Todos hemos oído hablar del umbral anaeróbico, y más en triatlón de larga distancia; es ese umbral a lo largo de una prueba  en el que, por muy controladas que tengas tus pulsaciones, lo sobrepasas y la necesidad de energía sobrepasa a la capacidad del sistema aeróbico para generarla. Ahí, de pronto viene una cuesta, o no quieres perder comba con otro atleta, o buscas aumentar el ritmo y la demanda energética se dispara y nuestro cuerpo, que otra cosa no, pero listo es un rato, tira por la vía del medio: la glucólisis anaeróbica.

¿Qué carajos es eso?

Pues la glucólisis anaeróbica aporta rápidamente el ATP necesario para abastecer este incremento de la demanda energética gracias a la transformación de glucosa en ácido láctico. El problema es que éste es un hidrato de carbono parcialmente utilizado y que cuando se acumula en nuestros músculos, acidifica las fibras musculares, lo que genera algunos problemas. Dos, para ser más exactos.

En primer lugar, se inhiben determinadas enzimas que están encargadas de romper la molécula de glucosa con la que se obtiene energía, así que empezamos a perder capacidad de movimiento (al dejar de haber energía, claro). En segundo lugar, se impide que el calcio se una a la fibras musculares, lo que acelera la aparición de nuestros queridos amigos los calambres.

¿Y cómo se puede evitar la aparición del ácido láctico? Pues de dos maneras: la primera es el entrenamiento, no hay más tu tía: entrenar, entrenar y entrenar. Y sobre todo, hacerlo a alta intensidad, tal como indica Chris Carmichael en su libro Entrenamiento del ciclista. En la medida en la que enseñes a tu cuerpo a vivir por encima del umbral anaeróbico, éste irá subiendo y nos encontraremos que cada vez está más alto y más podemos trabajar en zona anaeróbica, donde no hay riesgo de tener problemas con el ácido láctico.

Por otro lado, están los suplementos. La creatina en cápsulas de Multipower, por ejemplo, es muy útil en deportes de resistencia. La creatina es un complejo de aminoácidos compuesto por glicina, arginina y metionina, tres aminoácidos esenciales que nuestro cuerpo es incapaz de producir y que nuestros músculos necesitan. Si nos acostumbramos a tomar una cápsula antes y después de los entrenamientos mejoraremos la fuerza máxima e incrementaremos la explosividad y potencia, mejoraremos los cambios de ritmo y, y aquí viene lo que comentábamos, ralentizaremos la aparición del ácido láctico.

La creatina ayuda además a ganar volumen. Sobre la posología, conviene tomar 20 gramos al día, en cuatro tomas de cinco gramos, durante la primera semana. Ésto es cargarse de creatina. En competición de larga distancia, si además lo combinas con 100 gramos de carbohidratos, mejor, dado que esto genera una necesidad de insulina que lanza la creatina a los músculos. Igual de eficaz es tomar cada dosis de creatina con 50 gramos de carbohidratos y 50 de proteínas.

A partir de aquí, se recomiendan tomar 3 cápsulas después del ejercicio con el objetivo de recuperar mejor la musculatura y asimilar este aporte de creatina extra durante un mes.