Verano de 2006. Hace ya diez años. Todos teníamos más pelo que ahora, menos arrugas y posiblemente mejor ritmo en carrera. En los transistores abrasados al sol sonaban cansinos y repetitivos los Besos de El Canto del Loco. El dúo de Juanes y Nelly Furtado les hacía sombra, mientras Shakira movía enérgicamente las caderas en televisión al ritmo de su Hips don’t lie. La canción del verano, qué invento. Zapatero llevaba dos años de presidente y aún no había indicio ninguno de la crisis. Todo era bonanza. Hacía sol, la mayoría estábamos de vacaciones. El Tour coronaba a un Floyd Landis al que aún no se le habían descubierto las miserias y mentiras.

Pero el ciclismo no se paraba ahí, afortunadamente. El 26 de agosto de 2006 empezaba una Vuelta a España que a la postre terminaría ganando el kazajo Alexander Vinokourov, enrolado en el Astana de Manolo Saiz, por delante de un jovencísimo Alejandro Valverde.  Y había triatlón, por supuesto. No había ese boom que vivimos en la actualidad, es cierto, pero los españoles ya hacía de su capa un sayo en el deporte de las tres disciplinas. No en vano ese 26 de agosto sólo faltaban diez días para que un jovencísimo Javier Gómez Noya -24 años tenía la criatura- se hiciese con la victoria en Hamburgo. Una semana antes había logrado un meritorio décimo puesto en los Campeonatos del Mundo celebrados en Laussane que se llevó Tim Don. La leyenda comenzaba a forjarse. Hablando de Laussane y esos campeonatos: el 30 de agosto, Omar Tayara -sí, Omar, el capo de Taymory- se hacía con el Título de Campeón del Mundo de Aquatlón.

Y mientras tanto, en España, en Catalunya para ser más exactos, nacía de la mano de Ramón Fargues y Ricard Viola el Club Esportiu Pedala.cat Balaguer, y con ellos la primera edición del Triatló Internacional de Balaguer ya con la intención de ser -desde el principio- uno de los triatlones más importantes del calendario catalán. Que si lo hacía, lo hacían bien, vaya. No en vano, ya la primera intención del club fue la de hacer un triatlón de media distancia. La Federación Catalana no lo consideró conveniente por temas de calendario, y redujo sus pretensiones a la distancia olímpica.

Pero ni con esas frenaron las ganas de los socios del Pedala.cat: en la segunda edición, ya en 2007 y también sobre distancia olímpica, decidieron que su prueba sería como un media distancia camuflado: la natación en el pantano de Sant Llorenç ya tenía algo más de 1.500 metros. La bicicleta, 50kms y un desnivel acumulado que no se había visto en ningún otro triatlón de la zona hasta el momento, y una carrera a pie por el casco antiguo de Balaguer con más de una particularidad: pasar por el local de la Peña Barcelonista del pueblo y seguidamente subir nada más y nada menos que 154 escaleras hasta la iglesia de Santa María.

A partir de ahí el Triatlón Internacional de Balaguer se forjó una merecida fama como una de las pruebas más duras de la temporada triatleta: el tradicional segmento de bicicleta da como que un poco de respeto: 1.500 metros de desnivel en sus 90kms y con tres muros casi imposibles, incluido el Mur de la Creu en el km 89, con una deliciosa rampa al 15%.

Y oye, mola. Y más si en su filosofía son igual el que gana la carrera que los que llegan a punto de recoger el chiringuito. Además no se quedan quietos paraos disfrutando del momento. Nope. El Half de Balaguer alcanza en 2016 sus diez años de vida con cambios en el recorrido de bicicleta y con una zona de llegada mucho más espectacular, todo orientado a hacer de él un triatlón diferente, más atractivo y de los mejor organizados de la zona.

Pronto se abrirán las inscripciones. Pero si queréis ir haciendo boca, tenéis más información en la web del Triatló Internacional de Balaguer.