Cada sábado por la mañana, aprovechando que los fieras de la casa aún duerme, David se levanta, se viste con la equipación oficial del BMC, agarra la bicicleta y sale a pedalear por los alrededores de Barcelona en busca de la gloria, la victoria, las copas de oro y las medallas. Lo confuso para su señora santa esposa y sus hijos es que, pese a competir con otros cientos de ciclistas, no conoce a ninguno de ellos, y en realidad los trofeos no existen. O sí: pixelados en Strava, la red social de ciclistas y runners.

Lo primero que hago cuando llego a casa es subir mis datos a Strava, para ver cuántas copas he ganado” dice David. “Es ridículo, lo se, pero puedo te ves mejorando y, sobre todo, venciendo a tus amigos, todo se vuelve muy adictivo. Si me conecto y veo que Albert ha estado entrenando a lo largo de la semana, tengo que alcanzarle, no puede pasar una semana sin que tenga más kilómetros que él en las piernas.”

Strava está de moda, y está cambiando poco a poco la forma de entrenar de los que hasta ahora éramos ciclistas aficionados. Y sigue creciendo. Del orden de 100.000 nuevos usuarios cada semana. Que se dice bien. Aunque también la pueden usar los runners, el sesenta por ciento de sus usuarios son ciclistas. Los éxitos de Contador, Landa o Purito ayudan a recuperar la fe en este deporte, pero Strava ha conseguido introducir el componente competitivo: ahora salir a pedalear, frente a la mera acumulación de kilómetros de hace unos años, es un desafío. Es lo que han conseguido los segmentos y los KOM: King of the Mountain, ese gran honor que supone ser el más rápido en un punto concreto de la geografía.

Ahora la competición puede estar en cualquier lado, porque cada uno de nosotros tenemos nuestros segmentos fetiches y los defendemos o tratamos de arrebatar con énfasis cada semana. Y lo mejor es que empezamos a tener sentido de la propiedad sobre ellos, con frases como “me han quitado”, “tengo que recuperar”, “el sábado voy a tratar de lograr”… Y aunque no conocemos físicamente a nuestros contrincantes, les conocemos de memoria.

Y claro, nuestras parejas nos sufren en silencio. Noelia, la pareja de David, así lo reconoce: “a mí me empieza a hablar de lo rápido que ha ido en tal tramo, o el problema que ha supuesto que hoy el viento le diese allí de cara, y claro, yo desconecto. Y le veo a menudo sentado delante del portátil mirando bicicletas que valen un huevo y que le ayudarían a ir más rápido“. Según Noelia, el problema “se hizo más grave cuando él se afeitó las piernas para ganar aerodinámica. Fue demasiado. Es raro descubrir que tu marido tiene las piernas más suaves que las tuyas“.

Toda esta necesidad de destacar y ser mejor que el resto entronca con la propia naturaleza humana, lo que en términos marketinianos se denomina gamificación, y que es la base sobre la que se sustenta el triunfo de varias redes sociales. En facebook no va de tener amigos, va de acumular el mayor número de likes posibles. En twitter, de followers y retuiteos. Y aquí, de mejorar en cada segmento.

Lo bueno es que este cambio de hábitos, esta nueva forma de pedalear, está ayudando a que se acumulen más kilómetros a lo largo de la semana. Y si nos falta motivación para salir un día, Strava te da ese aliciente extra que te falta. ¿Lo malo? Que como todo en esta vida también hay espacio para las bajezas humanas y el doping. La web www.digitalepo.com -cuyo nombre está puesto en honor a Lance Armstrong- te ayuda a modificar tus tracks GPS acelerando tus ritmos. Como su propio slogan dice: “ya no tendrás que montar en bici para pedalear”.