Lógicamente. Puede que a algunos le sorprenda el título de este artículo, pero todavía seguimos oyendo eso de «si voy  a tener tiempo ahora de calentar en los 21 km». Y lo mejor de todo que se suele decir entre risas. Sepan ustedes que sí, sí que hay que calentar y es algo de suma importancia. No nos vale con un par de estiramientos y un café sólo en el bar más cercano a la salida.

Independientemente de nuestro nivel (muchos en sus primeras pruebas se escudan en su bajo nivel de forma para no «cansarse» antes de la carrera), preparar nuestro cuerpo para un esfuerzo es primordial para asegurar que somos capaces de obtener el máximo rendimiento. Las ventajas y beneficios del calentamiento han sido objeto de discusión durante muchos años entre expertos y atletas, sin embargo la mayoría coinciden en que esto mejora el rendimiento y, sobre todo, evita lesiones. 

Durante una esfuerzo físico nuestro cuerpo pasa por distintos procesos metabólicos y con el calentamiento ponemos en marcha nuestro motor para que el inicio de estas tareas no le coja en frío. Cuando iniciamos el esfuerzo nuestro cuerpo entra en un proceso llamado glucósilis mediante el cual usa el glucógeno muscular almacenada con el fin de generar energía. Este procedimiento da lugar a la formación de ácido láctico e hidrógeno, aumentando estos la acidez de nuestros músculos y dificultando la llegada de oxígeno a los mismos. 

En el calentamiento no sólo estamos poniendo en marcha nuestros músculos sino que también estamos calentando a nivel celular, repartiendo más oxígeno que ayude a metabolizar el ácido láctico. Con el aumento del reparto de oxígeno a nuestro cuerpo este será capaz de amortiguar con mayor rapidez dicho ácido cuando comencemos la carrera. Podemos traducir esto en que trabajaremos durante menos tiempo en aeróbico, ya que tendremos la capacidad de ofrecer más rápido glucógeno a nuestros músculos.

Además mediante el calentamiento iniciamos la producción de glucosa y su suministro al cerebro de la cantidad apropiada. Algo también importante, pues nuestro cerebro necesita de esta sustancia para mantenerse concentrado ante la exigencia física.

Cómo calentar

Un estudio de la Universidad de Calgary puso de manifiesto que ciertos tipos de de calentamiento pueden ser más beneficiosos que otros cuando se trata de mejorar el rendimiento y reducir la aparición de fatiga. La investigación mostró que, en el caso de ciclistas, los calentamientos más favorables son aquellos de menor intensidad y duración. 

Durante el estudio se sometió a 10 ciclistas profesionales de pista a dos tipos de calentamiento: uno de larga duración con picos del 95% de pulsación máxima y otro de corta duración con no más del 70% de frecuencia cardíaca. Los investigadores analizaron la respuesta contráctil muscular y la potencia de salida máxima antes, durante y después del calentamiento.

El resultado fue una menor fatiga muscular y mayor respuesta contráctil durante el calentamiento menos corto e intenso, así como una mayor potencia máxima. Tal y como señala uno de los autores, Elias K. Tomaras, «un calentamiento aún más corto podría ser mejor para los atletas que quieren aprovechar la PAP (Potenciación Post Activación)».