Darren Smith, entrenador de la británica Jodie Stimpson, dijo una vez: «la confianza deriva de la confianza». Si no entrenas siempre tendrás dudas. Cuando sumamos kilómetros y acumulamos horas de entrenamiento generamos la seguridad suficiente de que hemos conseguido un nivel óptimo de preparación.

Pero la aptitud en un ironman, como te podrán decir quienes ya se han enfrentado a él, es sólo una pieza del rompecabezas. Darte de lleno con el muro muchas veces se debe simplemente a un ritmo inadecuado o a una mala planificación nutricional.

Cuando hablamos de ritmos, la natación debe de ser casi pura diversión. Los 3,8 km de agua deben de hacerse a un ritmo cómodo, evitar problemas o grupos complicados e intentar enganchar los pies de alguien que te pueda llevar a un ritmo asequible para ti.

En la bicicleta, segmento al que dedicaremos mayor tiempo, el ritmo se torna más estratégico e importante. Aquí la mayoría de los entendidos en la materia coinciden en algo: gástate el dinero en un medidor de potencia. Puedes correr dentro de un umbral sostenible para ti, que puede andar entre el 65% y el 80%. Si no tienes potenciómetro y por el contrario te basas en el ritmo cardíaco intenta moverme en torno al 60-70% de tu frecuencia cardíaca máxima. Moviéndote dentro de estos umbrales aprovecharas enormemente tus reservas de grasa y dejarás tu glucógeno intacto para la carrera a pie.

Cuando llegue la hora de salir de la T2 no te cebes. Una maratón es muy larga y abusar de ritmos altos al principio sólo te abocará al abandono. La táctica ideal es la de correr la segunda media más rápido que la primera, salir de menos a más e intentar no abusar de cambios de ritmo bruscos que consumirán mucha energía.

Dentro de todo esto juega un papel importantísimo la nutrición. No se puede descuidar la comida en un ironman. Lo ideal está en consumir entre 60 y 90 gramos de carbohidratos por hora. El formato da igual, usa lo que más cómodo te sea aquello que ya hayas probado en tus entrenamientos y sepas que no te va a causar molestias. Las opciones son infinitas: barras, geles, dulces, bocadillos, fruta, etc. Aprovecha el trascurso de bici para alimentarte y comer algo sólido, es más fácil y se digiere mejor. Recuerda beber e hidratarte de manera continuada. Pequeñas cantidades de manera habitual es lo más recomendable.

Para terminar un consejo de la que, para nosotros, es la mejor de todos los tiempos en la larga distancia, la gran Chrissie Wellington: «Yo solía ​​tener mantras personales para inspirarme. También rompía las sesiones y las carreras en secciones manejables y, por supuesto, aprender a sufrir en el entrenamiento era vital para poder alcanzar esos niveles cuando se trataba de una carrera «.