Si me dicen hace un año que tras un 41’20” en un diez kilómetros voy a estar descontento, no me lo creo. Y sin embargo, hoy, 6 de abril de 2014, así es.

Tras acabar la semana pasada el duatlón de Cerdanyola pensaba que no iba a competir más hasta el Maratón de Madrid. Dos tiradas largas y a descansar, que la fatiga que acumulo empieza a ser bastante. Pero el mismo domingo por la noche Albert me propuso correr hoy La Llagosta, y como soy incapaz de decir no a una competición, me apunté. Ya haríamos tirada larga el día 13…

El martes hicimos prueba de 10.000 en el club (2 dos miles y un mil), he hice demasiada buena marca para mí: 7’54”, 7’51” y 3’40”. Según estos cálculos, me saldría un 10.000 a ritmo de 3’55”, así que aunque trataba de ser objetivo y decirme a mi mismo que mi objetivo aún está en seguir acercándome a los 40′, en mi fuero interno me veía llegando en 39′ largos.

Ayer hice tres horas de bicicleta y pesas por la tarde, y en total en toda la semana acumulo once horas de entrenamiento. Demasiado para hacerlo bien en una competición, creo. Y así ha sido. Hemos salido juntos David, Ángel, Oriol y yo. A ritmo fuerte (3’53” el primer kilómetro), pero regulando. Mirando el pulsómetro estaba por debajo de 170ppm, así que bien. El recorrido es plano, salvo tres desniveles cortos (apenas treinta metros), así que es bueno para hacer marca. Al acabar el dos, también en 3’53” he empezado a notarme fatigado y consciente de que estaba yendo más rápido de lo que tendría que ir para estar cómodo. Al fin y al cabo tratar de ir toda la carrera con la lengua fuera es prácticamente imposible.

David y Ángel se me han distanciado unos treinta metros, y yo he seguido a lo mío. Me notaba bajando ritmo y subiendo pulsaciones, así que ya estaba asumiendo que hoy no era mi día. Notaba el esfuerzo de salir demasiado fuerte (con el recuerdo del abandono de Sants en la cabeza) y la fatiga del entrenamiento de ayer. Para terminar de rematar, volvía a dolerme el tibial izquierdo. Mucho cuidado con ello. He tenido ganas de abandonar desde el cuarto kilómetro, aprovechando que estábamos al lado del coche, pero me he obligado a seguir: no puedo coger el hábito de abandonar cuando veo que no voy bien. Queda apretar y sufrir. Y punto.

Pese al sufrimiento he hecho el cinco mil en 19’45”. Bien. Está claro que para los duatlones estoy, que la capacidad de apretar en distancias cortas la tengo, pero falta llevarla más allá. El seis y el siete han sido el horror (mal, en 4’23” ambos), pero con la tranquilidad de saber que ya llegábamos.

He logrado incrementar ritmo al llegar al ocho, y de ahí hasta acabar, ritmo uniforme, con dolor en el tibial y fatiga. Al final, ese 41’20” que pese a ser mi segunda mejor marca personal, me hace estar descontento porque sé que con un entrenamiento específico para el diez mil, sin acumular tantas horas y sabiendo regularme, sí que puedo hacer sub cuarenta.

Pero será en otra ocasión. Ya a la vuelta de verano.