Hace unos días hablábamos de cómo programar nuestro cuerpo para quemar grasa. Hoy nos vamos a centrar en uno de los tres segmentos del triatlón, el ciclismo, y ver cómo podemos aplicar ese entrenamiento en ayunas.

Dos maneras de implementar el entrenamiento en ayunas

Hay dos maneras fáciles e inteligentes de implementar el entrenamiento en ayunas en nuestra rutina. La primera de ellas, y bastante de perogrullo, es comenzar los entrenamientos lo antes posible tras una noche de descanso.

Los entrenamientos en ayunas son más sencillos de hacer a primera hora de la mañana: tras unas diez o doce horas de descanso y de no haber hecho ninguna ingesta de glucógeno, nuestro cuerpo aún tiene reservas como para asumir un entrenamiento de entre una hora y una hora y media. A partir de ahí, llegará la sensación de fatiga, momento que podremos emplear en, por ejemplo subir un pequeño puerto, en el que vamos a tener que dar lo máximo de nosotros. Dado que el cuerpo no tiene ya reservas suficientes, comenzará a tirar de la grasa y nos permitirá entrenar otro buen rato.

Cuando llegue este momento de falta de glucógeno, hay que ser consciente de que estamos en el momento en que comenzamos a perder grasa, y no tener miedo a que nos esté dando una pájara.

Foto: Flickr // Phillip Wong

Foto: Flickr // Phillip Wong

La segunda manera de implementar el entrenamiento en ayunas es hacer dos sesiones en un mismo día. Si eres de los que no saben entrenar por la mañana, o que no puedes darlo todo al alba, probablemente esta sea tu mejor opción.

Por la mañana, antes de desayunar, haz un entrenamiento de unos treinta minutos. Luego, por la tarde, completa tu entrenamiento de mayor intensidad en el que incorpores series por encima del umbral. Si este tipo de entrenamientos puedes hacerlos tres veces por semana, sería perfecto.