«No tengo palabras para describir lo vivido hoy en Pontevedra» decía ayer Javier Gómez Noya poco después de coronarse Campeón del Mundo de Larga distancia en casa, por las carreteras y caminos por los que habitualmente entrena y ante un público que abarrotaba las calles.

Lejos queda aquel 25 de junio de 2011 en el que, aquejado de flato y de los golpes proferidos por Harry Wiltshire, Javi finalizaba en cuadragésima posición en unos Campeonatos de Europa también celebrados en casa. «Es probable que Pontevedra 2011 sea ese fracaso que Gómez Noya utilizó para coger impulso, para seguir viendo desde la cumbre, bajo un frío de esquimales y rodeado de cadáveres más jóvenes que él, la luz verde que necesita para seguir corriendo hasta que no pueda más«, escribía otro pontevedrés ilustre, el periodista Manuel Jabois, en el prólogo de A pulso, la biografía que Paulo Alonso y Antón Bruguera escribieran de Javi en 2015.

Desde aquel día, Gómez Noya atesora tres títulos de Campeón del Mundo de las Series Mundiales -más tres podios-, dos Campeonatos del Mundo de IRONMAN 70.3, un Campeonato del Mundo de XTerra y este recién estrenado Campeonato del Mundo de Larga distancia. «Me ha costado mucho conseguirlos«, comentaba el pasado viernes en un acto para Banco Santander.

En total siete titulos de Campeón del Mundo que añadir a los logrados en 2008 y 2010 bajo el formato antiguo, a la medalla de plata lograda en los Juegos Olímpicos de Londres y a los cuatro títulos de Campeón de Europa de triatlón. Un palmarés que, de solo enumerarlo, da vértigo. Porque no existe figura deportiva en el triatlón internacional que posea una carrera como la suya. Ni Jan Frodeno, ni Alistair Brownlee, ni Mark Allen o Dave Scott pueden energullecerse de atesorar triunfos en las tres distancias con la misma profusión con que lo ha hecho Javi.

De tanto verle ganar los españoles comenzamos a pensar que ésto es fácil, que la tan bien llamada Triarmada estará ahí siempre. Hemos normalizado el hecho de ver victoria tras victoria sin pararnos a pensar que en algún momento dado de los próximos años Javi -igual que Mario, Fernando o Chente- dirá «hasta aquí«.

Ese momento, ójala con un título de Campeón del Mundo de IRONMAN bajo el brazo, creará en los aficionados un vacío extraño e incómodo igual que lo creará el de otros ilustres como Rafa Nadal, Pau Gasol o Andrés Iniesta. Ellos pertenecen a deportes mayoritarios, son aclamados por cientos de miles de personas, pero poco difieren de Javi como figura icónica de sus disciplinas.

Como ellos, Javi es un referente en un deporte que hasta hace apenas una década era completamente minoritario, con cifras similares a las de las carreras de galgos, el rugby o los deportes de orientación. No en vano, en 2011 había en España 18.137 triatletas federados según el Anuario Español del Deporte. Según el mismo informe, en 2018, 30.744, a los que hay que añadir todos aquellos que utilizan licencia de día en pruebas populares, que se estima cerca de otros diez mil.

Sin la figura de Javier Gómez Noya estos números serían impensables. Iván Raña abrió el camino, pero Javi marcó hacia dónde teníamos que ir. Gil de Biedma dedicó, en 1966, un poema a Jimmy Baldwin que bien podría definir lo que, de aquí en un tiempo, sentiremos al recordar todos y cada uno de los momentos que Gómez Noya nos ha dado: «después pasarán los años y la vida […] nos hará más perdidos«, escribía el poeta catalán. «El recuerdo sera como un puñado de conchas recogidas, tan hermoso en sí mismo que no devuelve nunca las palmeras felices y el mar trémulo«.

Disfrutemos ahora de Javi Gómez Noya, mientras podemos vivir desde la pantalla o desde la acera sus triunfos, porque luego solo nos quedará la nostalgia.