Hace unas semanas leí un artículo muy interesante de First off the bike sobre el tema del compromiso que tenemos la gente que entrenamos larga distancia y a qué niveles está llegando, y por fin he tenido tiempo de traducirlo y añadirle comentarios. Aquí lo tenéis:

Jordi es electricista de profesión. A ello ha dedicado toda su carrera, aunque siempre ha querido ser deportista profesional. Es un enamorado del triatlón, y el hecho es que aunque no ha superado los treinta, hoy por hoy su vida como deportista prima por encima de todo: entrena 35 horas y organiza su agenda de trabajo en función de las sesiones de entrenamiento, e incluso roba alguna hora al trabajo (es autónomo) para pasar más tiempo haciendo deporte.

Jordi forma parte de lo que se llama un “grupo de edad PRO”, un nuevo tipo de triatleta que corre como un aficionado, pero entrena tanto como un profesional. Él no puede vivir del triatlón, pero vive como si lo fuese, aunque no tenga ni la velocidad ni las aptitudes. Y el caso de Jordi no es el único, es solo uno más de la nueva ola de GGEE que nos encontramos en cualquier Ironman, con una imagen muy lejana de lo que siempre habíamos entendido como “amateur”.

Estos “grupos de edad PRO” están muy bien organizados, motivados y poco a poco están atrayendo patrocinadores: las marcas ven en ellos influencers y con capacidad para generar su propia versión del “autobombo” en las redes sociales. Por lo general pertenecen a clubes de triatlón y empiezan a tener cierto poder de convocatoria, de ahí que las marcas, aunque sean locales, estén decidiendo apostar por ellos.

Es más, se están dando casos de gente que cambiar de trabajo para adaptarse a su horario de entrenamiento, y no al revés, como era hace años.

¿Y en qué nos afecta ésto? En que si estos Grupos de Edad PRO siguen creciendo y más y más gente decide potenciar su faceta triatleta, el cómo se corren y cómo se ganan las carreras va a ir cambiando paulatinamente: en el Challenge de Shepparton (Australia) cuatro de los diez primeros clasificados eran corredores no profesionales. Esto puede derivar en que los PROs se cuiden muy mucho de a qué carreras apuntarse y a cuáles no, polarizando las pruebas.

Por no hablar de lo complicado que pueden ponerse los slots para Kona dado el nivel que se puede alcanzar. A este ritmo, hacer sub 9h’30” no será una gran marca, será simplemente un “pues tuve un mal día”.


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