Viendo la carrera en la que Gómez Noya conquistó su quinto título mundial de Triatlón no paraba de pensar, en el buen sentido por supuesto,  en lo difícil que se lo ponen estos cracks al resto de jóvenes que vienen por detrás y que a priori son las grandes promesas de nuestro deporte.

Se me venía a la cabeza otro de los grandes del deporte internacional, además sobre ruedas, el italiano Valentino Rossi. Vale, sí, el domingo pasado la cagó a lo gordo en el incidente con Marc Márquez, pero ese tal Valentino en 2002 pasó de las cilindradas inferiores a competir en MotoGp, donde estaba “la crem de la crem” del motociclismo mundial, y desde que llegó, en ocho años, el pedazo de animal conquistó seis títulos mundiales.

Sí, sí, en ocho años Gómez Noya ha conseguido 5 títulos mundiales de triatlón y en ocho años Valentino Rossi consiguió también seis de sus nueve títulos mundiales.

Además coincide que el boom de uno fue el “final” del otro. Y lo pongo entre comillas porque este año, a falta de una sola carrera, está de nuevo Valentino Rossi en primera posición seguido del español Jorge Lorenzo. Valentino Rossi estuvo en lo más alto desde el 2002 al 2009 y en 2008 fue cuando Gómez Noya ganó su primer título en Vancouver (Canadá).

¿Y qué pasa con los que llegan a lo más alto y se encuentran con esto?

Para los seguidores de motos, no sé si os acordáis de Sete Gibernau. Era un piloto buenísimo que al llegar a lo más alto de su carrera se encontró con Rossi. En los años que estuvo corriendo en motos, lo más que pudo hacer fue dos segundos puestos, por supuesto detrás de Rossi. Sete se retiró sin ningún título mundial en el bolsillo.

Uno de los más conocidos actualmente corredor de motos es Dani Pedrosa. Aquel niño que todos hemos visto montado en motos y compitiendo desde enano. Bueno, pues en MotoGp ha hecho pódium seis veces, pero no tiene ni un solo título mundial. Increíble ¿verdad?

Y es que claro, en triatlón,  desde pequeño estás metido en clubs de natación donde haces una base buenísima para después dar el salto a las escuelas de triatlón de tu ciudad, ahí empiezan a fijarse en ti los encargados de tecnificación de la federación, comienzas a competir, no dejas de subir en los cajones más altos de pódiums locales, provinciales, autonómicos, incluso llegas a hacer campeonatos de España y Europeo, y justo cuando crees que estás en lo más alto de tu carrera, vas y te topas con un tal Gómez Noya, que es el mejor triatleta del mundo.

Y no es que te lo encuentres sin más, es que además como le pilles también en sus inicios ya puedes ir olvidándote de pasar a los libros como uno de los grandes del triatlón internacional porque este tío viene a ganar todo y además de seguido.

Así que a uno de los que más cariño le tengo y que por otro lado más sentimiento de pena me da es Mario Mola. El pobre ha tenido esa mala suerte de encontrarse al llegar a lo más alto al grande de Noya. De los tres mundiales disputados, que los tres los ha ganado Gómez Noya, Mario Mola he quedado segundo en dos de ellos. ¡Eso es mala suerte! O buena,  porque tengo claro que cada duelo hace más grande a Mario y que, sin duda, el futuro será suyo.

Pero bueno, para nosotros como espectadores desde el sofá está siendo de lo más emocionante. Eso de ver que en el pódium hay dos españoles que además se alegran unos de otros y con enorme compañerismo y deportividad, sin duda, hace de nosotros unos privilegiados.