Judit Izquierdo es globera. A veces corre. Le gusta escribir en internet y hace que trabaja en Siquia.

Soy una zote para esto del deporte. Hay gente que nace para correr. Yo sé que nací para no correr. Lo supe el día que me mandaron correr mi primer kilómetro en el colegio y cuando en segundo de BUP, algún año después, repetía esta prueba y llegaba la última de clase mientras todos habían acabado y me animaban desde lejos con un ‘vamos Judit!!’ y yo con mi chándal rojo del Colegio San José hacía lo que podía. Llegué.

Un poco más mayor, con 22 años, me apunté al gimnasio e hice step hasta que la rodilla derecha me dolió hasta la extenuación y juré no volver a hacerlo.

Me gusta más la bici. Y bailar eh, que este es un deporte muy infravalorado, que os cuente un día Diego sus aventuras con el swing y cuántas veces se tenía que cambiar de camiseta.

Todo apuntaba en mi vida a que podría hacer cualquier cosa mejor que correr. Por eso me decidí a correr.

No sé cuando fue el primer día. Creo que salí con Diego y creo que corrí doce minutos. Y creo que estaba contenta.

Así fui saliendo poco a poco. De esto han pasado varios años. Hace tres me decidí a correr alguna carrera de diez kilómetros y participé en tres. Fue un orgullo y satisfacción, Letizia.

Luego llego un frío invierno, y la cama vacía y cosas que pasan en la vida y lo fui dejando. Nunca he dejado de correr del todo pero mi máxima sin sacar las mizuno ha sido este año, que creo que pasaron cuatro meses en el zapatero.

En la lista de deseos de 2015 está volver a correr carreras como una persona normal, no arrastrándome como una oruga. Y en ello estoy gracias a los entrenos que semanalmente me envía diego desde enero.

El domingo corrí mi primera prueba de 2015 de 5 km. Yo lo considero un reto un poco vergonzante, es lo que tiene dormir con un ironman. Pero allá que fui a las once de la mañana. Yo hago los entrenamientos a las nueve de la noche así que las once de la mañana para mi es una hora rara. Y ahora, por el frío, corro en gimnasio. Salir a la calle es otra cosa rara. Me acompañaba Diego dando apoyo moral. Tercera cosa rara. No conocía el recorrido de la carrera. Esta no es cosa rara, es lo normal en mi.

Había que dar dos vueltas a un parque. el típico parque para sacar al perro, vamos. Yo es que acostumbro a perderme buscando a Diego en los recorridos de los maratones y no es lo mismo.

Inicio de la carrera de Villalar. Todo apuntaba a entretenido, porque era con pendiente. Y, lo mejor, la pendiente estaba al principio de la carrera. ¿Cuántas veces creéis que yo he abierto entrenamientos subiendo cuestas?

Las sensaciones al principio eran bastante patéticas porque yo iba motivada pero esa cuesta de 700 m y desnivel cercano al 6% me estaba matando. Además me estaba dando la alergia (urticaria física, otro plus a añadir a mi curriculum deportivo). Pero correr con gente mola así que ahí iba yo, trotando a la par de culos gordos de señoras.

Bajar cuesta me gusta más que subir cuestas. Diego también me apoyaba moralmente mientras hacían un sudoku corriendo conmigo a 7 minutos el kilómetro.

Muy divertida la segunda vuelta y la subida de nuevo. Para los que no entendéis cómo se puede correr a esa velocidad, apunto que iba a 193 pulsaciones y que he hecho entrenamientos con picos de 210 y un desfibrilador en la mano.

III Carrera Popular Fundación Castilla y León

Acostumbrada a no salir por la calle, me propuse hacerlo en 35 minutos aunque lo veía un poco aventurado. Apreté lo que pude y acabé en 34’50” sin poder alcanzar a la chica de la malla de lunares.

En la siguiente, me animo a una carrera de diez kilómetros. Por cierto, objetivo 2015: correr los 10 km por debajo de 60 minutos.