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III San Silvestre de Valladolid

Pues no soy el exiliado inglés, pero oye, cayeron las dos san silvestres… ^_^ Aunque eh, hay que reconocer que debe ser muy jodido hacer esto fin de semana sí y fin de semana también; normal que ahora Víctor Garanto vaya rajándose por las esquinas y no quiera apuntarse a ninguna carrera, debe tener empacho para los próximos diez años :-p.

Y es que es duro: Ayer al llegar a casa, tras la I San Silvestre de Medina de Rioseco estaba cascado no, lo siguiente. No solo por los cinco kilómetros en sí, sino porque tenía ya en las piernas el 50×100 de natación del viernes, hora y media de rodillo ayer por la mañana (viendo The walking dead, todo sea dicho, a ritmo de prejubilado) y una visita a una tienda de cocinas por la tarde (que vale, no será desgaste físico, pero psicólogico sí, en grado sumo).

Así que esta mañana, cuando he empezado a calentar con Julio, y notaba que las piernas no tiraban, he pensado que me iba a caer la del pulpo. Aparte había 9º grados y yo llevaba tres capas, así que tenía un calor de la leche y a los diez minutos de trote cochinero ya estaba sudando la gota gorda. Bueno, menos mal que solo es media hora, has sufrido más en otras ocasiones, era mi pensamiento, aunque una vez que nos hemos puesto en faena, en la línea de salida, he empezado a programar y he pensado que al fin y al cabo hasta el kilómetro tres podía ir dando caña. Si luego petaba, pues trotaba y punto, que último no iba a quedar.

III San Silvestre de Valladolid

Hemos salido. Tarde y lentos, porque igual que ayer o en la Carrera de Turrón de Arroyo o en la Carrera del Pavo de Laguna de Duero solo se apunta gente que está acostumbrada a correr, con un reducido número de “no habituales” (y que conste en acta que he estado un rato buscando un adjetivo para definir a aquellos -y sobre todo aquellas- que corren de guindas a brevas), hoy en Valladolid había 4.000 inscritos, lo que supone que un altísimo porcentaje de gente llevasen desde la carrera del cortinglés o desde semana santa sin calzarse unas zapatillas de deporte.

Me ha tocado esquivar gente durante los primeros 500 metros, hasta el tramo de vuelta de Isabel la Católica. Ya en Doctrinos se podía correr sin tráfico, y entrando en Campo Grande ya nadie nos dábamos guerra. He hecho el primer kilómetro en 4’07”. Raro me parece porque al principio iba muy lento, pero quizás en la recuperación de terreno he forzado más de lo que debía. Al segundo, que estaba al final de Filipinos, he llegado en 8’12” y 165 pulsaciones. Seguía pareciéndome raro, iba en ritmos del año pasado, teniendo en cuenta que este año estoy en muy peor forma.

Bajada por Acera de Recoletos adelantando gente, teniendo buenas sensaciones. No llevaba el GPS puesto, así que no tenía referencia de ritmos, pero me encontraba bien. Calle Santiago, entrada en Plaza Mayor (con mogollón de gente aplaudiendo) y km 3: 12’43”. Espera, ya estamos, aquí bailan los kilómetros como quieren y les da la gana. Ni el primero lo había hecho tan rápido, ni este tan lento. Vamos, ni de coña.

III San Silvestre de Valladolid

Por entonces ya estaba en 171 pulsaciones y quedaban tres kilómetros y medio, con el tramo al que más miedo tenía por delante: La subida desde la Catedral a la Universidad, y el tramo de López Gómez con falso llano. No se han hecho tan duros, pero me han dejado fino filipino, lo justo para cuando he llegado al 5, en Plaza Colón (en 21’23”), apunto de adelantar a una zagala del C.N. Sabadell (#respect), mi cuerpo haya dicho basta. Afortunadamente quedaba solo un kilómetro y medio por delante, y he tratado de sacar fuerzas para no quedarme descolgado. Vamos, un último apretón.

Capitanía, giro a la izquierda de nuevo por Doctrinos, y puente de Isabel la Católica. Los 300 últimos metros, apretando lo máximo posible, se me han hecho eternos, con las piernas ardiendo, y todo para terminar entrando en 28’06”, un minuto y medio más lento que el año pasado (puesto 239 de 2.471 corredores).

Siempre nos quedará la duda de si hubiera hecho mejor tiempo sin haberme dado paliza ayer y el viernes. Pero eso, como quién mató a Laura Palmer, nunca lo sabremos…