Iker Casillas, portero titular del Oporto, sufrió ayer un infarto agudo de miocardio, durante un entrenamiento. Según los medios de comunicación, ha sido tratado con éxito y evoluciona adecuadamente, aunque no disponemos de suficientes datos para hablar de su pronóstico a largo plazo.

¿Qué es exactamente un infarto?

El infarto es una patología muy grave, potencialmente mortal y constituye la causa más frecuente de muerte súbita a partir de los 35-40 años, tanto en los deportistas como en la población general. No obstante, actualmente existe un protocolo rápido de actuación frente a un infarto agudo de miocardio que ha hecho que la mortalidad actual sea muy inferior a la de años atrás.

El infarto es una manifestación de la enfermedad coronaria, que consiste en la ateroesclerosis de las arterias que irrigan el corazón. Cuando una placa de ateroma se rompe, las plaquetas y el sistema de coagulación se activan formando un trombo que ocluye el vaso. Si la oclusión es incompleta suele manifestarse en forma de angina de pecho. Si la oclusión es completa, un área de miocardio queda sin flujo sanguíneo y sobreviene el infarto. Cuanto antes se recupere el flujo, menor tamaño tendrá el infarto y mejor será el pronóstico del paciente, de ahí que el pronóstico a corto y a largo plazo esté directamente relacionado con el tiempo que pasa entre el inicio de los síntomas y el tratamiento definitivo.

Restablecer el flujo coronario se realiza mediante un cateterismo que consiste en llegar a las coronarias mediante un catéter que se introduce por punción de la arteria radial de la muñeca o la femoral de la ingle. Con la inyección de contraste, se identifica cuál es la arteria ocluída y con el catéter se desobstruye y se implanta posteriormente un stent, una especie de muelle que aprieta la placa de ateroma contra la pared del vaso y mantiene la arteria abierta. Dada la importancia vital que tiene el tiempo de demora del tratamiento, actualmente existe un protocolo llamado código infarto en el cual contribuyen y se coordinan los servicios de emergencias y transporte extrahospitalarios, los servicios de urgencias y de hemodinámica cardiaca con el fin de detectar rápidamente un infarto y trasladar al paciente a un centro con hemodinámica cardiaca dónde poder realizar el cateterismo coronario lo antes posible.

¿Cuáles son los factores de riesgo?

Los factores de riesgo para desarrollar enfermedad coronaria ya los conocemos todos. Y lo cierto es que un deportista de 37 años, como Iker, no es el perfil más habitual de paciente con infarto. No obstante, conviene recordar que, aunque a los deportistas que han sufrido un infarto les resulta difícil comprender que les ocurra a ellos, que cuidan  su alimentación, no fuman ni tienen sobrepeso y practican deporte de forma habitual, lo cierto es que estos hábitos disminuyen el riesgo pero éste nunca es zero. Los factores genéticos y otros que posiblemente la medicina todavía no conoce cobran importancia en este grupo de pacientes. Jim Fixx, legendario corredor y autor de ‘The Complete Book of Running’, falleció de un infarto a los 52 años mientras entrenaba. Fixx, que había sido fumador y había llegado a pesar casi 100 kilos hasta que empezó a correr con 36 años, murió nueve años más tarde que su padre, quien ya había sufrido un primer infarto a los 35 años.

El deporte tras un infarto

¿Podré hacer deporte y llevar una vida normal después de un infarto? Son preguntas que nos plantean pacientes que han sufrido un infarto o una angina de pecho. Algunos llevan años corriendo e incluso participando en carreras populares o son deportistas profesionales, como es el caso de Iker y citaremos también el maratoniano y ultramaratoniano Alberto Salazar (olímpico y tres veces ganador de la maratón de Nueva York), que siguió corriendo tras sufrir un infarto a los 48 años. Otros, simplemente, se plantean empezar a correr tras el infarto como forma de realizar el ejercicio recomendado por su médico.

Antiguamente, se recomendaba reposo e incluso se prohibía el deporte después de un infarto, pero desde hace ya varias décadas sabemos que su efecto es tan beneficioso que no solo no debe prohibirse sino que debe fomentarse. Por tanto, nuestra respuesta para la mayoría de los pacientes será que pueden hacer una vida “normal” y volver o empezar a correr.

Pero cuidado: una cosa es realizar actividad física cardiosaludable y otra muy diferente es el deporte de élite, la competición y la larga distancia en cualquiera de sus formatos. Aunque para nosotros puede ser “normal” entrenar más de veinte horas a la semana o hacer un Ironman, la verdad es que muy normal no es a nivel de la población general.

Ya hemos comentado en varias ocasiones que el deporte de larga distancia y/o de élite no es para todo el mundo, ni es el tipo de actividad física cardiosaludable que recomiendan los médicos a la población. Imponer semejantes volúmenes e intensidad de actividad física a un corazón patológico es una temeridad y un riesgo alto de presentar graves complicaciones o incluso una muerte súbita. Alguien me dirá que conoce a un amigo que lo ha hecho, que, tras un infarto, ha vuelto a hacer un maratón, un ironman o algo peor. Que sea posible no significa que sea adecuado, es una aberración.

Así pues, aunque desconocemos datos clínicos concretos en cuanto al tamaño del infarto que ha sufrido Iker para aventurarnos a hablar de su pronóstico, si podemos afirmar que, si todo va bien, podrá seguir realizando deporte de forma controlada y supervisada, tras un periodo de descanso y de rehabilitación cardíaca pero no podrá o no debería reincorporarse al mundo del deporte de competición.

¿Cómo se ha de retomar la actividad deportiva?

El inicio de la actividad física tras un infarto debe ser siempre progresivo durante los primeros meses y, siempre tras un programa de rehabilitación cardíaca, en el que los pacientes realizan un plan de ejercicio físico de forma segura y controlada en el hospital. Para que el plan se adapte a cada paciente, antes deben realizarse pruebas para conocer el estado del corazón tras el infarto, como el ecocardiograma y la prueba de esfuerzo, de las que ya hablamos largo y tendido en otro artículo. La información obtenida en esa valoración inicial servirá para fijar el tipo e intensidad de ejercicio así como la frecuencia de las sesiones. El control de la frecuencia cardíaca ayudará a ajustar la intensidad del ejercicio con los mínimos riesgos posibles.

Una vez que los pacientes hayan empezado a practicar cualquier actividad física, existen unas recomendaciones que se deben tener muy en cuenta cómo evitar ejercitarse a temperaturas muy elevadas, hidratarse adecuadamente y, en los primeros meses, entrenar acompañados y preferentemente en instalaciones deportivas o lugares en los que puedan recibir atención médica.

Prevención

Además del reconocimiento médico (y del sentido común que no deberíamos perder nunca) del que ya hemos hablado en varias ocasiones, todos los deportistas deberían indagar sobre sus antecedentes familiares de enfermedades de corazón, controlar su tensión arterial, glucosa y colesterol en sangre, sobre todo si llevan o han llevado una vida poco saludable en el pasado.