El vitoriano Eneko Llanos finalizó vigésimoquinto en el pasado Campeonato del Mundo de Ironman, prueba que se llevaron el alemán Patrick Lange y la suiza Daniela Ryf. El de BH llegaba a la prueba gracias al roll down y la vacante dejada por el británico Will Clarke, que con una rotura de clavícula el pasado mes de agosto finalmente no pudo acudir a la cita.

«Llegaba a Kona tras una clasificación in extremis y con seis semanas de entrenamiento específico que me ponían en buena forma en la línea de salida«, ha publicado Eneko en su blog. «No era la preparación ideal pero estaba convencido de poder hacer un buen papel, a priori los datos y los resultados de los entrenamientos eran buenos y aterrizaba en Kona ocho días antes de la competición con buenas sensaciones«.

Tras una natación y una bici complicadas, en la que los rivales impusieron un ritmo muy fuerte y que incluso obligó a Eneko a superar los watios previstos (la media final fue de 247w de potencia normaliza), llegaba un último segmento en el que su intención, como nos había dicho los días previos, era la de completar un buen maratón.

«La primera parte de la maratón es donde siempre lo paso peor, noto más el calor y la humedad y me cuesta correr bien por Alii Drive«, escribe en su cuenta personal. «Acabo esta parte salvando los muebles pero según subo por Palani encarando el kilómetro 16 de la maratón ya veo lo duro que se me va a hacer el día«. Hay que tener en cuenta que las condiciones en las que corrieron los triatletas fueron de altísimo calor, más que en otras ediciones, y una fuerte humedad que les obligó a hidratarse constantemente. «Tras Palani hay un tramo de bajada donde el cuerpo aún sigue algo lento, torpe y sobre todo muy recalentado ya que a pesar de remojarme entero en cada avituallamiento no consigo superar la sensación de calor, trato de mantener el ritmo y centrarme en correr de avituallamiento en avituallamiento«.

Los últimos párrafos de su crónica suenan a despedida de la Big Island: «A falta de dos kilómetros me alcanza Marko Albert, me comenta que nunca más volverá a correr aquí, desilusionado quizás como estaba yo por no conseguir un resultado a la par de todo el esfuerzo, sacrificio e ilusión puestos en este objetivo. Le replico que yo no sé si volveré, pero que tampoco es el momento de pensar en ello, es el momento de disfrutar de estos últimos metros«. A partir de ahí, las calles y curvas míticas de la prueba más importante del calendario: «La bajada por Palani, el último tramo llano interminable antes de girar a mano derecha hacia la meta en Alii Drive, es el momento de absorber y guardar en la memoria olores, sonidos, imágenes, sensaciones… Cruzar esa línea de meta algo desilusionado si, pero también muy contento por mantener el compromiso que adquirí conmigo mismo antes de empezar la carrera de dar lo mejor de mi en cada momento y cada situación«.

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