Salir a pedalear es una maravilla. Y en verano quizás más, que no tienes que andar preocupado por si hay nieve en la calzada, si llevas poca ropa o si la niebla te va a impedir ver más allá de veinte metros…

El gusto de no pasar frío, de escuchar a las chicharras en la cuneta, o el tener que apartar a las moscas mientras subes un puertecito a doce kilómetros por hora te hace recordar las etapas míticas del Tour de cuando éramos jóvenes, y en la tele Induráin machacaba uno a uno a sus rivales con precisión pamplonica.

Incluso -y hablando un poco en serio- hasta suele ser normal encontrarte a pocos vehículos transitando, con lo que hasta te sientes más seguro.

Pero también tiene sus inconvenientes. Básicamente el calor. En nuestro último vídeo de Youtube hemos hablado bien clarito al respecto.

Por si preferís el libro mejor que la película (aunque es una película bien buena), aquí los tenéis desglosados:

El agua caliente en los bidones

Lo hagas como lo hagas, a las dos horas de estar pedaleando el agua de tus bidones va a estar como auténticas babas. Cada vez que bebes, es como si te echases al gaznate un saco de arena que te raspa por la garganta hasta llegar al estómago.

Yo personalmente he probado de todo: desde usar bidones metálicos hasta dejarlos en el congelador toda la noche. Te duran fríos, pero cuánto: ¿una hora? Me podréis decir «eso que te llevas, hombre», pero ¿joer, os imagináis una salida en pleno agosto siempre con el agua fría? Sería maravilloso, ¿eh?

Foto: Flickr // Active Sands Beach

Foto: Flickr // Active Sands Beach

No llevar sales

Vamos a sudar y vamos a sudar mucho. ¿Qué nos cuesta meter dos pastillas de sales que nos hagan recuperar lo perdido? Ocupan muy poco, así que envueltas en un poco de papel de aluminio en el bolsillo trasero del maillot no nos van a hacer ningún mal.

No tener controladas las fuentes

Uno de los mayores peligros de salir en verano es quedarnos sin agua cuando aún estamos a hora y pico de casa. Es por este motivo que antes de salir conviene diseñar la ruta en función de los pueblos que tengan fuente pública y cuáles no. Además, si por azares del destino no hemos congelado los bidones, será un momento perfecto para cambiar el agua como babas por agua algo fresquita.

Foto: Flickr // Active Sands Beach

Foto: Flickr // Active Sands Beach

No tener controladas las gasolineras

Si no vamos a pasar por pueblos, lo que hemos de controlar son las gasolineras, que ahora afortunadamente todas cuentan con tienda y podemos pillar agua -a precio de litro de diesel, eso sí. Hablaba Peru Alfaro hace unos días de que había bebido hasta seis litros de agua en una salida en bici, y que 4’5 de ellos habían sido tres botellas compradas en gasolineras.

Así que ya sabéis…

No llevar dinero

Poco hacemos en una gasolinera si no llevamos dinero. El truco: bolsa hermética en la que llevemos el móvil, el carné de identidad, las llaves de casa y un billete de cinco euros. Así se acaban todos los problemas…

El moreno ciclista

Aunque te pongas protección cincuenta cual Andrés Iniesta, a final de verano terminas teniendo un moreno ciclista, con las marcas del maillot y del coulotte sobre tu piel, que no puedes con él. Y eso si no resulta que compites en media o larga distancia y vas con top, que entonces la marca en la parte baja de la espalda no se te va a quitar en la vida…