Édgar Buch es un niño guatemalteco que saltó a la fama el pasado mes de abril por su gran pasión por el ciclismo, la misma que las condiciones de pobreza en las que vive. Édgar es un niño de 12 años, el quinto hijo de una mujer que saca adelante a sus hijos trabajando en el campo con la ayuda de su madre, y que vive en Patzicía, lugar de origen de grandes figuras del ciclismo nacional en Guatemala. Su casa evoca la realidad de miles de niños en todo el país: sin agua potable ni energía eléctrica y sin colegio. El ciclismo en estas condiciones está al alcance de muy pocos.

Todo comenzó cuando un vecino le avisó que muy cerca su casa se iba a disputar una prueba ciclista de 5 kilómetros y, sin pensarlo dos veces, ni avisarle a su madre ni a su abuela, cogió la bicicleta de su hermano mayor para participar en la carrera. Sin nada que perder, Édgar pedaléo tan rápido como pudo, y despertó la atención de muchos espectadores de la prueba, hasta cruzar la línea de meta en la tercera posición. Antes de competir, Édgar había ido a trabajar como todos los días, con su ropa de trabajo y sus botas, y se unió en la salida al resto de ciclistas, como uno más. La prueba tenía como objetivo motivar a los niños de la zona a practicar ciclismo, y como puede verse, lo consiguió con creces. No contar con ropa de ciclismo ni con zapatillas adecuadas no fue impedimento para que Édgar mostrara su amor por este deporte y recorriera con toda su ilusión los 5 kilómetros hasta meta.

Édgar Buch

Foto Prensa Libre: Cortesía Nery Ajsivinac

El pequeño Édgar es un niño tímido y de pocas palabras, hasta el punto que tardó en contarle a su familia lo que había ocurrido en la prueba. El impacto de lo que había hecho horas antes podría cambiarle la vida y hacer realidad su sueño de convertirse en ciclista.

Édgar Buch

Foto Prensa Libre: Cortesía Nery Ajsivinac

Al conocer su caso, la Asociación de Chimaltenango, miembro de la Federación Nacional, le regaló parte de la equipación que necesita para correr y lo incorporó, de forma gratuita, a su equipo juvenil, para que pueda desarrollar todo su potencial como ciclista.

Édgar Buch

Foto: Federación guatemalteca de ciclismo

Se le hizo la invitación para federarse y entrenar con los ciclistas de la Asociación de Chimaltenango. También se le prometió una bicicleta de montaña nueva, gracias al esfuerzo de varias instituciones. A partir de ahora, esperemos que la suerte le sonría al pequeño Édgar, y pueda seguir con la misma pasión por el ciclismo como hasta ahora. Una historia que, sin duda, nos recuerda el caso de Maximino Contreras, un campesino de 57 años que con sus bici de acero y sin equipación alguna, quedó segundo en la carrera de mayor altura de Mexico. Y nosotros preocupados a veces porque no tenemos cambio electrónico o discos de freno en nuestras bicis. Realmente son historias que te hacen plantearte muchas cosas.

Fuente: publinews.gt