Después de las buenas sensaciones que tuve nadando en Calella, tenía ganas de repetir. Pues bien, aquí fueron malas. Se me hizo eterna la distancia. A las 12:00 salía la élite y a las 12:20 nuestro grupo de edad. El agua estaba bastante fresquita, aunque la organización dijo que la temperatura era de 21,6 grados. Justo antes de la salida empecé a tiritar como mis hijos cuando llevan una hora en la piscina. No sé si nervios o frío. Yo creo que lo segundo. Los primeros metros hacia la primera boya se me pasaron muy rápidos. Nadé bien, cómodo, con el grueso central del grupo. Giro a la izquierda y rumbo al fin del mundo. Se me hizo eterno. Empezó a sentarme algo mal, no sé si el plátano que me comí una hora antes de la carrera o el qué, pero no iba nada bien. Y encima empecé a pensar que todavía me quedaba muchísimo. No llegué a agobiarme, pero sí que me dio mucha pereza nadar los 1900 metros. Por suerte al final encontré unos buenos pies que me llevaron en volandas a la transición. Salí del agua con dolor de cuello y algo mareado. Mi padre me dijo que llevaba muy mala cara. Es lo que tiene el triatlón, hay días buenos y otros no tanto. Pero lo importante es superar los malos momentos. Saber sufrir y recuperarse, sobre todo en carreras tan largas.

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Hice la transición tranquilo, todavía no sé el tiempo oficial del sector de natación ( no han salido las clasificaciones) pero yo creo que rondaría los 38 ó 39 minutos. Cogí la bici y rumbo al paraíso. Para los que nos hemos criado en la Sierra de Madrid el poder hacer 80 kilómetros por estos parajes sin tráfico, sin tener que ir pegado al arcén y con esta naturaleza, es un auténtico lujo. Por eso una vez más volví a disfrutar muchísimo en este sector. Tuve mejores sensaciones que en Calella. Cada vez tengo más fuerza y cada carrera que corra iré mejor. El recorrido era muy exigente. Continuos toboganes que hacía muy difícil coger un buen ritmo. Pueblos de la sierra pobre de Madrid nos iban a recibir con los brazos abiertos. Medio pueblo animando. Sí, digo medio pueblo porque algunos no llegan a los 100 habitantes. Paredes de Buitrago, Robledillo de la Jara, Berzosa, Cervera de Buitrago o Serrada.

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El objetivo era no pasar de 140 ppm. Tenía muy en mente la ½ maratón. Quería quitarme la espinita de Calella donde tuve problemas de fuerza en los últimos 3kms. La carrera es mi fuerte y quería hacer un buen papel. Me tomé la bici con calma. Disfrutando del paisaje, de las bajadas, de las subidas y también como no sufriendo. Porque había alguna rampa donde había que tirar de riñones porque sino aquello se ponía muy complicado. Pero como siempre digo, disfruto con este tipo de circuitos. Aunque después de estas dos experiencias, estoy deseando coger un recorrido llano, acoplarme y saborear esas sensaciones de ir muy rápido. El siguiente Half que haga será así. Creo que con una bici llana y carrera a pie favorable, como la de Calella por ejemplo, puedo hacer una muy buena marca. Veremos en septiembre.

Las dos vueltas al circuito se me pasaron volando, aunque fui un poco a ciegas ya que el Garmin me dejó tirado sin localizar satélites en el kilómetro 9. Después, antes de llegar a la transición para la carrera, decidí apagarlo y encenderlo a ver si así lo localizaba con tan mala suerte que me hizo una pregunta. Ponía algo así como “datos de usuario”, no le di mucha importancia y le di que SÍ. ¡Bingo! Había reseteado todo el reloj y camino de Buitrago me empezó a hacer múltiples preguntas: edad, sexo, altura, deporte, franja horaria… y yo mientras sorteando badenes y subiendo cuestas. Por lo menos pude dejar listo el reloj para la carrera que ahí si me gusta ver los ritmos. Hice la bici aproximadamente en 2h35´haciendo la cuenta de la vieja.

Transición rápida. Me metí todas las pastillas de sales que me habían quedado de la bici en el mono, varios geles y rumbo a los 21kms. Antes de la salida, Ramiro, uno de los organizadores amigo de Javier, nos dijo que ojito con los primeros 3 kilómetros que eran durísimos. Y así fueron. Salida de la transición con una subida bastante fuerte giro a la izquierda y unas escaleritas para subir a un puente y cruzar la carretera. Con las piernas cogestionadas de la bici, esos escaloncitos no hacían mucha gracia que digamos. Rumbo al colegio donde habíamos recogido el dorsal y salida en paralelo a la A1. Al campo. Aquí empezaron a llegar los problemas. Me di cuenta rápidamente que me había equivocado de zapatillas. En el briefing ponía 50% asfalto y 50% pista. Lo que no pensaba era que esa pista iba a ser con tramos donde había bajadas y subidas durísimas lleno de piedras que hicieron que mis Adidas Ultra Boost me dieran un toque de atención: “Emilio hijo, dónde nos has metido”. Sin grip y con la tecnología de las Ultra Boost para volar en asfalto, tenía que hacerme 21kilómetros que iban a convertirse en un infierno. Y más si cabe cuando en una bajada piso mal, me falla el apoyo del talón y me pega un latigazo la rodilla que me deja seco. Parte externa y tendón rotuliano. Dolor, mucho dolor. Así hasta el final.

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Subiendo me dolía menos, pero bajando era casi insoportable. Cada vez que apoyaba el pie veía las estrellas. Me dio rabia porque había guardado bastante fuerza en la bici para apretar aquí, pero no iba a poder ser. En el kilómetro 6 me encontré a Javier. El tío iba fresco como una lechuga. Intenté seguirle, pero la rodilla no me dejaba. Era imposible. Tenía que marcarme un ritmo cómodo, no doblar mucho la pierna y que pasaran los kilómetros. Así hasta la meta.

Se me hizo largo. Mucho camino, nada de gente, paisaje bonito, pero nada que ver al calor humano que había en Calella donde te llevaban en volandas. Al final salvé los muebles. Me salió un tiempo de 01h57´36”. Un minuto y medio más que en Barcelona. Teniendo en cuenta que era un recorrido bastante más duro, las zapatillas y el dolor de rodilla, era para estar muy satisfecho. Entré en meta con un tiempo de 05h35’15”. Estaba destrozado, pero muy feliz. Todavía no hace un año desde que debutara el pasado 31 de agosto en Palencia, en un triatlón sprint. Ahora puedo decir que con 4 hijos, habiendo nacido el último el 19 de marzo, con todo lo que ello conlleva, he sido capaz de entrenar, sacrificarme, sacar huecos donde no los había, madrugar, trasnochar, todo para estar donde estoy ahora mismo. En algo menos de un mes he corrido dos carreras tan exigentes como el Ironman 70.3 Barcelona 2015 y este Ecotrimad, que además ha sido el Campeonato de la Comunidad de Madrid de Triatlón de Media Distancia. No me gusta echarme flores, pero hoy sí me voy a echar unas pocas. Sólo yo sé lo que he sufrido para poder sacar adelante estas dos pruebas. Como diría Michel tras aquel Hattrick a Corea del Sur en el Mundial de Italia 90: ME LO MEREZCO.

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