¡Mamá, ya soy finisher!

Estoy tumbado en la cama mientras escribo. Tengo una ampolla cojonuda bajo el dedo gordo del pie izquierdo y un par de heridas de guerra, chapa y pintura, que harán que esta semana me queje al entrenar. Me siento cansado y con dolor muscular, pero mucho mejor que, por ejemplo, en mi primer maratón.

Reconozco que he sufrido, que he sufrido mucho, que en varios momentos he pensado que no sería capaz de acabar. En no pocas ocasiones me he visualizado parándome, sentándome en el arcén a esperar el coche escoba, o en un banco junto a la playa en el tramo a pie. He mascado el fracaso, el dolor, la frustración. Y es que sí: pensaba que iba a ser más fácil, iluso de mí, y quizás por todo ello me siento más orgulloso de mi mismo. Si es cierto lo de no pain, no gain, hoy tengo recompensa para dar y tomar.

Y el tema es que tampoco puedo decir que haya ido mal, en absoluto. Miro los parciales y no son malos (tampoco buenos, eh, son normales), no he flaqueado en ningún momento, pero como le contaba a @juditizquierdo volviendo a casa, lo peor de todo es la sensación de sufrimiento constante: nadando por las patadas, los tragos de agua y la desubiación; en la bicicleta por la distancia, la pendiente, el controlar las pulsaciones (y otros menesteres que contaré más adelante); y en la carrera a pie por el viento y el cansancio muscular.

Ahora se abre el debate. Quedan veinte semanas para el Ironman. ¿Podemos intentarlo, o es demasiado pronto? Me voy a dar cinco semanas de entrenamiento, que incluirán el media distancia de Banyoles. En función de como termine este tramo de temporada, decidiré. Spoilers: en el km 40 de la bicicleta la respuesta a esta pregunta era un no como una casa. Ahora mismo es un ‘pse, ya veremos’.

Ironman 70.3 Barccelona 2014

En fin. Me he despertado a las cuatro y diez (que cantara Aute). Me he pesado, por curiosidad. 67kgs justos. He desayunado siguiendo las pautas de Sandra: vaso de leche con cereales, plátano, un par de galletas sin azúcares añadidos y medio litro de agua con bicarbonato (puag). Tenía ya preparado el material, así que a las cinco menos veinte estaba en el coche. He aparcado fácil (extrañamente) y a las seis menos veinte ya estaba con las manos en los bolsos. He ido dando un paseo tranquilamente hasta la zona de salida de la natación/meta, viendo amanecer.

Tras dos visitas a la zona de servicios, a las siete menos cuarto me puesto el neopreno, dejado la bolsa blanca, y pegado un baño para aclimatarme. El agua estaba bien de temperatura y no había ni una ola: una piscina salada. He visto a los pros salir esprintando para entrar en el agua, y me he colocado con los de mi categoría, que teníamos el bocinazo a las 07.15h. Éramos 320. Me he colocado a la derecha, pero en segunda fila. Tendría que haberme echado para atrás, pero he pensado que tampoco era tan importante. Hemos arrancado, y no sé muy bien cómo, he empezado a llevarme hostias de todos los lados. Mi ritmo no era como el de los demás (al girar la boya de los 200mts ya estaba de los últimos de mi categoría, creo) y me han crujido a patadas y manotazos. He tragado cuatro o cinco veces agua. Me he apartado a la derecha, so pena de hacer más distancia, y he ido haciendo. He decidido no mirar en ningún momento el reloj para no agobiarme. Chino chano, he llegado a la boya de los 1.700. Enfilamos a la izquierda dirección a la playa. Me han pasado algún gorro azul (siguiente oleada), pero yo también he adelantado blancos y verdes. Al final 36’45” (1’56″/100), en el puesto  184 de mi división. Sinceramente, esperaba hacer más.

Entrada en la transición peleándome con el neopreno. Me lo tomo con calma. Es mi primera T1 más allá de un sprint o un olímpico y no quiero cagarla (recordemos Lantadilla). Salgo a la campa de bicis. Todavía quedan bastantes, así que no voy tan mal. Monto y empiezo a pedalear. Callejeamos por Calella, atento a los numerosos badenes. Salimos a la NII y mirando el Garmin, veo que vamos a 32 kms por hora. Bien, en plano vamos bien. Empiezo a notar mal el estómago, revuelto. He tragado mucho agua en el tramo de natación y creo que me va a afectar. Como algo y bebo isotónica, tratando de calmarme.

A partir del ocho comenzamos a subir dirección Collsacreu. Voy alto de pulsaciones, sin bajar de 145, pero no puedo hacer nada por bajarlas. Lo achaco a los nervios del debut. Voy adelantando (y me van adelantando muchos más). El dolor de estómago comienza a hacerse más intenso. Me quedan 75kgs por delante y sufro algo de pánico. No voy cómodo. Trato de pensar en lo que me dijeron Javi Gómez la semana pasada y Xavi estos días: trato de no forzar e ir a mi ritmo. Evito el drafting todo lo que puedo, pero es materialmente imposible, somos muchos para tan poca carretera.

Casi coronando Collsacreu, me adelanta Raúl Caroz. Vienen seis kilómetros de bajada, hasta Sant Celoni, que aprovecho para relajar pulsaciones a buen ritmo. Al final la primera hora me salen 27’250kms. Bien. A ese ritmo, tendré que dar la razón a Xavi.

Enfilamos la subida a Montseny y vuelvo a sentirme incómodo. La gente me adelanta fácil y yo apenas adelanto. Por un momento (en un tramo en el que voy solo, sin nadie por delante o detrás, durante medio minuto), pienso que voy de los últimos. Siento un poco de decepción. No obstante, yo a lo mío. Tomo unos cuantos corredores como referencia, y voy haciendo. Me sobrevienen momentos de mandarlo todo a la mierda, preguntándome qué coños hago yo aquí. Pedaleo, pienso, maldigo, sufro. Cambio a plato grande por mis santos cojones, y oh albricias, pillo un buen ritmo. Vuelvo a adelantar gente. Recupero distancia con aquellos que me había dejado atrás (a vosotros os dará igual, pero Pascal, García y Hendika quedarán mucho tiempo en mi memoria). Llegamos al km 42. En mi cabeza quedaban aún tres de subida, pero no: el puto puerto se ha acabado. Comienza una bajada divertidísima y muy técnica en la que vuelo. Voy mirando el garmin y mejorando la media. Así sí, pardiez.

Entramos en Santamaría de Palautordera y he cogido un ritmo de crucero a 40kms/h. Hago los cuentos de la vieja: queda solo subir a Collsacreu de nuevo. Quizás si que puedo hacer tres horas, viendo lo bien que me encuentro. No paro de adelantar gente. Disfruto como un enano.

Y llegamos al penalti box del 65. Y no sé exactamente cómo, al virar a la derecha para iniciar de nuevo la subida, me derrapa la rueda de atrás, y me caigo. Se me viene encima un holandés enorme. Me imagino que va a empezar a caer gente encima mío, que se me va a romper cualquier parte del cuerpo y que la bici va a quedar del revés. En ese instante en que pasa todo, pasa por mi cabeza solo un sentimiento: resignación ante lo inevitable.

Sorprendentemente, no pasa nada de esto. Pregunto al holandés ‘are you ok?’, me dice que sí. Vienen el juez y el mecánico. Joder, ya es puta suerte que me haya caído delante del puesto mecánico. Me revisa la bici. Sangro de ambas palmas de las manos, y me duele la cadera izquierda. Me dice que me dará guerra un piñón, pero que no hay nada más. He perdido un par de minutos, monto, pedaleo, y rápidamente me doy cuenta de que sí que pasa algo más. Voy lento, muy lento. Me adelanta todo dios. Quedan 25kms por delante con la bici cojonuda. Trato de hacer tripas corazón y asumir la nueva situación. Lento, lento, voy muy lento. A los cinco minutos, cansado de ver como me adelanta todo dios, paro y reviso la bici: el freno delantero estaba pegado a la rueda. Lo separo, monto de nuevo, y un escalofrío de alegría recorre mi espina dorsal (toma retórica, tú). Vuelvo a avanzar fino y vuelvo a adelantar. Recupero la posición con García (algún día os lo presentaré), y sigo para adelante. Estamos en pleno Collsacreu, meto plato pequeño y -oh, mierda- se me sale la cadena. A parar de nuevo en plena subida. Me mancho las manos de grasa, lo arreglo, y otra vez a pedalear. Decido no volver a meter plato pequeño, probablemente ha quedado jodido de la caída. Voy a buen ritmo, me encuentro bien. He superado tres paradas, ¿qué más puede pasar? Pues que haya polen en el ambiente y empiecen a picarme los ojos un horror.

Nos plantamos en la cima de Collsacreu sin apenas darme cuenta. Decido bajar con calma porque tengo miedo de que la bici derrape. Efectivamente, en dos curvas de herradura, derrapa y estoy a punto de irme al suelo junto a un francés (Luc, por cierto). Empiezo a acojonarme. Paso junto a la furgoneta de la Cruz roja, que está atendiendo a un corredor con un hostiazo del doce. Respiro. Quedan veinte kilómetros y no quiero que me pase lo mismo.

Iroman 70.3 Barcelona 2014

Llegamos a la NII a las tres horas. Me quedan diez kilómetros. Bien. Pese a todos los contratiempos, no voy a hacer tan mal tiempo. Callejeamos de nuevo, sorteo otro par de curvas haciendo malabares, y entro en la T2 en 3h17′, en el puesto 188 de mi categoría. Ha pasado lo jodido. Solo queda correr, que en teoría es lo mío.

Corriendo por el campo de hierba en que estaba habilitado el box de bicis, me encuentro fino. No hay dolores ni posturitas a lo robocop. Me cambio rapidamente (1’11”) y salgo escopetado. Hago los dos primeros kilómetros en 8’42”, aunque empiezo a flaquear y a pensar que aún me quedan 19kms por delante. Todo un mundo. En el tramo hacia Pineda, el viento nos da de cara. Es realmente incómodo. Sufro mucho. Pese a todo, los seis primeros me los quito de encima en 31’10”, a una media de 4’30”. Recupero muchas posiciones de las perdidas. Llegamos al ocho, volvemos dirección Calella, por una recta de carretera muy aburrida. No hay gente animando. Me mentalizo y trato de pensar que en menos de lo que imagino, estaré en el 12.

Ironman 70.3 Barcelona 2014

Ironman 70.3 Barcelona

Y así es. Paso por meta, sólo queda una vuelta. Viento, sufrimiento y dolor pero sabiendo que ya está ahí. Me cruzo con Alex Pla, Caroz, Coello. Me empieza a salir una rozadura (que acabará en ampolla) en el pie izquierdo. He bajado considerablemente el ritmo. Me da igual. De pulsaciones voy bien, así que me da igual si voy a 5’03” que a 5’27”. En los últimos tres kilómetros me adelanta bastante gente. No sé si son de la primera vuelta o de la segunda. No importa. Cruzo el veinte y veo a lo lejos la meta. Empiezo a verme entrando en meta. Llevo cinco horas y media sin parar. Reviso todos los entrenamientos de las últimas semanas, los días de levantarme pronto, de sudar de más, de cansarme, de exigirme y controlar. Ya está hecho. Entro en meta, me aplauden. Levanto los brazos y cruzo el arco. 5h59′, en el puesto 173 de mi categoría.

La media maratón acabada en 1h49’17”. Sí, realmente en el tramo final me he desfondado.

Entro en la carpa de descanso. Me enfundan la camiseta de finisher, y comienzo el banquete: dos donuts, dos cervezas sin alcohol y unas fresas. Llamo a @juditizquierdo, que acaba de llegar y me está esperando. Paso de la pasta y demás manjares. Salgo, la abrazo y beso. Es el remanso de paz que necesitaba. Ya no hay dolores, ni sufrimiento. Le cuento batallitas mientras vamos al box a recoger la bici.

Y punto.

Tiempo en Ironman 70.3  de Barcelona

 

Reportaje en Teledeporte.