A lo largo de la temporada, es muy común ver a triatletas populares entrenar un número considerable de horas en la piscina, carretera y caminos. Para todos ellos, con mayor o menor éxito, el enfoque es claro: hay que trabajar duro si queremos ver resultados interesantes… Sin duda alguna esa es la condición principal, pero la pregunta es: ¿Optimizamos bien nuestro entrenamiento?

La historia de Aitor, nuestro triatleta imaginario

Vamos con un caso práctico en forma de cuento. Pongamos un triatleta del montón al que llamaremos Aitor. ¿Su perfil? Deportista popular, con años de experiencia, que entrena unas cinco horas de natación a la semana con el objetivo de arañar unos segundos al cronómetro durante la disputa del primer segmento de un triatlón de distancia sprint.

Si extrapolamos esas cinco horas a lo largo de toda una temporada -48 semanas, teniendo en cuenta cuatro de parón-, dos darían un total de 240 horas, o lo que es lo mismo, diez días con sus noches seguidas nadando. Un tiempo más que considerable, ¿verdad?

La mejora en el agua, en balde

Pongamos que, gracias a todas las sesiones de entrenamiento, Aitor pasa de nadar un 750 en doce minutos (a ritmo de 1’36» el cien) a hacerlo en once (a 1’28»). A priori la mejora -de un 8,3%- suena muy bien. En cualquier triatlón popular de los organizados a lo largo de toda la geografía nacional le ayudaría a salir bastantes puestos por encima, muy cerca de la cabeza.

Sin embargo, Aitor, como gran parte de los triatletas, no dedica tiempo a las transiciones, ya que al fin y al cabo lo importante es nadar, pedalear y correr. Y de todas maneras, «él no va a ganar la carrera, que se peleen los de delante«. Con este planteamiento, que a muchos nos sonará familiar, pierde quince segundos quitándose el neopreno, otros quince poniéndose las zapatillas de ciclismo, quince más poniéndose el casco, el dorsal y corriendo como un pato con las calas por la transición. Para culminar, emplea otros quince en subirse a la bici sin inercia y atinar a encajar las zapatillas en los pedales.

En total, un minuto perdido tranquilamente en toda una primera transición. Y si echáis la vista atrás, y recordáis vuestras últimas competiciones, más de uno os veréis identificados, ¿verdad? Porque perder un minuto en la T1 es más que razonable. Incluso puede haber ocasiones en que se destina más tiempo.

Aitor ha empleado todo un año de arduos entrenamientos en la piscina para ganar un minuto… que tira a la basura por no haber practicado las transiciones.

¿Y si las hubiera entrenado?

Pongamos que, escarmentado, Aitor decide decicarle un rato al final de cada entrenamiento en la piscina a quitarse correctamente el neopreno. Está claro que no todos los días va a aparecer en la piscina con él, así que pongamos que a lo largo de toda la temporada realiza veinte entrenamientos en los que tenga oportunidad de quitárselo.

Veinte entrenamientos, a un minuto que dedique, son veinte minutos.

Imaginemos que fuera de la piscina también le dedica tiempo a pulir detalles con la bicicleta: cuatro sesiones específicas de una hora para aprender a colocar las calas en los pedales, subirse a la bicicleta en marcha y automatizar su ritual dentro de la primera transición.

En esta nueva tesitura, Aitor logra quitarse el neopreno en tan solo cuatro segundos, no emplea tiempo en ponerse las zapatillas -que ya esperan sobre los pedales-, y apenas dedica cinco segundos a ponerse el casco y el dorsal. Además, corre más libremente a pies desnudos por la moqueta, y salta a la bici en marcha. Segundo arriba, segundo abajo, reduce en casi un minuto el tiempo dedicado a la transición en esa zona vallada que llamamos box.

¿Cuál es la novedad? Que gracias a ese ahorro, logra coger un grupo de bicicleta más rápido que le ayuda a mejorar ostensiblemente su tiempo en ciclismo.

Conclusión

La natación, el ciclismo y la carrera a pie hay que entrenarlos con el mayor interés, esfuerzo y dedicación, es la manera de mejorar, pero también hay que dedicarle tiempo a los detalles. Y las matemáticas son fáciles: centrándose en la natación, un minuto de ahorro en 240 horas de entrenamiento, son 0,25 segundos/hora de mejora. Si nos fijamos en la transición y tratamos de pulir detalles, 50″ de ahorro, logrados en cuatro horas de entrenamiento específico, son 12’5 segundos/hora.

Así que ya sabes: Saca partido a tu tiempo y esfuerzo, empleándolo de manera eficiente y equilibrada y aplícalo a todos los ambitos del entrenamiento y todo aquello que lo rodea, incluso si compras material: un neopreno de gama alta te va a hacer ganar un segundo al 100 con respecto al de gama media-baja, pero si luego no te fijas en los detalles, estarás tirando la diferencia de dinero por la borda.