Henri Schoeman tiene 26 años. Jacob Birtwhistle, 23. Mark Austin, 23. Ninguno de los tres partían con la vitola de favoritos para la victoria en los Juegos de la Commonwealth, pero a la postre han copado las tres plazas del podio en detrimento de Alistair Brownlee -a punto de cumplir 30 años-, Jonathan Brownlee -a poco menos de un mes de los 28- y Richard Murray -29 años-.

Tenemos la tendencia natural a pensar que cualquier tiempo pasado es mejor, pero hemos de asumir que los duelos entre Javier Gómez Noya y Alistair Brownlee no volverán, al menos en lo concerniente a pruebas ITU. El primero está centrado en la larga distancia -con la vista puesta en el Campeonato del Mundo de Ironman-, y el segundo en la media. Hoy ha quedado demostrado que sus ritmos de carrera a pie en distancia sprint no son los que eran.

No volverán sus duelos, ni la presencia de manera habitual en cabeza de gente como Richard Murray, Crisanto Grajales Joao Pereira -por decir alguno de los que en 2014 o 2015 luchaban por la victoria-. Estos, aunque de manera puntual pueden luchar por algún podio, parecen relegados a batirse el cobre por el TOP10 o en pruebas de la Copa del Mundo. Richard Murray de hecho se ha hecho con dos esta temporada, pese a no brillar ni en Abu Dhabi ni hoy en Gold Coast.

El triatlón actual pasa por nombres como el de Mario Mola -que a los 26 años se hizo con su primer título de campeón de las Series Mundiales-, Kristian Blummenfelt o Jacok Birtwhistle. En la primera competición de esta temporada la media de edad de los diez primeros clasificados en la prueba masculina fue de 26 años y un mes, teniendo en cuenta que Mario Mola hizo segundo, Joao Silva sexto y Jonathan Brownlee séptimo.

El modelo de pruebas, una razón de peso para el cambio de nombres

La explicación la podemos encontrar en varios factores, pero sin duda alguna la tipología de pruebas a las que se enfrentan tiene gran parte de culpa. Hasta estas últimas temporadas un triatleta podía rendir con buenos resultados hasta bien entrado en la treintena, pero la tendencia actual de la ITU de dar más preponderancia a las pruebas sprint cambia el panorama por completo.

Una prueba sprint exige más potencia a los triatletas, mientras que una olímpica permite que más variables, y entre ellos la resistencia, entren en juego. El hecho de que a efectos de clasificación cuenten cinco resultados más la gran final permite que corredores más jóvenes y más explosivos tengan opciones de luchar por los primeros puestos frente a otros de más edad.

Además, el cómo transcurren las carreras ha cambiado también: si bien hace unas temporadas la natación y la bicicleta permitían que se llegase a la carrera a pie con un grupo nutrido de triatletas, ahora es habitual que en los dos primeros sectores se rompa la carrera: el nivel de intensidad es altísimo desde el minuto uno, lo que hace que la juventud sea un factor a tener en cuenta: son más explosivos, recuperan más rápido, aguantan mejor los esfuerzos…

Ayer Ander Pérez hablaba de quiénes serán las estrellas en los Juegos Olímpicos de 2024. Quedan seis años hasta llegar, pero nombres como el de Blummenfelt, BirtwhistleMatt Hauser o Gustav Iden han llegado y para quedarse. Nos tenemos que ir acostumbrando, porque el futuro es suyo.