Reciéntemente hablábamos de porqué a unas personas les encanta correr, o practicar deporte en general, y a otras no, odiándolo a muerte. Mencionábamos entonces el subidón del corredor, ese estado de euforia que provoca practicar deporte, y que tradicionalmente ha estado vinculado a la generación de endorfinas, los opiáceos autoproducidos por el cuerpo.

Pero hay novedades al respecto de esa idea: los investigadores han descubierto que el subidón podría ser causado por endocannabinoides, sustancias químicas -también autoproducidas- similares a las que se encuentran en la marihuana. Así lo indica un estudio realizado en la Facultad de Medicina de la Universidad de Heidelberg en Alemania, donde en pruebas realizadas con ratones, se demostró que éstos mostraban niveles elevados de endorfinas y endocannabinoides después de correr, una actividad que realizan por diversión.

Los investigadores también observaron que los ratones eran menos sensibles al dolor, menos ansiosos y más tranquilos después de correr, como lo demuestra su disposición a pasar tiempo en áreas iluminadas de sus jaulas en lugar de retirarse a rincones oscuros.

Cuando el equipo usó drogas para bloquear los receptores endocannabinoides de los animales, los ratones ya no estaban relajados después de correr, demostrando ser tan ansiosos como antes de sus carreras y muy sensibles al dolor. Por otro lado, el bloqueo de los receptores de opiáceos no afectó a la tranquilidad de las criaturas después de la carrera.

En España también se han llevado a cabo estudios al respecto: Alejandro Lucía y Helios Pareja, de la Universidad Europea de Madrid, han investigado los beneficios neurológicos del deporte a largo plazo. “La anandamida tiene una función farmacológica muy parecida al THC”, el principal principio activo de la marihuana, explica Pareja.

A tenor de los estudios, por tanto, los endocannabinoides influirían directamente en la euforia del deportista: acumulados una serie de kilómetros -unos cinco, según los investigadores de Heildelberg- el cuerpo genera unas hormonas, provocando la generación de los endocannabinoides. Estos entrarían en el cerebro y generarían otros compuestos con efecto en el largo plazo.

Los receptores opiodes μ

No obstante, los receptores internos de opiáceos parecen desempeñar al menos un papel en la motivación para entrenar, ya sea subir a una cinta de correr o salir a la calle a acumular zancadas. Otro estudio, estaba vez a cargo de un equipo de la Universidad de Missouri describe hallazgos que muestran que la activación química de los receptores opiodes μ, liberadores de dopamina, de ratas criadas para amar el correr las hace menos inclinadas a hacer ejercicio. Esto demostraría una relación directa entre los receptores y la necesidad de correr. El equipo también encontró que bloquear los receptores redujo por completo la actividad de las ratas, aunque no en el mismo grado.

Sin embargo, cuando activamos químicamente sus receptores receptores opiodes μ, esas ratas redujeron drásticamente su cantidad de actividad“, comenta Greg Ruegsegger, autor principal del artículo de la Universidad de Missouri. “Dado que el ejercicio y la adicción a las sustancias siguen este mismo proceso químico en el cerebro, es lógico que la activación de estos receptores en personas con adicciones peligrosas podría proporcionar las mismas recompensas que anhelan sin el uso de drogas peligrosas o alcohol“.

En palabras de Johannes Fuss, autor del estudio realizado en la Universidad de Heidelberg, “la reducción de las sensaciones de dolor y la reducción de la ansiedad a través de las carreras de larga distancia habría sido un beneficio” también para los humanos, ya que también evolucionamos para movernos y cubrir largas distancias.