Cameron Wurf se bajaba de la bici en Ironman Sudáfrica con casi siete minutos de ventaja sobre Josh Amberger, su principal perseguidor. Sin embargo, en meta terminaba cuarto a otros siete de Kyle Buckingham, a la postre ganador de la prueba. Ya le ocurrió en la edición de 2017. Entonces fue Ben Hoffman quien le adelantó en el tercero de los segmentos.

En el Campeonato del Mundo de Ironman al australiano le sucedía más o menos igual. Entraba en la T2 hawaiana en primera posición, seguido a pocos metros por Lionel Sanders, Sebastian Kienle y Jan Frodeno, pero en meta entraba decimoséptimo, a casi media hora de Patrick Lange.

Salir primero al maratón solo le ha servido en una ocasión: Gales 2017, y por los pelos: con nueve minutos de ventaja al bajarse de la bici entró en meta con apenas dos de ventaja sobre Phillip Graves.

No es el único caso de gran ciclista que luego sufre en el último de los segmentos para terminar entre los primeros. El norteamericano Andrew Starykowitz, tradicionalmente el más rápido en el segmento -ha estado a punto de bajar de las cuatro horas en varias ocasiones-, es conocido por reventar en la carrera a pie y desperdiciar minutadas.

De sus últimas participaciones en Ironman, tanto antes como después de su terrible accidente, el de Orbea solo ha logrado llevarse la victoria en Louisville 2017. Y teniendo en cuenta que se bajó de la bici con una ventaja más que holgada, 21 minutos sobre Callum Millward. En Texas, con más de 16 minutos de ventaja, terminó a más de una hora del ganador (aunque en este caso no es reseñable, era su primera participación tras volver a la competición de alto nivel, y tal como dijo él, bastante tenía con volver a caminar).

De hecho, de los últimos veinte larga distancia disputados, sólo en ocho el primero en bajarse de la bici ha terminado siendo el ganador. Hay casos en los que es una apuesta segura, como pueden ser Sanders o Kienle, pero exceptuándoles a ellos dos, buenos rodadores y buenos corredores, el marcar un buen segmento ciclista no conlleva terminar alzándose con la victoria. En parte tiene lógica: experimentados ciclistas como Wurf o Starykowitz se lo juegan todo a una carta: darlo todo sobre la bici y esperar poder rendir en la carrera a pie lo suficiente como para que por detrás no les den alcance.

No suele ocurrir, pero cuando los planetas se alinean… Triunfo que se llevan.