Hace unos meses, una vez empezaba a digerir mi Ironman de Barcelona, me encontré en las redes con agrios debates sobre si andar en tramos del segmento de carrera a pie era lícito o dejaba el conseguir la medalla a la altura del betún. En facebook hubo, de hecho, uno que me tocó bastante de cerca y al que, sin opinar, presté bastante atención, por ver ambas posturas.

¿Se puede andar en el maratón de un ironman?

Yo he andado en los tres ironman que he hecho. No me cuesta reconocerlo. En la edición del Ironman de Barcelona de 2014 sufrí problemas en los tibiales, en el Ironman de Frankfurt de este año el calor era insoportable, y hace unos días pues no sé, que me quedé sin fuerzas, simple y llanamente. Así que podría sentirme herido por las palabras de aquellos que dicen que andar en algún punto del maratón, tras haberte ciscado 180 kms en bici y 3,8 nadando, reduce el esfuerzo acumulado a dominguear.

¿Y mi opinión al respecto?

Si cierro los ojos y medito un poco, creo que en mi fuero interno no estoy orgulloso de haber andado. Independientemente de las circunstancias o las excusas, entiendo que todos los que nos apuntamos a una larga distancia quisiéramos cruzar la meta habiendo dándolo todo y de un tirón.

Pero luego la prueba nos pone en nuestro sitio y nos hace sufrir, y vomitar, y correr lento y, queramos o no, terminar andando a una gran parte. Además a una gran parte. Miremos si no mi clasificación del domingo:

¿Se puede andar en el maratón de un Ironman?

Yo acabé en el puesto 1451. Acabaron 2047 personas, la última de ellas en 15h37′. Es decir, quedaron por detrás de mí casi seiscientas personas, un poco menos del 30% (un 29,12%, si queréis que sea exacto). ¿Qué porcentaje de gente pudo hacer parte de la carrera a pie? Pues yo creo que bastante, en la medida en que yo acabé andando y ya veía a mucha gente al mismo ritmo que a mí. ¿Es esto vergonzoso? ¿Vale nuestra medalla menos que la de aquel que ha terminado como un toro? Pues creo que no, la verdad.

Todos y cada uno de los que acaban un ironman llevan meses preparándolo. No sé cuál era su punto de partida, ni si han cumplido todos y cada uno de los entrenamientos que les correspondían, pero sí tengo bien claro que todos y cada uno de los finishers han renunciado a lo largo de los últimos meses a muchas cosas: a familia, a descanso, a otros hobbies, solo por cumplir un sueño. Así que a todos aquellos que ponen en tela de juicio el valor no de la medalla, que a mí me la bufa, pero sí del hecho de cruzar la meta al trantrán, desde aquí les digo que no, que -en mi opinión- están equivocados.

¿Qué os parece?