Hay algunos triatletas que no tenemos problemas de hidratación cuando de nadar se trata. No es porque nuestro cuerpo tenga mejor capacidades o haya evolucionado desarrollándose para ser más eficiente. ¿Habéis oído eso de beberse hasta el agua de los floreros? Eso es lo que hacemos muchos de nosotros cada vez que nos tiramos a dar alguna brazada. Conscientes de que somos muchos y de la necesidad de estar juntos en esto, aquí te traemos algunos consejos para evitar tragar agua mientras nadamos.

Adiós a tragar agua

Lo primero y más importante es asegurarte de que tu cuerpo esté nivelado en el agua. En esta parte entran en juego los músculos centrales (core y espalda) para ayudar a mantener el cuerpo recto. Lo siguiente es mirar hacía abajo, algo increíblemente contrario a la intuición pero que levanta tu cadera hacia la superficie y te ayudará a moverlas junto con los hombros hacia un lado. De esta forma tendrás tiempo y espacio suficientes para girar la barbilla hacia el hombro (y no levantar la cabeza, que es lo que tu subconsciente te dirá que hagas).

Siguiendo estos pasos y desde una posición correcta, no deberías tener problemas para llevar a cabo una correcta respiración: giro del cuerpo y de la cabeza de manera suave y natural. Cuanto más forzado sea este gesto y más te apresures a respirar más agua perturbarás y con ello, probablemente, más agua tragues.

Un buen ejercicio para practicar esto es del patada de costado. Extiende el brazo inferior al frente y por el otro brazo a tu lado, sobre tu costado. Da seis patadas, una brazada y vuelve a otras seis patadas. Así durante todo el largo para ayudarte a trabajar la posición correcta para la respiración y mejorar tu natación.

Muy importante que te asegures de expulsar el aire debajo del agua de forma correcta. Al exhalar bajo el agua, todo lo que tienes que hacer es respirar justo en el momento en el que vuelves la cabeza. Para mejorar esto practícalo a menudo: expulsa el aire justo cuando tu cabeza entre el agua.