Istvan Varjas, un ingeniero húngaro, que declara ser el fabricante de motores eléctricos usados en varias de las carreras ciclistas más importantes, ha denunciado que la UCI bloqueó los esfuerzos de la policía francesa por buscar motores ocultos en la pasada edición del Tour de Francia.

Ha sido en el programa Off the Ball, de la radio irlandesa, donde ha reconocido que la tecnología de la UCI es incapaz de detectar las últimas generaciones de motores eléctricos. En la entrevista, Varjas ha relatado cómo la Gendarmería se acercó a él para interrogarle. Siempre según su declaración, él les preguntó si realmente querían atrapar a la gente utilizando los motores ocultos, a lo que la policía respondió que sí, que estaban preparados para pelear contra esta labra.

“Así que les dije qué tenían que hacer”, continuó. “Ellos dijeron que lo harían, pero cuando fueron a hacer las comprobaciones, la UCI no les permitió chequear las bicicletas”. “Si realmente quieres encontrar los motores, puedes lograrlo de manera muy sencilla. Yo les expliqué como, pero la UCI no les dejó hacerlo, dijeron que no hacía falta”.

“El problema es que hay una organización que tiene que parar esto, pero no quiere hacerlo. Yo creo que son cómplices o algo por el estilo. No puedo acusar a nadie, pero este verano ocurrió lo que estoy contando”.

La verdad es que todo esto da un poco de cosica. Ya el programa Stade 2 de la televisión francesa destapó hace unos meses que en la Strade Bianche de esta temporada se habían localizado al menos dos motores por infrarrojos. Si ahora se demuestra que la UCI era consciente de su existencia en la Ronda Gala y prefirió ocultar el escándalo, todos, ciclistas, equipos, organizadores y aficionados tendremos un problema: volveremos a dejar de creer en un deporte que nos apasiona.

Y eso duele.